En marzo de 2026, drones iraníes atacaron importantes centros de datos en Emiratos Árabes Unidos y Baréin. Meses antes, la agencia de aviación de la ONU condenó formalmente a Rusia por interferir en las señales de navegación por satélite sobre los cielos europeos. Ambos incidentes revelan algo importante sobre la guerra contemporánea: la capa decisiva del combate ya no reside únicamente en tanques, barcos o cazas, sino en los sistemas digitales que los conectan. Europa se está rearmando rápidamente. Pero aunque compra más hardware, todavía no está construyendo la arquitectura necesaria para operarlo de forma independiente. Europa no necesita controlar toda la cadena de suministro de cada arma que adquiere. Pero sí debe controlar aquellas capas cuya pérdida podría paralizar o cegar una operación: software de misión, enlaces de datos cifrados, servicios satelitales, capacidad de computación para IA, infraestructura cloud de defensa y componentes críticos para los que no existe un sustituto rápido. El acero importa menos que el software En su favor, la UE ha empezado a tratar la defensa como un problema colectivo y no exclusivamente nacional. El gasto militar alcanzó un récord de 343.000 millones de euros en 2024 en toda la Unión, equivalente al 1,9% del PIB. Más importante aún, Bruselas ha creado instrumentos para que los europeos gasten conjuntamente, como SAFE, un mecanismo de préstamos de 150.000 millones de euros lanzado en mayo de 2025. Mientras tanto, el Programa Europeo para la Industria de Defensa, adoptado en diciembre de 2025, vincula los fondos europeos a la producción industrial europea. Y la hoja de ruta Readiness 2030 fija cuatro prioridades concretas, incluida una Iniciativa Europea de Defensa contra Drones. Aun así, Estados Unidos sigue siendo el principal proveedor de armas de los miembros europeos de la OTAN, representando el 58% de las importaciones entre 2021 y 2025, según el Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI). Eso no tiene por qué ser un problema. Comprar cazas estadounidenses o sistemas Patriot es aceptable siempre que exista seguridad contractual de suministro y que Washington no pueda desactivar remotamente software integrado. Duplicar toda la base industrial militar estadounidense costaría mucho más de lo que los presupuestos europeos pueden absorber y requeriría muchos años. Como sostienen los académicos Henry Farrell y Abraham Newman, el objetivo no es escapar de la interdependencia, sino impedir que otros la conviertan en un arma. La regla sería la siguiente: depender de aliados para aquello que puede reemplazarse, nunca para aquello que puede apagarse. Qué debe seguir siendo europeo Bajo ese criterio, Europa debería aspirar a mantener el control operativo sobre cuatro capas críticas: sistemas de navegación, conectividad, capacidad de computación para IA y sistemas cloud de defensa, así como drones, incluidas capacidades antidrones, control del espectro y software de misión. Navegación: unas armas incapaces de localizarse no pueden disparar. Rusia ya está interfiriendo las señales GNSS sobre el Báltico. Si Europa no puede garantizar de forma independiente la navegación y sincronización temporal, incluso sus misiles, drones y aeronaves más avanzados podrían quedar inutilizados en una crisis. Conectividad: los ejércitos modernos dependen de comunicaciones ininterrumpidas para coordinar fuerzas, transmitir datos de objetivos y mantener la cadena de mando. IRIS, la futura constelación satelital de la UE, podría ayudar a proporcionar esa capacidad. El problema es que IRIS se sitúa entre funciones civiles, gubernamentales y de defensa. No es un programa puramente militar, pero parte de su infraestructura terrestre respaldará comunicaciones relevantes para la defensa. Por tanto, esas partes deberían construirse con estándares militares. Computación para IA y sistemas cloud de defensa: los ataques en el Golfo demostraron que los centros de datos pueden convertirse en objetivos físicos, no solo cibernéticos. Si Europa no puede proteger su propia infraestructura estratégica de computación, corre el riesgo de perder coherencia operativa durante una crisis. Sistemas de drones y control del espectro: los drones no necesitan ser completamente europeos en todos sus componentes. Europa puede importar piezas genéricas allí donde existan múltiples proveedores fiables. Pero debe controlar el diseño, el software de misión, los enlaces cifrados, las capacidades antidrones y las actualizaciones relacionadas con el espectro radioeléctrico. Perder acceso al software, a las actualizaciones o a los enlaces de datos puede equivaler a perder la guerra. Recomendaciones Financiar las capas críticas como bienes públicos europeos. Drones, antidrones, guerra electrónica, computación para IA, sistemas cloud de defensa, fusión de datos, navegación y conectividad segura deberían planificarse y financiarse a nivel europeo, bajo especificaciones comunes y compras conjuntas, en lugar de dejarse a 27 presupuestos nacionales en competencia entre sí. Hacer obligatoria la interoperabilidad. Las arquitecturas abiertas, los estándares comunes y las interfaces compartibles deberían ser condiciones contractuales estrictas, y las excepciones algo raras y justificadas. Sin interoperabilidad, las compras conjuntas generan inventarios paralelos en lugar de una fuerza común. Drones, sistemas antiaéreos, satélites, plataformas cloud y sistemas de mando deben poder intercambiar datos en tiempo real. Tratar IRIS como infraestructura estratégica de defensa. Construir su segmento terrestre relevante para la defensa con estándares militares, proteger el calendario de despliegue frente a recortes presupuestarios e incorporar requisitos formales de defensa en su gobernanza sin destruir su mandato civil. Blindar la infraestructura terrestre. Designar los centros de datos estratégicos europeos como infraestructuras críticas de grado militar, con protección física, dispersión geográfica e integración en la planificación nacional de defensa aérea y antidrones. Convertir en permanente la integración con Ucrania. Ucrania es el único actor europeo capaz de iterar ciclos de drones y software en cuestión de semanas. Europa debería consolidar ese conocimiento mediante compras conjuntas contractuales y programas compartidos de pruebas, no solo acuerdos bilaterales improvisados. La elección no es autonomía ni dependencia. Durante los años en los que Europa seguirá comprando armamento en el exterior, la verdadera cuestión es si lo hará únicamente como cliente de tecnología desarrollada fuera o como productor y nodo indispensable dentro de las redes que definirán la próxima generación de conflictos. La tarea no es abolir la dependencia, sino diseñarla.
Más fuerte que el acero: la capa de defensa que Europa no debería externalizar
Mientras Europa se rearma, la verdadera vulnerabilidad no está en los tanques o los misiles, sino en el software y las redes que los sustentan













