En el ciclismo profesional ya no basta con entrenar fuerte y tener una buena bicicleta. Cada detalle cuenta, desde la recuperación hasta la alimentación, y los equipos trabajan con una precisión extrema para que sus corredores lleguen al límite sin romperse. En el caso del Visma de Jonas Vingegaard, la nutrición se ha convertido en una pieza clave para sostener el rendimiento durante una carrera tan exigente como el Tour de Francia o el Giro de Italia. Esta última lograda este domingo. La propia Karin Lambrechtse, nutricionista del equipo neerlandés, lo resume con una cifra que ayuda a entender la dimensión del esfuerzo: “El desayuno de una mañana puede consistir en unas 1.500 kilocalorías”. No se trata de un capricho, sino de una necesidad fisiológica. En una gran vuelta, un ciclista puede consumir fácilmente entre 8.000 y 10.000 kilocalorías al día, por lo que comer bien es tan importante como pedalear. Ese desayuno puede incluir tres rebanadas de pan con guarnición dulce, huevo, jamón o queso, además de dos platos de arroz con leche, fruta fresca y algo de requesón. La imagen puede sorprender fuera del contexto deportivo, pero responde a una lógica clara: los corredores gastan una cantidad enorme de energía durante cada etapa y necesitan reponerla para evitar una mala recuperación. Lambrechtse insiste en que el objetivo es mantener el equilibrio energético. Si el ciclista no recupera lo que pierde sobre la bicicleta, aumentan los riesgos de fatiga, bajada de defensas y enfermedad. Por eso, la alimentación no se improvisa. Según explica, cada semana llegan alimentos desde los Países Bajos para garantizar que los corredores tengan productos controlados, conocidos y adaptados a sus necesidades. La nutricionista también recuerda que los ciclistas “son personas y no máquinas”, una frase que explica por qué la dieta no se limita a menús estrictos y repetitivos. En una competición tan dura, el componente emocional también importa. Comer algo que resulta agradable puede ayudar al ánimo del corredor, siempre que esté integrado dentro de una planificación deportiva y no rompa el equilibrio nutricional. De hecho, uno de los detalles más llamativos es el gusto de Jonas Vingegaard por el döner kebab. Lejos de prohibirlo, Lambrechtse lo ha adaptado a la dieta del danés con una versión más controlada: pollo con especias tipo shawarma, una envoltura, col lombarda, cebolla y salsa de ajo aparte. Una muestra de cómo la nutrición moderna en el ciclismo combina ciencia, rendimiento y pequeños placeres para sostener a los corredores durante el Tour. En el ciclismo profesional ya no basta con entrenar fuerte y tener una buena bicicleta. Cada detalle cuenta, desde la recuperación hasta la alimentación, y los equipos trabajan con una precisión extrema para que sus corredores lleguen al límite sin romperse. En el caso del Visma de Jonas Vingegaard, la nutrición se ha convertido en una pieza clave para sostener el rendimiento durante una carrera tan exigente como el Tour de Francia o el Giro de Italia. Esta última lograda este domingo.