El dominio de Jonas Vingegaard en el Giro de Italia vuelve a mostrar la imagen de un corredor frío, calculador y difícil de alterar. El danés rara vez necesita gestos grandilocuentes para imponer su autoridad: controla la carrera, espera su momento y golpea cuando la carretera exige algo más que piernas. Esa serenidad, sin embargo, no debe confundirse con falta de carácter competitivo. Nathan Van Hooydonck, exciclista y antiguo gregario de Visma, conoce bien esa doble cara del danés. En una conversación con La Gazzetta dello Sport, lo resumió con una frase muy directa: “Jonas Vingegaard es un killer sobre la bici, pero una persona muy dulce y sensible fuera de ella”. Van Hooydonck compartió equipo con Vingegaard en las victorias del danés en el Tour de Francia 2022 y 2023, antes de verse obligado a retirarse por problemas cardíacos. Ahora sigue vinculado a la estructura de Visma en un rol comercial, pero conserva una relación muy estrecha con el ciclista. “Sí, somos realmente grandes amigos”, afirmó, antes de explicar que llegó a saber lo que Jonas quería “sin ni siquiera hablar con él”. Esa cercanía da más valor a su retrato. Para Van Hooydonck, Vingegaard es “100% un hombre de familia”, alguien tranquilo, reservado y muy sensible en la vida privada. Pero esa imagen cambia cuando entra en competición. “Si lo comparamos con Jonas ciclista, es un auténtico killer. Sabe cómo ganar o qué hacer para ganar una carrera”, señaló el excorredor. El contraste también se aprecia en su manera de vivir las victorias. Van Hooydonck recordó el gesto habitual de Vingegaard al besar la fotografía de su familia que lleva en la bicicleta tras cruzar la meta. “Es un ritual que ha incorporado a su modo de vida. Nos corresponde respetarlo”, explicó. Para quienes le conocen, ese detalle refleja hasta qué punto su vida familiar forma parte de su identidad como corredor. Fuera de la carretera, Vingegaard no parece necesitar celebraciones excesivas ni protagonismo público. “No es alguien al que le encanten las fiestas”, apuntó Van Hooydonck, que lo define como una persona “muy tranquila” y “relajada”. Dentro de la carrera, en cambio, aparece otro perfil: un ciclista clínico, paciente e implacable, capaz de convertir la calma en una de sus armas más decisivas. El dominio de Jonas Vingegaard en el Giro de Italia vuelve a mostrar la imagen de un corredor frío, calculador y difícil de alterar. El danés rara vez necesita gestos grandilocuentes para imponer su autoridad: controla la carrera, espera su momento y golpea cuando la carretera exige algo más que piernas.