Hay una paradoja silenciosa alrededor de la ópera. El género que durante siglos representó la vanguardia absoluta de la creación artística hoy suele ser asociado a la conservación, al patrimonio y a la repetición de repertorios clásicos. Por eso, cuando una institución como el Teatro Colón decide estrenar una obra completamente original, escrita específicamente para ese escenario, el acontecimiento adquiere una dimensión que va mucho más allá de una programación cultural. Dementia, la nueva ópera de Oscar Strasnoy con libreto de Ariana Harwicz, dirección musical de Tito Ceccherini y puesta en escena de Mariano Pensotti, aparece entonces como algo más raro: una apuesta institucional, artística y hasta política por la idea de que la ópera todavía puede producir presente. La obra, encargada originalmente por el Colón en 2022, se estrena el 31 de mayo como una nueva producción del teatro y con la Orquesta Estable en el foso. La historia sigue a una pareja —una escritora argentina y un traductor francés— en tres momentos simultáneos de sus vidas: a los 25, a los 50 y a los 75 años. Lo que aparece en escena no es solamente el deterioro del tiempo sobre los cuerpos y las relaciones, sino también la sensación de que cada persona termina convertida en una versión defectuosa de sí misma. “Somos malas traducciones de nosotros mismos”, dice una de las líneas centrales del libreto. “Es algo muy importante y parte de la misión natural de un teatro de producción”, explica el director general de la institución Gerardo Grieco cuando se le pregunta qué significa estrenar mundialmente una ópera en el Colón. “Se hace menos de lo que se debería por razones económicas y también por la dificultad que tiene cualquier gran teatro para administrar sus cuerpos estables y sus tiempos de escenario. Pero es una práctica deseable que defendemos y queremos seguir desarrollando”.