Ópera Independiente de San Telmo nace de una pregunta simple y necesaria: ¿por qué hay tanta gente que se emociona con una voz lírica, pero nunca pisó una sala de ópera? Creo que la respuesta es clara: la ópera suele percibirse como un arte lejano, caro, cerrado y elitista. Y, spoiler, es todo lo contrario. A la par, para los artistas existe otro problema estructural: entre los conservatorios y los grandes teatros oficiales, como el Teatro Colón, hay pocos espacios intermedios donde los jóvenes cantantes puedan desarrollar personajes protagónicos completos. Sin experiencia nadie los toma, por más talento que tengan. Esos artistas merecen un espacio y un trato digno. Por eso nace nuestra compañía: para acercar los artistas a la ópera y la ópera a la gente. Nuestro grupo funciona como una cooperativa autogestiva. Cada área tiene sus responsables —dirección general, producción, dirección musical y escénica—, pero todos remamos para el mismo lado y a pulmón. Gestionar nos supone un aprendizaje constante que cambia de obra en obra y de temporada en temporada. Estamos en crecimiento permanente. Nuestro compromiso con los artistas emergentes es darles lugar cuando los circuitos tradicionales todavía no los miran. Muchos talentos quedan sin escenario y creemos que, si el sistema está mal, no alcanza con quejarse: hay que cambiarlo. Y cambiarlo implica accionar, crear y construir espacios donde antes no los había. Para muchos artistas, los primeros contactos con la ópera suelen darse en actividades formativas o espacios alternativos. Nuestro equipo reconoce el valor de esas experiencias porque todos conocimos la ópera en una iglesia, en la muestra de canto de un amigo o en una función en un teatro de barrio. Sabemos que existe un público enorme fuera del Teatro Colón que todavía no fue alcanzado.