La muerte de Blanca Adriana Vázquez en una supuesta clínica estética en Puebla ha puesto los reflectores -una vez más- en la proliferación de establecimientos que no cuentan con los permisos para operar y en la falta de control de parte del Gobierno. La mujer, de 37 años, se sometió a un procedimiento de reducción de grasa el pasado 18 de mayo en la Clínica Detox, un sitio que no contaba con ningún permiso para operar y cuyo personal tampoco estaba capacitado para realizar ese tipo de intervenciones. El caso se suma al de una joven estadounidense, de 27 años, que murió en marzo tras someterse a una liposucción en un lugar sin autorización en Tamaulipas; al de Nayeli Guzmán, de 34 años, que falleció en un consultorio improvisado en un restaurante en Jalisco; al de Jaqueline Yamileth, de 25 años, que perdió la vida en un consultorio en Nuevo León con “anomalías” detectadas por las autoridades demasiado tarde; o al de una mujer, de 40 años, que murió en Jalisco en una clínica que era operada por una persona que no contaba con las credenciales necesarias. De acuerdo con una investigación de Animal Político y Connectas, al menos 121 personas murieron por una cirugía estética en la última década.Desde el Gobierno de Puebla, el coordinador de Gabinete José Luis Parra ha presumido este lunes que la Dirección de Protección contra Riesgos Sanitarios ha clausurado 24 establecimientos (15 consultorios y nueve clínicas) por irregularidades en su funcionamiento en lo que va del año, pero ha mantenido que la supervisión de los lugares clandestinos queda fuera de sus manos. “Cuando se crea algún negocio y que quiere dar algún servicio en materia de salud y no solicita registro y no tiene licencia de funcionamiento, el Estado no puede entrar a revisar cualquier negocio así nada más porque sí”, sostuvo. En esa misma línea, Parra pidió a la ciudadanía su apoyo para denunciar los lugares sospechosos para que, de esa manera, el Estado sí pueda realizar una inspección.Expertos consultados por EL PAÍS han rechazado estas afirmaciones y han resaltado que la falta de control sobre la proliferación de clínicas estéticas clandestinas no se debe a un vacío legal. “Las facultades ya están. Lo que está fallando realmente es la implementación práctica”, asegura Wiliam Cervantes, especialista en Derecho Sanitario. El experto explica que la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) es la autoridad sanitaria habilitada por la Ley General de Salud para “asegurarse de que el establecimiento cumpla con todos los requisitos mínimos para la seguridad y la salud de la población”. El abogado Cervantes detalla que la Cofepris, un órgano desconcentrado de la Secretaría de Salud que encabeza el Sistema Federal Sanitario, se ayuda de otros organismos en las entidades (llamados comisiones estatales o, si el Estado no cuenta con una, la función la realiza a través de su secretaría de Salud) para llevar a cabo la vigilancia de estos lugares por medio de convenios de colaboración. Aunque las inspecciones se realizan al azar (de la lista de registros de la Cofepris) y por alguna denuncia recibida, las autoridades sanitarias también están habilitadas para controlar las clínicas clandestinas. “El hecho de que no estén registrados, de que no tengan una licencia sanitaria, no es un obstáculo para que no haya una verificación”, apuntala.El punto ciego de CofeprisPara el letrado Mauricio Sarmiento, la respuesta del Gobierno de trasladar la carga a la población es incorrecta: “Si tú estás esperando a que haya una denuncia, pues estás actuando tarde siempre”. El también médico declara que en estos casos no se le debe cargar la responsabilidad a la víctima. “Se requiere una muy buena autoridad sanitaria porque siempre le queremos echar la culpa a la víctima, que por qué no fue con uno mejor, que era muy barato o no checó bien”, y agrega: ”Como si pagar poco fuera un delito". El experto subraya que la falla está en la Cofepris, que “no se da abasto”, pero argumenta que es ahí mismo donde se debe de trabajar. “No tiene el dinero ni los verificadores suficientes para revisar todo el país. Debería tener más presupuesto, debería tener una institución más grande”, lanza. El especialista Cervantes apunta en esa misma dirección y reconoce que “se necesitan mejoras” para fortalecer a la autoridad y sus mecanismos de alerta. Pone de ejemplo las alertas sanitarias que emite la Cofepris: “El gran problema de esto es que no llega a la gran mayoría de las personas. Se publican en un medio aislado, generalmente se quedan en YouTube o el portal oficial, pero la gente no sabe que existen esos medios”. La Cofepris cuenta con un número de teléfono (800 033 5050) para solventar dudas sobre un servicio regulado por ellos y una página para denuncias sanitarias. El abogado considera también que se debe robustecer el brazo verificador de la Cofepris en las redes sociales, donde la mayor parte de estos lugares fraudulentos se anuncian, e implementar “campañas agresivas de concientización” en la población. “Hace falta facilitar los medios para que la gente sepa verificar y confirmar, y pueda hacerlo de forma más sencilla, si un establecimiento es regular o irregular”, opina. El listado (en PDF) de licencias sanitarias otorgadas por la Cofepris para centros en que se practiquen actos quirúrgicos y/u obstétricos, al 31 de marzo, incluye 3.163 sitios en todo el país. Mientras que la última actualización -de noviembre de 2024- de los sitios clausurados suma 111 en dos años, con apenas 28 de ellos cerrados en el 2024.El cirujano plástico Fabián Colmeneros expone que estas clínicas son operadas por personas que no están capacitadas y solamente buscan dinero. “Tenemos que preservar la ética antes que ser comerciantes”, y retoma el caso de Blanca, quien iba a pedir informes y terminó sometiéndose a la intervención estética en ese momento: “Los focos rojos aquí fueron el lugar donde se realizó el procedimiento, sin estudios médicos, sin una valoración previa. Se convierte en una urgencia del ‘médico’ el querer realizar el procedimiento”. El especialista recuerda que cualquier intervención quirúrgica debe realizarse en un quirófano, en un ambiente estéril, y no en un consultorio. A la par de la aparición de supuestas clínicas, los anuncios de tratamientos estéticos inundan las redes, donde las personas son fácilmente engañadas por falsos médicos que prometen soluciones rápidas para mejorar la apariencia. Para el cirujano Adrián Nieto, este tipo de publicidad “minimiza los riesgos” de procedimientos que deben tomarse con más seriedad. “Engañan a la población a través de su marketing. [...] No puede existir un resultado inmediato. Por ejemplo, en la lipoescultura, el cuerpo pasa por un proceso de inflamación y cicatrización. Los resultados visibles los ves a los tres meses”, concluye.
Varias muertes exponen el punto ciego en el control de Cofepris de las clínicas estéticas clandestinas
El caso de Blanca Vázquez en Puebla es el último en evidenciar la falta de capacidades de las autoridades sanitarias para vigilar lugares que operan de manera irregular en todo el país













