Desde hace d�cadas, la literatura de la acad�mica y Premio Pulitzer Jane Smiley (Los �ngeles, 1949) ha ido levantando una cartograf�a �ntima de Estados Unidos en la que la Historia no comparece como un gran relato abstracto, sino como algo que les ocurre a las personas mientras intentan vivir, criar hijos, enamorarse, ganar dinero o simplemente comprender qu� demonios est� cambiando a su alrededor. Por eso, su monumental Trilog�a de los cien a�os -Un poco de suerte, Una advertencia y La edad dorada, que ahora publica Sexto Piso- termina funcionando no s�lo como una saga familiar que empieza en una granja de Iowa, sino como una de las grandes novelas sobre la transformaci�n moral, econ�mica y sentimental de su pa�s durante el siglo XX.En este sentido, resulta significativo que Smiley jam�s haya querido explicar Am�rica desde Washington, Nueva York o Silicon Valley, sino desde el Medio Oeste profundo, un territorio que buena parte de la cultura contempor�nea observa como una periferia casi invisible y que, sin embargo, en sus libros se convierte en el verdadero coraz�n emocional de la naci�n. �Cualquier pa�s debe ser una experiencia humana antes que una idea pol�tica�, sostiene con firmeza la escritora, que habla despacio, con esa mezcla tan estadounidense de pragmatismo y curiosidad intelectual. En el fondo, toda la literatura de Smiley parece nacer de un s�lo lugar: �La fascinaci�n por c�mo las personas toman decisiones y luego terminan viviendo dentro de sus consecuencias�, reflexiona.Mientras conversa, la escritora vuelve constantemente a su propia familia, a las historias que escuchaba de ni�a, a la memoria oral de sus abuelos y de su madre, como si todo novelista fuera en realidad alguien que aprende a escuchar antes que a escribir. De hecho, esta trilog�a naci� de ese impulso autobiogr�fico, aunque Smiley se resista siempre a convertir sus novelas en confesiones personales. �Cuando pens� en hacer esto, la familia que me vino a la mente como modelo fue la de mi madre�, recuerda. �Ella naci� en 1921 y se llamaba Frances, por eso pens� que quer�a empezar alrededor de 1920 y al primer hijo lo llaman Frank�.Ese Frank Langdon que abandona el horizonte agr�cola familiar para entregarse al capitalismo financiero estadounidense acaba convirti�ndose en uno de los grandes veh�culos narrativos de la saga y ejemplifica una clave de los libros: la distancia entre las vidas so�adas y las vidas verdaderamente vividas, entre las expectativas individuales y el modo imprevisible en que el tiempo las va deformando. �Mi �nico plan era aprender a entender a cada generaci�n desde que nace y luego ver c�mo entienden ellos lo que sucede en Estados Unidos�, resume. �No quer�a que todo girara �nicamente alrededor del �xito de Frank o algo as�, sino que el libro tratara sobre c�mo era vivir durante ese siglo. Qu� implicaba crecer all�, marcharse, tener hijos. Todo el mundo me parec�a interesante�.Para saber m�sAh� est� probablemente la clave m�s profunda de la obra de Smiley, observar c�mo la Historia se deposita lentamente sobre las vidas privadas. Por eso en La edad dorada, que abarca de los 80 al 2018 conviven Reagan, Wall Street, el sida, las guerras culturales, el capitalismo financiero y los esc�ndalos de los 90 sin que ninguno de esos acontecimientos aparezca nunca como simple contexto hist�rico. Todo sucede dentro de las familias, dentro de los matrimonios, dentro de los cuerpos.�La Historia es algo que se experimenta�, afirma, antes de contar c�mo su madre decidi� cuando era joven marcharse a Europa alist�ndose en secreto en el Cuerpo Femenino del Ej�rcito. �La guerra era un caos, claro, pero llegar a Francia la emocion� much�simo. Y eso cambi� completamente su manera de pensar sobre lo que era deseable para el resto de su vida�, rememora la escritora, que quer�a esa libertad para sus personajes. �Quer�a que todos hicieran algo, aunque fuera peque�o, y descubrieran despu�s que eso cambiaba completamente su forma de ver el mundo�."Las personas que consiguen tener una vida razonablemente buena suelen ser aquellas que entienden los cambios sociales y se adaptan"Despu�s empieza a hablar de sus t�os y t�as con el entusiasmo de quien sigue observando a los seres humanos como si fueran personajes de ficci�n. Una hermana �obsesionada con la elegancia�. Otra empe�ada en construir una vida estable de clase media basada en �un matrimonio respetable�. Un hermano que se hizo rico en el negocio del calzado y acab� siendo querido