En un caso más de personal de medicina estética fraudulentos, las autoridades de Puebla han pegado sellos de suspensión de actividades en el local de Clínica Detox. En este lugar ingresó el pasado 18 de mayo Blanca Adriana Vázquez para realizarse un procedimiento de reducción de grasa, pero su familia no volvió a saber más de ella. Su cuerpo, ya identificado por sus allegados, apareció tres días después, este jueves, en una zanja cerca de un río en Tlaxcala. La muerte de la mujer ha alimentado las críticas por la falta de control en permisos médicos y las prácticas riesgosas a las que se enfrentan las pacientes.El secretario de Gobernación de Puebla, Samuel Aguilar Pala, ha asegurado ante los medios de comunicación que se están tomando medidas en la revisión de clínicas que no están registradas o regularizadas. “Falta promover comunicación y advertir de las sanciones que pueden suscitarse con estas situaciones”, ha señalado sobre las clínicas clandestinas. El titular no ha dado más detalles de si hay más denuncias contra la Clínica Detox o sobre si existen otras sedes de la misma empresa que sigan operando.La clínica en la Calzada Zavaleta, una de las vías principales al poniente de Puebla, es el último lugar donde el esposo de Blanca Adriana Vázquez, Florencio Ramos, la vio entrar. Él la había acompañado para informarse sobre unos procedimientos de medicina estética para eliminar grasa abdominal. A sus hijos les había asegurado que solo iba a pedir información sobre un tratamiento no invasivo que incluso podía realizarse con tecnología láser, según han relatado a la prensa. Finalmente, los médicos que la atendieron la convencieron para realizarse la intervención ahí y ahora.En sus redes sociales, la Clínica Detox ofrecía varios tratamientos estéticos, entre los que destaca el proceso de “liposucción express” con Micro Aire. Para este tratamiento, se utiliza una aguja de medio metro de longitud con vibración para “emulsificar la grasa” y que salga más rápido, según explicaba Diana Palafox en los videos promocionales en redes sociales de su empresa. Este tratamiento, que prometía extraer hasta 1,5 litros de grasa “al instante” por casi 10.000 pesos (unos 500 dólares), era uno de los productos estrella de su catálogo, entre los que había servicios de estrechamiento vaginal, implantes hormonales denominados como “chips sexuales”, endolifting facial (un tratamiento que utiliza tecnología láser para tensar la piel, estimular la producción de colágeno y disolver la grasa localizada sin necesidad de pasar por el quirófano), aplicación de botox, ácido hialurónico en labios y terapias regenerativas conocidas como “ADN de salmón”.Florencio Ramos relató cómo el personal de la clínica le pidió que fuera a buscar una faja compresiva, gasas y otros materiales médicos. Cuando regresó a las 19.00, el local estaba cerrado y nadie le contestaba al teléfono. Las cámaras de seguridad del edificio donde opera la clínica muestran que a las 18.19 tres personas suben un bulto al Mini Cooper rojo de Palafox. Los principales señalados en el caso son la presunta doctora, su hijo, Carlos Quezada, y un tercero. Uno de los miembros de la familia ha relatado a las cámaras que los sospechosos hicieron un cambio de vehículo antes de dejar el cuerpo al otro lado del volcán La Malinche, a 85 kilómetros del lugar del crimen. Los investigadores han cateado la clínica antes de sellarla y suspender sus actividades. Parte de los trabajos se centran en esclarecer la concesión de permisos a Palafox y sus empleados para realizar intervenciones médicas, después de que el Ministerio Público poblano revelara que la supuesta doctora no cuenta con cédula profesional registrada ante ninguna autoridad federal y que, a pesar de eso, realizaba procedimientos estéticos. También se indaga si el consultorio al que acudió Vázquez operaba bajo un contrato de arrendamiento para uso habitacional y no comercial. Por el momento, tanto Pallafox como su hijo están en paradero desconocido. La muerte de Vázquez y la indignación de sus familiares se suma a las víctimas de otros presuntos médicos negligentes que han acumulado denuncias en México, en medio de las críticas por la falta de control y seguridad en las licencias de estos establecimientos. Uno de los casos más representativos estalló a finales de 2024, también en Puebla, contra la abogada y falsa psiquiatra Marilyn Cote, que utilizaba una cédula falsificada para recetar medicamentos y se hacía pasar por la “mejor especialista en desórdenes mentales en Estados Unidos y Países Bajos”.