José María Rodríguez |
Arguineguín (Gran Canaria) (EFE).- Cuando el papa León XIV eleve una plegaria desde el puerto de Arguineguín por los miles de inmigrantes que han perecido en un cayuco en la Ruta Atlántica a Canarias, por los que van a seguir muriendo y por aquellos que lo dan todo para rescatarlos, Ousseynou Fall rezará por su hermano.
Este antiguo pescador de Saint Louis (Senegal) llegó a Gran Canaria el 12 de noviembre de 2020, en su segundo intento. No sabía leer ni escribir, pero la generosidad de una familia de acogida le abrió camino. Aprendió, se formó y ahora trabaja como cocinero de hotel. No se ha ido de Canarias, es un vecino más de Arguineguín.
«Aquí», dice señalando una tapa de alcantarilla, casi al final del muelle, «justo aquí dormí la primera noche cuando me rescataron». Ousseynou Fall suele acercarse de cuando en cuando al muelle.
Allí terminaron sus noches sin agua, allí se desvaneció el miedo a hundirse, allí comenzó su nueva vida. En ese muelle, sobre todo, recuerda a los amigos y familiares que se quedaron en el mar.