por todos gracias a su generosidad. �Me fascinaba c�mo personas que vienen exactamente del mismo lugar terminan siendo completamente diferentes�.Y precisamente esa fascinaci�n por las divergencias internas de una misma familia es lo que permite que la trilog�a funcione tambi�n como un retrato caleidosc�pico de Estados Unidos. Los Langdon no representan una �nica Am�rica, sino varias coexistiendo al mismo tiempo. Conservadores y progresistas, agricultores y financieros, personajes fascinados por la modernidad y otros profundamente asustados por ella. �Para m� escribir siempre ha sido una exploraci�n, no una autobiograf�a. Nunca me pas� nada verdaderamente terrible ni especial, as� que mi idea de la literatura se basa en contar vidas ajenas de la mejor forma posible�.Hay algo profundamente decimon�nico, en el mejor sentido posible, en esa defensa de la novela como espacio de comprensi�n y observaci�n moral antes que como tribunal ideol�gico. Smiley pertenece claramente a la tradici�n de Dickens, Trollope o Balzac, escritores obsesionados por mirar c�mo se comporta la gente cuando el mundo cambia alrededor de ellos. Ella misma se define entre risas como una �fisgona�. �Me gusta escuchar lo que dice la gente y observar lo que hace. Dickens era un fisg�n maravilloso y Trollope tambi�n. Miraban alrededor y pensaban: 'Ah, ah� hay una buena historia'�.Y lo cierto es que toda su obra parece atravesada por la conciencia de que el mundo nunca deja de transformarse. Y como en la realidad, algunos personajes viven esos cambios como una liberaci�n y otros, como una forma de desarraigo. �Cuando estudiaba Historia comprend� algo muy sencillo: el mundo siempre est� cambiando, en cualquier �poca, y las personas que consiguen tener una vida razonablemente buena suelen ser aquellas que entienden los cambios y se adaptan. Quienes sufren m�s son quienes odian esos cambios o desean que todo siga igual�.Esa idea atraviesa toda la trilog�a y resulta especialmente visible en la evoluci�n econ�mica del pa�s, ese salto de la agricultura familiar al capitalismo financiero de Wall Street. Smiley evita formular diagn�sticos cerrados, pero sus palabras dejan entrever una mirada profundamente cr�tica hacia la desigualdad creciente y hacia cierta deriva moral del sue�o americano. �En mi pa�s hay cada vez m�s gente que quiere tenerlo todo para s� misma�, denuncia. �Quieren casas con 100 habitaciones donde no entra nadie. Y uno piensa: �para qu�? �Por qu� necesitas eso? Pero lo quieren porque les hace sentirse importantes. Y eso me resulta muy extra�o�."En mi pa�s hay cada vez m�s gente que quiere tener casas con 100 habitaciones donde no entra nadie. Lo quieren porque les hace sentirse importantes"Entonces llegan la carcajada y la frase que resume buena parte del desencanto pol�tico de la autora: �Si dijera realmente lo que pienso sobre en qu� se ha convertido el famoso sue�o americano me matar�an o me echar�an de mi pa�s�, ironiza. Despu�s matiza sus palabras y habla de impuestos, multimillonarios y de un sistema econ�mico que cada vez parece funcionar peor. Tambi�n de la nostalgia que todav�a siente por la Am�rica de los 50 en la que creci�. �Gracias a Eisenhower exist�a la sensaci�n de que todo era agradable y estable. Se pod�a vivir en una casa bonita sin que costara una fortuna, hab�a comida, la gente parec�a llevarse bien... Claro que tambi�n hab�a conflictos, pero me siento afortunada de haber crecido en aquella �poca. Eso me dio esperanza�.Esa tensi�n entre esperanza y desencanto es precisamente lo que vuelve tan poderosa la obra de Smiley, porque aunque sus novelas retratan el deterioro progresivo de muchas promesas, nunca terminan de entregarse al cinismo. Despu�s de convivir durante a�os con esa familia, surgi� para la escritora el dilema de c�mo poner el punto final. �Sab�a que ciertas cosas eran posibles, pero no pod�a preverlas. Y entonces tienes que preguntarte qu� tipo de final quieres darle al libro, optimista o pesimista�.Finalmente eligi� una zona intermedia, ni redenci�n total ni desastre absoluto. Una ambig�edad que se niega a simplificar la experiencia humana y a presentar su pa�s como una abstracci�n. �Simplemente, quise mostrar EEUU como lo que es para la mayor�a, un lugar donde las personas nacen, se enamoran, trabajan, discuten, envejecen y tratan de entender, mientras todo cambia, qu� tipo de vida quieren vivir�. La edad doradaJane SmileyTraducci�n de Ce Santiago. Sexto Piso. 560 p�ginas. 28,90 �. Ebook: 16,99 �.