Para la industria y el empresariado catalán, la defensa ha dejado de ser un tabú para convertirse en una jugosa oportunidad. Los movimientos geopolíticos, con conflictos encendidos en todo el mundo y con Estados Unidos dispuesto a apoyar menos a la OTAN y a los socios europeos, han puesto sobre la mesa la necesidad de que la Unión Europea gaste más en defensa y logre tener autonomía estratégica, algo que abre un abanico de oportunidades de negocio en la industria militar. La Unión Europea quiere aportar 800.000 millones en los próximos cinco años, y el Gobierno prevé destinar el 2% del PIB, unos 10.000 millones, a este sector. Cataluña parte con cierta desventaja estructural para captar estas inversiones —la patronal Foment apunta a que habría que lograr el 20% de los fondos, un porcentaje equivalente del peso del PIB y de la población catalana sobre España—, ya que tradicionalmente no ha tenido mucho peso en la industria puramente militar, y no hay empresas específicamente de defensa situadas en el territorio. Sin embargo, cuenta con mucha fortaleza en la industria del automóvil, en ciberseguridad, y en sectores fronterizos que bien pueden hacer productos para uso civil como militar.El interés hacia el mundo de la defensa ha crecido tanto que la mayor empresa de Cataluña, Seat, ya ha sido sondeada para que fabrique vehículos de uso militar en sus líneas de producción de coches. A mediados de marzo, el consejero delegado de Seat y Cupra, Markus Haupt, desmintió que vayan a producir blindados o algo parecido en Martorell, pero la industria del automóvil en Cataluña va mucho más allá de Seat, y las empresas que fabrican componentes para los automóviles sí se están moviendo hacia la defensa. Ficosa, por ejemplo, especializada en sistemas de visión para automóviles, sistemas de seguridad y electrónica, ya firmó en octubre de 2025 una alianza con Indra para colaborar en el ámbito de la defensa, una alianza a la que se sumó también Sirt, una empresa tecnológica de Barcelona centrada en la ciberseguridad. El papel de Indra es clave en esta carrera para hacerse con los fondos. La compañía semipública de defensa es una de las que puede hacer de “tractor” para aglutinar empresas que presenten proyectos de defensa. Hace tres semanas, Indra organizó un acto en Barcelona junto con 350 empresas catalanas y entidades con las que mantiene colaboración, de las que 130 forman parte estrictamente del sector de la defensa. El resto se dedican a ámbitos que pueden ser duales (uso civil y militar), como por ejemplo la ciberseguridad, los servicios tecnológicos, farmacéuticos, la aviación o el espacio, entre otros. Indra ya tiene 19 alianzas con empresas, pero necesita más para avanzar en sus planes industriales de los Programas Especiales de Modernización (PEM) con los que opta a captar los fondos.Cataluña está dando un vuelco hacia este sector, como muestra el interés del presidente de la Generalitat, Salvador Illa, quien asistió a aquel encuentro. El Círculo de Economía de Barcelona, que esta semana celebrará su reunión anual con el foco puesto en la autonomía europea, también ha llamado recientemente en su nota de opinión a aprovechar las oportunidades del tirón de la defensa. Con todo, un informe reciente del Centre d’Estudis d’Opinió (CEO, el CIS catalán) apunta que todavía hay dudas ciudadanas sobre la conveniencia del gasto militar. Un 36% considera que se tendría que mantener al nivel actual, mientras que un 34% opina que sería menester reducirla i priorizar otras políticas.El giro catalán hacia el sector de la defensa es tan evidente que hasta el expresidente del Parlament y exconsejero de Empresa cuando gobernaba ERC, Roger Torrent, ha fundado una consultoría de defensa. El otro socio de esta asesoría es Pere Ferrer, exdirector general de la Policía de la Generalitat. La consultoría Dualys quiere ser un “puente” para que las empresas aceleren su entrada al sector de la defensa, ya que las barreras de entrada, la inversión y la especificidad técnica en este sector son elevadas. “Primero determinamos si una empresa tiene potencial o no. Es un entorno muy exigente desde el punto de vista de la trazabilidad, la seguridad, el músculo financiero y la resiliencia”, subraya Torrent: “Hay que entender bien este mercado funciona