OpiniónLas normas y los deberes no están ahí para hacernos la vida más difícil, sino para que podamos tener acuerdos, base de cualquier sociedad.31.05.2026 23:01 Actualizado: 31.05.2026 23:01 Esta columna nació en 2021, luego de que se reactivara el estallido social y saliéramos los jóvenes a las calles con ganas de cambiar el Gobierno que no nos escuchaba y las instituciones que parecían torpedear nuestro futuro. Han pasado 5 años y muchas cosas no han cambiado, pero tuve la oportunidad de organizar un poco ese ruido amorfo y he podido hablar de la juventud desde diferentes frentes. Sin decir que mi tarea esté acabada, me he encontrado con temas que me generan ilusión o esperanza y otros que a veces prefiero dejar en el olvido.En este recorrido, he identificado una constante: la juventud se caracteriza por tener las emociones a flor de piel, ser reaccionaria y exigir cambios rápidos. Quienes poco a poco maduran entienden las dificultades de esos cambios, comprenden que no son un sueño febril de juventud, sino algo que lleva dormido en la consciencia de muchos colombianos por demasiado tiempo. La diferencia es que nosotros, contrario a otras generaciones, no estamos dispuestos a dejar que pase nuestra vida sin ver materializados esos cambios, pero cada vez son más los que entienden la importancia de las formas, las instituciones y la política.A pesar de eso, otro grupo de jóvenes aún no ve esta realidad e, incitados por el Gobierno, han creído que existen enemigos del cambio, como los empresarios, los políticos tradicionales o las instituciones. Pero, más allá de una necedad o una narrativa ideológica, esta realidad habla de algo que permea a todos los colombianos: el excesivo enfoque en los derechos y la falta de consciencia sobre los deberes o el para qué de las reglas.Por ejemplo, se ha evidenciado que el tema de las basuras de Bogotá lo atraviesan múltiples factores, entre ellos, que la gente está sacando la basura en días en los que no pasa el camión. Algunos creen que, como pagan por el servicio, el camión debería responder a sus necesidades y pasar más seguido. Es decir, queremos que el sistema ajuste las reglas que no entendemos y que no queremos seguir.Esto mismo ocurre en otros planos, por ejemplo, cuando se exige una educación gratuita y de calidad. Sin duda, estamos todos de acuerdo en que es un derecho y el Estado debería movilizarse para proveerlo, pero no es una realidad que tengamos ese dinero para cubrir ese deseo, y si torpedeamos otras oportunidades de financiación o de formación, estaremos dinamitando las posibilidades de movilidad y crecimiento de los jóvenes. El Estado no puede hacerlo todo y, mientras se busca lo primero, hay que permitir que la gente pueda proveerse ella misma el derecho.Piensen ahora cuántas veces en el gimnasio, en una tienda o con sus familiares, han atravesado situaciones en las que la gente alza la voz con vehemencia y afirma: “es que yo tengo derecho” mientras ignoran los deberes que les dan acceso a ese derecho. Permítanse también pensar que muchos jóvenes no pagan impuestos y, con la reducción en la adquisición de bienes, se verá reducida la captación del Estado y, por tanto, las posibilidades de brindar más gratuidad en múltiples servicios.La educación es un derecho y el Estado debería movilizarse para proveerlo, pero no es una realidad que tengamos ese dinero para cubrir ese deseo, y si torpedeamos otras oportunidades de financiación o de formación, estaremos dinamitando las posibilidades de movilidad y crecimiento de los jóvenesDe algún lado saldrá el dinero; los enemigos que nos pintaron en realidad son los amigos que necesitamos para no ahogar a la juventud en nuevos impuestos y que puedan estudiar y tener bienes como las otras generaciones. Pero el cambio que más requiere nuestra sociedad es el de entender, comprender que las reglas, las normas y los deberes no están ahí para hacernos la vida más difícil, sino justamente para que podamos tener acuerdos que, dicho sea de paso, son la base de cualquier sociedad humana. Hay que seguir luchando por los derechos y que se tengan las discusiones en los órganos pertinentes, pero sin quitarnos responsabilidad y entendiendo que los buenos cambios no son los que se ajustan a mí, sino los que se construyen en un ejercicio dialógico.ALEJANDRO HIGUERA SOTOMAYOR Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. Mantente informado con lo que realmente te importa.EL TIEMPO GOOGLE NEWSSíguenos en GOOGLE NEWS. 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¿Para qué las reglas y los deberes?
Las normas y los deberes no están ahí para hacernos la vida más difícil, sino para que podamos tener acuerdos, base de cualquier sociedad.













