La fecha del Mundial de Fútbol aparece marcada en el calendario político. En el Gobierno lo observan como un evento capaz de monopolizar la atención pública y ofrecer una tregua temporal frente a los problemas de gestión. Pero en el peronismo también lo anotan en rojo. No para aprovecharlo durante su desarrollo, sino para lo que vendrá después. La idea es que, una vez terminado el torneo, comenzará una etapa en la que será necesario mostrar con mayor claridad quiénes pueden representar una alternativa de poder para 2027. La discusión no es menor. En un espacio que todavía busca ordenarse después de la derrota electoral de 2023, los principales dirigentes coinciden en que hace falta construir volumen político, instalar figuras y volver a conectar con una sociedad que sigue mirando con desconfianza a gran parte del sistema político. En ese escenario, Axel Kicillof aparece como uno de los nombres inevitables. El gobernador bonaerense construye sin anunciar una candidatura. A su alrededor funcionan distintas mesas sectoriales que trabajan en propuestas y articulación política mientras él profundiza una estrategia de recorridas por el país. La visita a las provincias, como la que hizo a Córdoba (la próxima es Corrientes) tiene que ver con ese esquema: mostrar presencia territorial y reforzar la ciudadanía.