El sol de París va difuminándose y la ciudad va recuperando una estampa más habitual. Asoman las nubes, la brisa y la humedad, y en Roland Garros van hinchándose las pelotas y lo que antes era de una forma, es ahora de otra completamente diferente. Lo dice Pablo Carreño, apeado por Rafael Jódar: “Ya os había dicho que prefería que hiciera sol, antes que estuviera nublado o hasta lloviendo. Esta bola, con estas condiciones, se hace muy grande y sufres un poquito más”. Todo es posible, todo puede pasar. Del calor al fresquito, de lo aparentemente obvio a lo indescifrable, y sigue girando el carrusel de un torneo altamente imprevisible. Cayó Jannik Sinner, también Novak Djokovic. Y lo que queda. Esta vez, turno para la tetracampeona Iga Swiatek.“Claramente, no fue un buen día en la oficina”, admite la de Varsovia, quien de un tiempo aquí parece haber perdido la moral, o al menos esa jerarquía prácticamente incontestable hasta hace no mucho. Cede ante Marta Kostyuk (7-5 y 6-1) y se marcha por la puerta de atrás, más bien irreconocible; de hecho, no perdía tan pronto en el Bois de Boulogne desde 2019, cuando aún no había destapado su potencial, de modo que se va dolida. El efecto Rafa Nadal —recibió consejo en Manacor durante una semana— no ha acabado de funcionar, o no desde luego como ella esperaba. Con Francis Roig en su banquillo, los resultados tampoco han terminado de llegar y suma ya dos años sin sumar un solo título sobre tierra batida, su superficie fetiche.Lógicamente, le escuece. Remueve el instrumental, pero no da con la tecla esta campaña. “Sé que puedo jugar mejor, pero hoy no pude. Debería haber manejado ciertas cosas mejor. Perdí el control del partido y no pude volver. Estaba muy tensa, me sentía desconectada. Al menos siento que hay un motivo concreto y, por lo tanto, tal vez se pueda buscar una solución”, señala la número tres del mundo, otra víctima de estos días en los que la lógica (o tal vez no, en determinados casos) parece haberse quedado a un lado. El día anterior tropezó Coco Gauff y antes lo hicieron Elena Rybakina y Jessica Pegula. En consecuencia, solo una de las cinco mejores (Aryna Sabalenka) sigue todavía en pie y suceda lo que suceda, el torneo proclamará a una nueva campeona el sábado.Idéntico escenario entre los chicos, con un elenco de aspirantes difícilmente imaginable. Sigue ahí Alexander Zverev, tal vez la opción más lógica, pero si alguien sabe de resbalones y de planes torcidos es el alemán (7-6(3), 6-4 y 6-1 a Jesper de Jong), y de ahí que no se fíe un solo pelo del joven Rafael Jódar, ese madrileñito tan serio y tan recto que viene pisando fuerte. “Yo solo me centro en lo que tengo por delante, en el siguiente partido; en aquello que realmente puedo controlar”, simplifica. No quiere oír hablar de favoritismos. “Le he seguido bastante [a Jódar] durante la gira y tengo muchas ganas de jugar contra él. Acelera mucho la bola desde ambos lados y eso es muy especial”, añade el hamburgués, mientras en el ambiente hay otra doble explosión de juventud.Cinco sets y remontadasA eso de la medianoche, el público de la Philippe Chatrier jalea al brasileño João Fonseca, ese chico que ha logrado reenganchar a su país con un deporte que perdió allá el atractivo cuando Guga Kuerten colgó la raqueta. Parece que era ayer, y son ya casi dos décadas. El gran símbolo lo observa, sufre y luego aplaude a su teórico heredero desde el palco, con la melena ya canosa. “Guga es un ídolo para nosotros”, expresa el cuartofinalista, que venía de fulminar a Djokovic y ahora despacha a un contrastadísimo especialista, Casper Ruud. Lamenta el noruego una decisión polémica que le priva del segundo set (cantada fuera), pero nada puede hacer. También cae: 7-5, 7-6 (9), 5-7 y 6-2, en 3h 55. De esta forma, la última ola empieza a hacerse notar con fuerza.La historia confirma que él (19), Jódar (19) y el veintañero Jakub Mensik (6-3, 7-6(3), 4-6, 2-6 y 6-3 a Andrey Rublev) componen un combo excepcional, ya que es la primera vez que tres menores de 21 años acceden a los cuartos de final de un gran torneo. Los tres se imponen en cinco sets y el español se une a dos ilustres, Juan Carlos Ferrero (2000) y Rafael Nadal (2005), como los tres únicos representantes nacionales que han conseguido llegar tan lejos en su primera participación en el grande francés. Así que ojo con la gasolina. “Obviamente, estoy jugando mucho, pero el tener un día libre entre un partido y otro está ayudándome”, indica el de Leganés, quien dado su corto trayecto en la élite todavía no había experimentado eso de levantar dos sets en contra.Además de la imprevisibilidad, esta edición está ofreciendo duelos de gran emoción, parejos y con alternativas en ambos cuadros. Todavía no se ha completado la fase de los octavos, pero ya se han resuelto hasta 30 partidos a cinco sets, en el caso del masculino. De esta forma, no está lejos del récord recogido en París —los 33 pulsos al límite que se disputaron en 1992 y 2001— ni tampoco en los majors; en este sentido, el Wimbledon de hace dos años (2024) registró 37, dos más que el US Open de 1983 y el Open de Australia de 2024. Los datos también ponen de relieve que 20 encuentros han superado las cuatro horas de duración —a destacar el Landaluce-Cerúndolo, que con 5h 58m se convirtió en el tercero más largo del torneo— y que se han producido seis remontadas con un 0-2 adverso.