Guillaume Picard lleva toda su vida volcado hacia ese azul centelleante del sur de Francia. Su primer empleo fue en un barco, donde trabaj� durante 30 a�os en la marina mercante y finalmente fue capit�n comercial, transportando contenedores y turistas en ese Mediterr�neo que ha visto cambiar radicalmente en poco tiempo.Siempre intent� desempe�ar su labor "respetando e incluso superando ciertas normativas", asegura. Una vez jubilado, superados los setenta y con los pies en la tierra, mir� el horizonte y fue consciente del "impacto devastador de esos grandes monstruos cada vez m�s grandes y con mayor consumo energ�tico".El capit�n Picard ha decidido embarcarse ahora en una misi�n muy distinta: Stop Croisi�res, la ONG con un centenar de activistas que ha emprendido una ins�lita cruzada contra los flamantes cruceros que inundan Marsella. Hace 15 a�os, apenas tocaban puerto en la segunda ciudad francesa, a cuestas de su mala fama. Hoy por hoy, descargan al a�o a 2,5 millones de cruceristas en las calles redimidas del Vieux-Port y son responsables del 10% de la contaminaci�n atmosf�rica."Nada justifica el mantenimiento de estas ciudades flotantes absurdas y t�xicas", puede leerse en el manifiesto de Stop Croisi�res. "Por eso hemos decidido poner fin a esta industria desastrosa: nuestro aire, nuestros mares y nuestra salud no son negociables".El bloqueo con canoas del enorme Wonder of the Seas, el mayor trasatl�ntico del mundo, fue una de las acciones m�s sonadas de Stop Croisi�res, que volvi� a provocar titulares cuando sus activistas desplegaron una pancarta gigante sobre un puente al norte de la ciudad: "En Marsella, respirar mata"."En la ciudad se producen 1.200 muertes prematuras al a�o por la contaminaci�n generada debido al transporte mar�timo comercial", recalca el capit�n Picard, en su nuevo papel anti-cruceros. "Seg�n AtmoSud, la instituci�n responsable de la calidad del aire en Francia, esto representa un gasto de 4.000 millones de euros pagados por los ciudadanos, una cifra que debe compararse con los beneficios que genera para ciertos individuos"."Mi sentimiento de culpa por haber sido parte de esa industria contaminante no es mayor que el que puede tener un camionero o un conductor de autob�s", reconoce Guillaume Picard, padre de dos hijas y abuelo. "De lo que nunca me arrepentir� es de haberme involucrado con Stop Croisi�res y con esta tripulaci�n de j�venes comprometidos y preocupados por su futuro y el de nuestro planeta"."Con ellos tengo el placer de compartir mi experiencia como capit�n de barco y desenmascarar el lavado verde de la industria de los cruceros", advierte el marinero en tierra. "�Vamos a seguir fletando barcos cada vez m�s grandes y con m�s gente a bordo en momentos como el que estamos viviendo? Es lamentable que siempre tengamos que esperar a una gran crisis o una cat�strofe para replantearnos el impacto de nuestras acciones".Las acciones sonadas de Stop Croisi�res llevaron al alcalde Beno�t Payan a impulsar una petici�n, respaldada por 50.000 ciudadanos, para limitar el n�mero de cruceros, bajo el lema "Marsella se est� sofocando". "Como buen pol�tico, el se�or Payan aprovech� el impacto de nuestro primer bloqueo portuario en 2022, pero despu�s no quiso siquiera reunirse con nosotros", se lamenta Picard.La apertura de un nuevo terminal, destinado sobre todo a los cruceros de alta gama, ha intensificado la batalla naval de Marsella. Sin embargo, el capit�n apunta directamente a Par�s, desde donde se gestiona todo lo que tiene que ver con el puerto: "Emmanuel Macron vive en su burbuja de rey, sirviendo a los intereses financieros y sin importarle en absoluto la destrucci�n de las vidas de los marselleses".La imagen del bloqueo del puerto y del asedio de los cruceros en canoa, al m�s puro estilo Avatar, sigue prendida en la retina de los marselleses. La �ltima gran acci�n fue en 2024, organizada por Stop Croisi�res y Extinction Rebellion, cuando tres cruceros no pudieron entrar en el puerto hasta que la Polic�a arrest� a los remeros-activistas."Nuestra fortaleza reside en las acciones y en la informaci�n al p�blico a trav�s de los medios de comunicaci�n", admite el capit�n Picard. "Pero las mentalidades cambian muy lentamente y la industria de los cruceros invierte enormes sumas de dinero para hacernos creer que su sector es virtuoso".Ante un verano en el que se puede batir el r�cord de cruceristas en Marsella, la tripulaci�n de Stop Croisi�res est� volcada en el rodaje inminente de un documental para la televisi�n francesa sobre el impacto del turismo masivo y los cruceros. En Niza y Cannes ya han tomado las primeras medidas para poner l�mites, como hicieron Venecia, Santorini, Dubrovnik e incluso Barcelona, entre otras poblaciones asediadas de ese Mediterr�neo cada vez m�s masificado, contaminado y menos azul.
El capit�n que se rebela contra los cruceros: "Mi sentimiento de culpa no es mayor que el de un camionero o un conductor de autob�s"
Guillaume Picard lleva toda su vida volcado hacia ese azul centelleante del sur de Francia. Su primer empleo fue en un barco, donde trabaj� durante 30 a�os en la marina mercante...










