NoticiaEl caso de Yulixa Tolosa volvió a evidenciar las fallas de control sobre procedimientos estéticos ilegales en Bogotá.Procedimientos estéticos Foto: iStock27.05.2026 12:39 Actualizado: 27.05.2026 12:39
La muerte de Yulixa Tolosa, ocurrida tras un procedimiento estético realizado en un establecimiento que no contaba con las condiciones para hacerlo, debería encender todas las alarmas en Bogotá. No es un hecho aislado. Es la expresión dolorosa de un fenómeno que venía creciendo a la vista de todos en peluquerías, locales comerciales, apartamentos y centros de estética improvisados que ofrecen tratamientos estéticos y cosmetológicos sin cumplir requisitos mínimos de higiene, salubridad o idoneidad profesional.En distintos sectores de la ciudad, especialmente en zonas populares, se han multiplicado ofertas de bajo costo promocionadas por redes sociales, cadenas de WhatsApp, anuncios callejeros y voz a voz. Botox, lipólisis, reducción de medidas, eliminación de arrugas y otros tratamientos se ofrecen como si fueran servicios menores de belleza. El problema es que detrás de muchas de esas ofertas no hay médicos, no hay protocolos y, en algunos casos, ni siquiera hay un establecimiento autorizado.Procedimientos estéticos sin finalidad médica quedan excluidos. Foto:ISTOCKNo se trata de satanizar a las peluquerías ni a los pequeños negocios de belleza. Miles de personas trabajan honestamente y cumplen las reglas en sus actividades comerciales. El problema está en quienes usan esa fachada para ir más allá de lo permitido. Una peluquería no puede convertirse en clínica, un apartamento no puede operar como consultorio clandestino y una persona con un curso informal no puede intervenir el cuerpo como si la salud fuera un experimento.La normatividad existe. La Ley 711 de 2001 regula la cosmetología. Varias resoluciones fijan requisitos para centros de estética, peluquerías y actividades de embellecimiento. Cuando hay procedimientos invasivos entra a operar el régimen de habilitación en salud. Por lo tanto, en temas de estética no se puede afirmar que haga falta un marco legal o normativo. El problema es que la ley no siempre llega al local de barrio, al apartamento o a la promoción engañosa en redes.También hay una responsabilidad ciudadana. Nadie debería someterse a un procedimiento sobre su cuerpo sin verificar quién lo realiza, dónde lo realiza y qué autorización tiene. Cuando se trata de salud, el bajo precio no siempre es una oportunidad. Muchas veces es una alerta que de entrada debería generar desconfianza.Pero esa responsabilidad no puede recaer únicamente en el usuario. Las autoridades deben fortalecer la inspección, hacer pedagogía clara y cerrar los espacios donde se prestan servicios sin autorización. La Secretaría de Salud, las alcaldías locales y las entidades de control tienen que actuar antes de que una denuncia termine convertida en tragedia.Bogotá necesita más control, pero también soluciones visibles para este problema público. Un sello distrital para peluquerías y centros estéticos permitiría certificar condiciones sanitarias, renovar revisiones periódicas e informar qué servicios puede prestar cada establecimiento. Además, debería existir una herramienta sencilla para consultar si un lugar está autorizado y canales de denuncia efectivos frente a servicios clandestinos.Lo cierto es que ningún procedimiento estético debería realizarse donde no se pueda garantizar lo más básico, proteger la vida de la persona.OMAR ORÓSTEGUIDirector del GobLab de la Universidad de La Sabana Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.













