Todo el mundo conoce Ozempic, algo poco habitual para un medicamento de prescripción. Lo que no tiene tanto brillo ni circula tanto en redes es que el futuro de este fármaco, de sus rivales para adelgazar y de buena parte del sector de la salud, se va a jugar la próxima semana, en un congreso en Nueva Orleans, en EE UU. Allí, entre el 5 y el 8 de junio, las principales farmacéuticas del mundo presentarán de un golpe sus datos más recientes sobre la próxima generación de tratamientos contra la obesidad, en un año marcado por el avance de las primeras versiones en pastillas. La versión oral del principio activo de Ozempic, de hecho, ya cuenta con el aval del regulador sanitario estadounidense desde febrero y se comercializa desde el 1 de mayo en 70.000 farmacias de EE UU.“Estamos tan solo en el inicio del mercado de los fármacos para perder peso. Este será el mercado más grande ya visto en la industria de la salud”, sentencia Sean Carroll, gestor de carteras de Janus Henderson especializado en salud y biotecnología, en una entrevista a Cinco Días en la sede de la gestora en Madrid. Según Carroll, más optimista por los resultados de Mounjaro —el fármaco contra la obesidad de Eli Lilly— que por los de Ozempic (Novo Nordisk), estos medicamentos ya generan 50.000 millones de dólares en ventas anuales que se multiplicarán por cuatro, hasta alcanzar los 200.000 millones en la década de 2030. El equivalente al 10% de todo el mercado farmacéutico actual. Hay motivos para creer en tales expectativas: seis de cada 10 médicos afirman que recetarán medicamentos para adelgazar a más pacientes y en más casos cuando lleguen en formato de píldora, según una encuesta de Bank of America publicada esta semana.Las pastillas son la gran apuesta de Novo Nordisk y Eli Lilly, las dos gigantes farmacéuticas, para remontar un año de pérdidas. Sus acciones caen un 14% y un 1,5%, respectivamente, arrastradas por unas valoraciones exigentes, después de multiplicarse respectivamente por cuatro y por cinco en los últimos años gracias a estos medicamentos. También influye el propio perfil del sector sanitario en Bolsa, que se ha mantenido casi plano pese a las expectativas de crecimiento ligadas al envejecimiento de la población mundial. En los últimos cinco años, las acciones de la salud en EE UU han generado una rentabilidad anual del 3,7%, una décima por debajo de la inflación estadounidense. El último gran golpe al sector ha sido la guerra arancelaria de Donald Trump y su disrupción de las cadenas de suministro en la salud estadounidense. Las importaciones chinas, que representan casi un tercio del total, se han encarecido al menos un 16% para casi la mitad de los proveedores estadounidenses, según una encuesta de KPMG.Este año tampoco pinta bien para el sector, con pérdidas del 5%, tras el fin de los subsidios de la pandemia a las primas de los seguros médicos, que habían sostenido la demanda del mercado. “Desde un punto de vista fundamental, las preocupaciones sobre la cobertura de los seguros médicos en EE UU y la inflación están presionando a las cotizaciones”, argumenta Eugen Uretzki, analista en Flossbach von Storch, en declaraciones a este diario. Las más afectadas han sido las empresas que suministran equipos médicos y análisis clínicos, ambas con caídas a doble dígito. En Europa, los valores también caen (un 3%), lastrados por su exposición a EE UU, el mayor mercado sanitario del mundo, y luego por los aranceles de Trump. Aun así, los analistas confían en la salud. Más del 60% aconseja comprar acciones del sector, tanto de un lado como del otro del Atlántico, según datos recopilados por Bloomberg. En pocas industrias como la salud cobra tanto sentido la máxima de separar el grano de la paja. Mientras el índice de referencia decepciona por ahora en 2026, los diez valores de mejor comportamiento en el año, en su mayoría farmacéuticas y proveedores de servicios, suben a doble dígito. En la parte alta del rango, un viejo conocido de la pandemia, Moderna avanza un 60%, impulsada por el crecimiento de las ventas internacionales. En medio de tanta diversidad de oferta, las biotecnológicas son las favoritas de los analistas. De acuerdo con Bloomberg, el 90% recomienda comprar acciones de estas pequeñas empresas volátiles, con potencial de fuertes rentabilidades —y también más arriesgadas— y que dependen más de sus ensayos clínicos que de las condiciones generales del mercado. Además, cotizan a precios menos exigentes que las grandes farmacéuticas.