En un mundo en guerra, el escenario geopolítico más temido es un choque entre China y Estados Unidos por Taiwán. Considerada parte de su territorio por Pekín y un muro estratégico por Washington, la isla autogobernada desde 1949 lleva décadas preparándose para una hipotética invasión del Ejército Popular de Liberación (EPL). Sin embargo, los analistas internacionales creen que la señal de una inminente invasión no vendrá de una acumulación de tropas en las bases, sino del vaciado intencionado del embalse más grande del mundo: la presa de las Tres Gargantas.Esa es la conclusión a la que llega Juan Luis López Aranguren, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad de Zaragoza, en su libro El eje del mundo que viene. Cómo el Indo-Pacífico está transformando el orden mundial (Ariel, 2026). Aranguren cita artículos del Pentágono y de analistas como Peter Su, quien propuso en 2018 aumentar la producción masiva de misiles, para abogar por que un inminente ataque del EPL sobre Taiwán estará precedido de un desembalse masivo de esta infraestructura en las semanas previas.
Según Asian Times, la isla lleva décadas preparándose para un plan de emergencia si las defensas de la isla caen ante las fuerzas pekinesas: volar la presa con misiles de largo alcance. Aranguren estima que un ataque en las Tres Gargantas provocaría una ola con una velocidad de 120 kilómetros por hora que arrasaría todas las ciudades de la cuenca del río Yangtsé, incluidas Wuhan, Nankín y Shanghái, y provocaría millones de muertos.









