Uno de los beneficios más gratos del género biográfico es su capacidad de restituir valores del pasado —hombres, mujeres, acciones— que quedaron sepultados por la simple acción del paso del tiempo, que es el olvido. Hay que mantenerse firme, tanto individual como colectivamente, para luchar contra él y también contra las deturpaciones que ambos comportan —el tiempo, el olvido—. En esta línea está la gijonense Ana María Díaz Marcos, profesora en la Universidad de Connecticut, quien nos ofrece, con su biografía de Ernestina González, editada por la siempre tenaz Renacimiento, la oportunidad de compartir su descubrimiento casi arqueológico.Pero ¿quién fue Ernestina González? Confieso mi ignorancia sobre la labor de aquella bibliotecaria y activista política, nacida en un histórico pueblo (o ciudad) de Burgos, Medina del Pomar, en 1896. Desembarcó en Nueva York la Nochebuena de 1936 para reunirse con su suegra, Pauline Fleischman, después de que ambas mujeres hubieran perdido al hombre que las había conectado, el ingeniero Leo Fleischman, fallecido poco antes en un hospital de sangre madrileño a causa de una explosión. Fue el primer voluntario estadounidense que murió en la Guerra Civil. Lo cierto es que Ernestina González no iba a Nueva York solo para compartir su duelo con la madre de su marido, también viuda, sino que iba con una misión delicada: aprovechar la facilidad de poder instalarse en Nueva York para movilizar, en lo posible, a la opinión pública sobre el conflicto español y presionarla de modo que se pudiera levantar el embargo de armas decretado por el presidente Roosevelt, quien defendía una política no intervencionista en relación con la guerra de España. La República necesitaba la ayuda militar que no encontró en las democracias occidentales, dependiendo más de lo deseado de la que facilitaría la Unión Soviética. En todo caso, la ciudad se convertiría rápidamente en el epicentro del activismo prorrepublicano y de ella surgiría la llamada Brigada Lincoln: unos 2.800 voluntarios norteamericanos que se incorporaron a la contienda española como parte de las Brigadas Internacionales.Al negarse a declarar en el Comité de Actividades Antiamericanas, pasó varios meses en la cárcel, una experiencia que la desgastó Según Díaz Marcos, la bibliotecaria poseía innumerables cualidades que la convirtieron en un agente central de la energía antifascista que irradiaba desde Nueva York: era española, comunista convencida, aunque nunca lo hiciera explícito, testigo del asedio de Madrid, poseía el don de la elocuencia y hablaba un inglés impecable. Es decir que aquella mujer menuda, de aspecto adusto, se crecía —como Pasionaria— cuando tomaba la palabra, convirtiéndose en un referente crucial en los debates y actividades que giraban en torno a la guerra española.Su biógrafa reconstruye la peripecia vital de Ernestina González, probablemente la única española que se vio obligada a declarar en el Comité de Actividades Antiamericanas por su militancia política. Al negarse a cooperar con dicho Comité se la condenó a varios meses de cárcel en 1950. Una experiencia que la marcó por el desgaste emocional que le supuso, después de tanto tiempo de verse observada y seguida por el FBI. Y saberse vencida, pues el contexto de la Guerra Fría favorecería los intereses de Franco. En 1953, Arthur Miller estrenaba The Crucible, traducida al castellano como Las brujas de Salem, donde aprovechando un ominoso hecho histórico el dramaturgo denunciaba el fanatismo y la caza de comunistas que estaba teniendo lugar en Estados Unidos. Consciente de la importancia de su investigación, Díaz Marcos ubica la interesante historia política de su biografiada, el periodo entre 1936 y 1950, incluyendo la consulta y transcripción de los interrogatorios mantenidos por Ernestina con el Comité, en los primeros capítulos del libro, retomando en el cuarto el curso vital desde su nacimiento y hasta su muerte, en Madrid, en 1976. Su formidable historia y su lucha política en Estados Unidos recuerdan a la de Emma Goldman. Una biografía que constituye un auténtico rescate.Ernestina González. Un pulso antifranquista Ana María Díaz Marcos Renacimiento, 2026352 páginas. 21,90 euros
La única española que declaró en el Comité de Actividades Antiamericanas
Ana María Díaz Marcos rescata la formidable historia de la bibliotecaria Ernestina González, burgalesa que se convirtió en referente del prorrepublicanismo en Nueva York











