En su análisis dominical, Joaquín Morales Solá puso el dedo en la llaga sobre una de las anomalías más llamativas del organigrama libertario: la inexplicable permanencia de Manuel Adorni en la Jefatura de Gabinete. La Justicia ya cuenta con la trazabilidad completa de las cuentas bancarias que complican penalmente al funcionario en una causa por presunta corrupción. Ante este escenario, la pregunta que nos debemos hacer es evidente: ¿por qué la obstinación de Javier Milei en sostener a un ministro que está a un paso del procesamiento y que no es imprescindible ni para el rumbo económico ni para la articulación política? Los hermanos Milei, a pesar de todo, se mantienen firmes con Adorni. Coincido plenamente con el diagnóstico de Morales Solá. Al resto de los ministros les resulta absolutamente indiferente la suerte de Adorni por una razón estructural: nadie lo reconoce como el verdadero jefe. En la práctica, ese rol lo ejerce sin intermediarios la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei. El sostén de Adorni no responde a su peso específico, sino a la lógica ciega de la lealtad familiar que rige en la cima del poder.

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