Sin asistir a debates y con una maratónica actividad en plaza pública, el senador Iván Cepeda (Bogotá, 63 años) llega a la primera vuelta de este domingo como el nombre que ha conseguido aglutinar a la izquierda colombiana en la búsqueda por asegurar un sucesor para Gustavo Petro. “He visto en los ojos de miles de compatriotas la certeza de que los cambios iniciados en estos años deben continuar y consolidarse”, dijo este sábado, víspera de elecciones, en una “alocución” de estilo presidencial, en la que se marcó como “prioridad esencial” de su eventual Gobierno superar la pobreza y acabar con la desigualdad social.“Colombia necesita menos confrontación estéril y más construcción colectiva de soluciones”, abundó en su diagnóstico. “La seguridad debe significar protección de la vida, pero también oportunidades, bienestar e inversión social”, leyó, de pie frente a un atril, con el tono pausado que lo caracteriza, en un discurso de poco más de diez minutos. “Trabajaremos para cerrar definitivamente los ciclos de violencia que han marcado nuestra historia”, añadió en su penúltimo mensaje de ese sprint final.En la noche, respondió una última entrevista al periodista Daniel Coronell. “Nos llena de vergüenza”, concedió en esa charla sobre los escándalos de corrupción que han ocurrido en el actual Gobierno. “Caiga quien caiga, vamos a ser implacables” en esa lucha, prometió. En una carrera sembrada de obstáculos, el candidato del Pacto Histórico ha sido el líder sostenido de las encuestas en su propósito de liderar un segundo gobierno progresista, por encima del ultraderechista Abelardo de la Espriella y de la también senadora Paloma Valencia, la carta del expresidente Álvaro Uribe. El propio Cepeda identifica al exmandatario de derechas, con el que lleva años enfrentado en la justicia, como su principal adversario, por encima de sus rivales en el tarjetón. El aspirante del Pacto enfatiza con insistencia ese contraste. “El uribismo es fascista, representa la ideología del desprecio”, dijo ante una atiborrada Plaza de Nariño de Bogotá, en uno de sus cierres de campaña, sobre una confrontación que ha convertido en un motor de su candidatura. A pesar del naufragio de la política de paz total, con la que Petro pretendía negociar en simultaneo con todos los grupos armados, Cepeda no descarta nuevos diálogos, en contravía de la mano dura que enarbolan tanto Uribe como los dos candidatos de derecha. Cepeda es una figura reconocida, entre otras, por haber sentado ante la justicia al expresidente en un enrevesado caso de manipulación de testigos. Uribe fue absuelto en octubre en segunda instancia, después de haber sido condenado a 12 años de prisión en un primer momento. “El enfrentamiento judicial con Uribe lo convierte en el héroe de la izquierda, y también de las víctimas”, apunta el analista León Valencia.El camino ha sido largo. Cuando confirmó su candidatura en agosto del 2025 –con Uribe condenado en primera instancia–, Cepeda dijo que no estaba en sus planes aspirar a la Presidencia, pero consideraba “imposible” ignorar los llamados de organizaciones sociales como las Madres de Soacha –víctimas de los llamados “falsos positivos”, en los que militares asesinaron a sus familiares para hacerlos pasar por guerrilleros–. “Iván nos une” fue el eslogan con el que la izquierda fue cerrando filas en un accidentado proceso, que enfrentó numerosos escollos legales. La mayoría de los aspirantes declinaron para entregarle su apoyo, desde la senadora María José Pizarro –ahora su jefa de debate–, hasta las exministras de Ambiente Susana Muhamad y de Trabajo Gloria Inés Ramírez. La renuncia sobre la hora del exalcalde de Medellín Daniel Quintero, muy resistido entre el progresismo, terminó de allanarle el camino. Al final, no tuvo problemas para derrotar con autoridad a la exministra de Salud Carolina Corcho en la consulta popular del Pacto Histórico del 26 de octubre. El plan original del oficialismo pasaba por medirse en otra consulta entre distintos partidos, pero el Consejo Nacional Electoral se lo impidió. Cepeda, en cualquier caso, se consolidó desde entonces a la cabeza de las encuestas, donde ronda el 40% de intención de voto, sin asistir a debates con otros candidatos. En su lugar, mantuvo una intensa actividad de plaza pública en distintos puntos de Colombia, con más de 150 de eventos multitudinarios, en los que lee discursos escritos de su puño y letra. Escogió como compañera de fórmula a la senadora indígena Aida Quilcué, también del Pacto Histórico. Así afianzó los vínculos con el movimiento indígena, aunque desaprovechó la oportunidad de acercar a otros sectores.Cepeda avanzó, sin embargo, en su estrategia de tejer alianzas con sectores afines. El encargado de inaugurar esa nueva etapa fue el exministro del Interior Juan Fernando Cristo, de origen liberal, con su movimiento En Marcha. Después vino la Alianza Verde, el fragmentado partido que en otros tiempos fue referencia del centro político. Se sumaron sectores del Partido Liberal descontentos con su dirección, y también el expresidente Ernesto Samper. Las dos adhesiones más recientes incluso aparecerán en el tarjetón, por haberse desmontado a última hora de su aspiración: el excanciller Luis Gilberto Murillo y el exgobernador del Magdalena Carlos Caicedo.Más allá de los abundantes matices, todos acabaron por privilegiar los puntos de encuentro con el Pacto Histórico, por encima de las diferencias. Entre estas últimas sobresale la muy resistida idea de convocar una Asamblea Constituyente para reformar la carta política de 1991, en la que insiste el presidente Petro. Cepeda ha defendido que privilegia un gran acuerdo nacional, pero sin cerrar esa puerta. También prometió esta semana que, de ganar, creará un sistema nacional anticorrupción en cabeza del exministro de Defensa Iván Velásquez –viejo adversario de Uribe–. Su campaña ha seguido en varias ocasiones los mismos pasos de la del hoy mandatario en 2022. Reuniones de alto perfil con otros líderes progresistas, como el brasileño Lula, la mexicana Claudia Sheinbaum y el español Pedro Sánchez. Alianzas con sectores liberales y socialdemócratas. Y una estrategia para llenar plazas públicas a lo largo y ancho de Colombia, con un estribillo que se hace eco del que pronunciaba Petro en aquel entonces: “Me llamo Iván Cepeda, y voy a ser su presidente”.