de manera diferente, y saber cuáles son las compañías tractoras”. A partir de aquí, se entra en la fase de hacer de facilitador para encontrar alianzas comerciales, y para tramitar autorizaciones y certificaciones. Con el lema de que “ahora es el momento “ porque el Plan Industrial de Seguridad y Defensa de España ya está activo, Dualys advierte que “las empresas que se posicionen ahora tendrán ventaja estructural”. Torrent especifica que “Europa ha decidido que tiene que ampliar sus capacidades para hacer frente a posibles eventualidades, no solo de amenaza militar sino también de posibles emergencias sanitarias o ambientales y, de ese diagnóstico, hace una política industrial”. Torrent, que participó del proyecto de alianza independentista Junts pel Sí y fue portavoz parlamentario adjunto, dice que tratar de intervenir en el negocio de defensa no le implica ninguna contradicción personal porque, argumenta, “la tecnología crece de manera sincrónica, con actuaciones en el ámbito de la defensa pero también en el civil. Cada vez hay más convergencia, se hace difícil diferenciar qué forma parte de un terreno u otro”, entiende. “Yo soy industrialista y quiero que Cataluña tenga un peso en el proyecto de construcción industrial de Europa. Las nuevas reglas del juego global no las ha diseñado Bruselas, pero son las que son y hay que adaptarse a ellas de manera activa”, remacha.De cuentakilómetros a centralita para dronesJordi Altimiras es director de negocio en Mecvil, una empresa de Sallent (Barcelona) fundada hace cincuenta años para fabricar piezas y componentes para la industria textil y que “se ha ido reinventando hasta ser un socio industrial con capacidad para cerrar el círculo, desde el diseño a la fabricación”, cuenta Altimiras. Su apuesta actual pasa por explorar las posibilidades del sector defensa: “Está a la orden del día y hacemos seguimiento para ver qué sectores podemos atacar, acorde a nuestra propuesta de diversificación de negocio”. No arrancan de cero porque, dice, las especificidades relacionadas con los proyectos de defensa “se adecuan a ciertos procesos productivos que tiene Mecvil”. La empresa es proveedora de piezas para el sector de la automoción, y ve esa base como una plataforma para desarrollar soluciones que sirvan a la industria de la defensa: “Quien hace cuentakilómetros puede desarrollar una centralita para drones o componentes que vayan en los carros de combate”, subraya y vaticina que puede dar márgenes mayores que los que da la automoción, “un sector muy competitivo y donde todo muy ajustado”, señala.“En Cataluña hay capacidades en todos los verticales de la base industrial de defensa, desde el textil hasta la ciberseguridad”, analiza el exconsejero de Empresa de la Generalitat, pero vaticina que “hay ámbitos donde se puede alcanzar una posición de liderazgo de manera más rápida”, e identifica “las comunicaciones y la estrategia satelital”.Torrent presentó, junto con el economista Joan Ramon Rovira, un estudio en la Cambra de Comerç de Barcelona donde ponían cifras a las oportunidades de negocio en defensa. Junto con Acció, la entidad de promoción de empresas de la Generalitat, se han detectado 812 empresas con potencial para la industria militar. El objetivo es que mediante estas compañías, en 2030 la actividad del sector aumente en unos 1.000 millones de euros en valor añadido bruto, y se creen unos 10.000 nuevos puestos de trabajo cualificado. “Tenemos las capacidades y los recursos, pero todavía no nos hemos posicionado. En los próximos años llegarán grandes inversiones, que serán vehiculadas por empresas tractoras, pero necesitarán toda una cadena de proveedores”, explica Rovira, quien cita el potencial de las empresas catalanas de sectores como el tecnológico (ciberseguridad, informática, incluso los videojuegos por su capacidad de simulación, clave para las batallas modernas), el de la movilidad (automoción, componentes...), el del espacio o el de la aeronáutica (empersas de drones o hasta los submarinos no tripulados). “Hemos entrado en un mundo diferente, antes las empresas de defensa estaban muy especializadas y hacían contratos muy concretos. Ahora, con la incorporación de los programarios, necesitas hacer mucha más innovación y juntar esfuerzos”, apunta el economista.