El pasado no es un país distinto. Al leer a Irene Polo se entra en una ensoñación parecida al recuerdo de un tiempo que no es el nuestro. Y estamos de suerte: en su empeño por rescatar periodistas invisibilizados tras la Guerra Civil, la editorial Renacimiento publica Una intrusa en la prensa. Periodismo y República (1927-1931), una selección de artículos de Polo para revistas y periódicos como El Cine, Films Selectos y Las Noticias.
Se trata de la primera colección de textos de la fenomenal periodista barcelonesa en castellano —Glòria Santa-Maria i Pilar Tur compilaron La fascinació del periodisme: cróniques (1930-36) (Quaderns Crema, 2003) y Els anys americans d’Irene Polo (Cal Carré, 2022) en catalán—.
Irene Polo (Barcelona, 1908-Buenos Aires, 1942) forma parte de esa formidable guerrilla de jóvenes periodistas —Carmen de Burgos, Chaves Nogales, Josep Pla, Josefina Carabias, José Díaz Fernández— que representan la Edad de Plata del periodismo hispánico. Un grupo que dinamitó las aburridas formas y los polvorientos fondos de los periódicos españoles entre la Primera y Segunda Guerra Mundial.
Las cartas que le tocaron a Polo no auguraban mucha suerte. Vivió en condiciones de pobreza y su padre era un maltratador, un hombre tan violento y desquiciado que cuando le tocó la lotería consiguió que en casa las cosas fueran peor.