“El progreso tecnológico, las necesidades médicas insatisfechas y nuevas herramientas digitales deben acelerar los ciclos de innovación. El resultado es un flujo de noticias clínicas más positivo en un momento de valoraciones atractivas”, argumenta a este diario Lydia Haueter, cogestora del fondo de biotecnológicas de Pictet. Pictet Biotech acumula una rentabilidad anual del 18% en el último trienio y cuenta con un patrimonio superior a los 1.600 millones de euros.Noushin Irani, gestora de carteras de renta variable, biotecnología y salud en DWS, va en la misma línea. “Creo que los sectores farmacéutico y biotecnológico aún tienen margen de mejora, impulsados por el lanzamiento de nuevos productos y los éxitos clínicos”, argumenta la analista en declaraciones a este diario. Irani maneja el fondo DWS ESG Biotech, que acumula una rentabilidad anual del 8% en el último trienio, aunque cae un 1,4% en 2026, y cuenta con un patrimonio de 337 millones de euros.Las acciones de las biotecnológicas también se han revalorizado desde el año pasado por el creciente interés de las grandes farmacéuticas en comprarlas para adquirir esas pequeñas empresas innovadoras. El volumen de fusiones y adquisiciones en la industria de la salud se duplicó en 2025 hasta alcanzar los 200.000 millones de dólares (170.000 millones de euros), según la plataforma PitchBook, tras seis años de tendencia a la baja.El potencial de la IATanto para las grandes cotizadas como para las biotecnológicas, otro factor decisivo para el mercado ha sido, por tópico que suene, la adopción de la IA. Los analistas ven la salud como uno de los sectores que más pueden beneficiarse de esta tecnología, en especial por su capacidad para acelerar el desarrollo de fármacos, en especial en las fases iniciales, y para predecir el comportamiento de moléculas o incluso fabricar células madre para reparar tejidos en ciertos tratamientos de cáncer.“Conviene vigilar el descubrimiento de fármacos, donde vemos que la IA mejora las fases iniciales del trabajo, aunque la mayor complejidad biológica de las etapas posteriores deja todavía margen de avance”, señalan desde BlackRock en su informe del segundo trimestre de este año. A ello se suman otros usos más maduros de esta tecnología en la salud, como la imagen médica, los diagnósticos y la documentación, que han beneficiado sobre todo a hospitales y aseguradoras.La llegada de la IA generativa no ha sido perfecta y ha dejado claro un problema que ha limitado la innovación en esta industria, el de la falta de datos de pacientes disponibles. Aunque las biotecnológicas ya usan en pequeña escala modelos predictivos desde hace más de una década, la escasez de información para alimentar la IA favorece a las grandes empresas, abastecidas con datos de sus estudios multimillonarios, frente a las pequeñas. Desde Pictet, Haueter sostiene que con el tiempo la IA debería mejorar la recopilación de datos y, con ello, “la toma de decisiones y las probabilidades de éxito”. Además de los medicamentos para adelgazar y de la IA, hay otros motivos para ser optimistas con el sector, como añaden desde Mutuactivos, que destaca los avances en los tratamientos para enfermedades cardiovasculares o la cirugía robótica: “El sector salud es una de las grandes tendencias estructurales de los próximos años”. El futuro también plantea desafíos para el sector, algunos cada vez más cercanos. Las patentes de varios medicamentos expirarán en los próximos años, entre ellos Ozempic, cuya protección vence en 2032. Otro ejemplo es Keytruda, indicado para tratar varios tipos de cáncer. Este medicamento, cuya patente expira en 2031 en Europa y en 2036 en EE UU, registra unas ventas astronómicas, difíciles de comparar con las de un producto convencional. Su facturación, que roza los 30.000 millones de dólares (unos 25.000 millones de euros), rivaliza con la de toda la marca Zara o con el PIB de un país como Malta.La industria farmacéutica está acostumbrada a los ciclos de pérdida de patentes, como suele pasar una vez en cada década más o menos, pero nunca ninguna involucró cifras tan importantes. Desde Janus Henderson, Sean Carroll cifra el perjucio del próximo “abismo de patentes”, como se conoce en la jerga del mercado, en al menos 200.000 millones de dólares (171.000 millones de euros) en ventas, pero todavía mantiene su optimismo.“Algunas compañías hacen un buen trabajo en sustituir estos ingresos perdidos y otras, no. [Las primeras] son valores sobre los que podríamos empezar a tener una visión mucho más constructiva en los próximos años”, señala Carrol. En este sentido, se muestra más constructivo con Merck, fabricante de Keytruda, que con Novo Nordisk con Ozempic. Habrá que ver si el formato en pastillas de su fármaco estrella surte efecto y cambia el rumbo de la farmacéutica danesa.