El español cede solo cinco juegos y firma su primer triunfo en el Bois de Boulogne, entre el calor: 6-1, 6-0 y 6-4, en 1h 34m. Carreño se impone a Lehecka y Bucsa cae
No es la Costa Brava, sino que Ici C’est Paris, rezan orgullosos la mayoría de los que hoy van embadurnados de crema, protegiéndose como buenamente pueden del sol castigador con gafas, gorras, toallas, paraguas o lo que se tercie, que todo vale. ¡Sálvese quien pueda! Así es: cae fuego. “¡Ahí, ahí está! Restando…”, dice una veinteañera española a la que la estatura la alcanza lo suficiente como para distinguir la silueta de Rafael Jódar al fondo, entre las mil cabezas que rodean la pista 12 del complejo de Roland Garros y que estiran el cuello al máximo, jirafas todos en este lunes de calor —unos 32º, pero sensación muy superior— y de presentación: con todos ustedes, parisinas y parisinos, he aquí otro Rafa. Este de Leganés, eso sí.
Y cómo le sacude a la pelota el chico. Lo descubre el público francés, testigo directo por primera vez de cómo se las gasta este joven que, ya lo decía Carlos Alcaraz, juega como le da la gana. “Sin respeto”. Es decir, sin miedo. Poco importa que esto sea Roland Garros, o antes el Godó, la Caja Mágica o el Foro Itálico. Él, a lo suyo; esto es, disfrutar —el lema alcaraziano por antonomasia, aunque se le siga sin escapar un solo gesto de gozo— y crecer, que es nuevo en esto y por ahora no hay mayor presión que la que él mismo se imponga, suele repetir. Juega Jódar dentro de una burbuja hermetizada y, desde luego, por ahora no le va nada mal. Sí señor, así se afronta un debut. Aleksandar Kovacevic va derritiéndose al compás de los helados: 6-1, 6-0 y 6-4, en 1h 34m.











