La provincia de Córdoba se encuentra sumida en un estado de profunda conmoción, dolor y rabia. Lo que comenzó el pasado sábado como una desesperada búsqueda contrarreloj finalizó de la peor manera con la aparición del cuerpo sin vida de Agostina, la niña que era intensamente buscada por sus familiares, vecinos y organizaciones sociales.
Apenas se conocieron las novedades del hallazgo y concluyó la fría conferencia de prensa brindada por el fiscal de la causa, Raúl Garzón, referentes de la izquierda local, agrupaciones feministas y allegados directos de la familia de la víctima se concentraron para manifestar su repudio. En un clima de extrema sensibilidad, el foco de los reclamos se centró de forma directa en las máximas autoridades políticas y judiciales, exigiendo de inmediato la renuncia del Ministro de Seguridad de la provincia, Juan Pablo Quinteros.
El punto de inflexión de la jornada ocurrió durante la comparecencia ante los medios del fiscal Raúl Garzón. Si bien los detalles técnicos del operativo confirmaron la peor de las hipótesis, fue la terminología y el enfoque judicial lo que desató la furia de las organizaciones presentes. Garzón evitó encuadrar de manera taxativa el hecho bajo "Femicidio".














