Hace ahora ocho años tenía lugar en el Congreso de los Diputados la deliberación y votación de la moción de censura contra el presidente Mariano Rajoy. La primera y hasta el momento única moción de censura que ha prosperado en la España democrática.La iniciativa parlamentaria fue presentada por el PSOE el 25 de mayo del 2018, poco después de conocerse la primera sentencia condenatoria por el caso Gürtel. La presidenta del Congreso, Ana Pastor, del Partido Popular, fijó un plazo de tiempo muy corto para llevarla al pleno. Menos de una semana. Moción exprés. El candidato socialista Pedro Sánchez comparecería el día 31 de mayo, se abriría la discusión y la primera votación tendría lugar el 1 de junio. Siguiendo instrucciones de Rajoy, la presidenta del Congreso quiso acortar los tiempos para dificultar un acuerdo político de la oposición. Los números existían pero el trauma vivido en Catalunya dificultaba que el partido de Carles Puigdemont se sumase a la iniciativa. Creían que el factor tiempo era muy importante en aquellas circunstancias; el Partido Nacionalista Vasco, por ejemplo, acababa de dar su voto a los presupuestos generales del Estado del año 2019. No se imaginaban al PNV cambiando de opinión en tan corto plazo de tiempo. Se equivocaron. La rapidez de la tramitación facilitó que la iniciativa prosperase. Si hubiesen establecido un plazo más largo, seguramente se habrían producido mayores disensiones en el bloque opositor. Ni la Constitución ni el reglamento del Congreso establecen una fecha límite, pero el reglamento indica que deben esperarse al menos cinco días después de la presentación de una moción de censura. A Mariano Rajoy siempre se le criticó la tendencia a demorar los tiempos y dejar para mañana decisiones que podría haber tomado hoy. Esa vez se equivocó. Vamos a explicarlo.El adiós de RajoyRajoy quiso que la moción de censura de Sánchez se votase inmediatamente, creyendo que así la entorpecía... y se equivocóMariano Rajoy durante la primera jornada de la moción de censura en el Parlamento español, en Madrid, el jueves 31 de mayo de 2018APEl voto del Partido Nacionalista Vasco (cinco escaños) y el del Partit Demòcrata Europeu Català (PDECat, partido heredero de Convergència Democràtica, con ocho escaños), sería decisivo. Los nacionalistas vascos inicialmente dudaban: acababan de votar a favor de los presupuestos presentados por Gobierno del Partido Popular. La senadora Marta Pascal, entonces coordinadora general del PDECat, tomó el mando de la negociación en Madrid y la condujo con mucha habilidad. El ‘momento Marta Pascal’ fue crucial aquellos días, puesto que Puigdemont inicialmente no era partidario de votar a favor. Son falsas las versiones que apuntan a que Puigdemont fue un entusiasta de la moción de censura para ‘vengarse’ de la aplicación del artículo 155 de la Constitución en Catalunya. Puigdemont no deseaba en aquellos momentos un apaciguamiento de la cuestión catalana y temía que ese apaciguamiento acabase provocando su marginación política, por hallarse fuera de España. Su 'exilio' podía eternizarse. Ese era y sigue siendo su temor.Conviene explicar mejor ese pasaje. Puigdemont temía que un Gobierno del PSOE intentase anestesiar Catalunya con buenas palabras y con la promesa de un indulto a los políticos catalanes que habían pasado por prisión por su implicación directa en los hechos de Octubre de 2017. El Tribunal Supremo aún no había emitido sentencia sobre esos hechos. Aún no había tenido lugar el juicio. Puigdemont, que en aquel momento aún no controlaba de todo el partido refundado por Artur Mas, temía que un gradual apaciguamiento de la tensión catalana provocase una mayor división del bloque independentista, ya muy fracturado, y un mayor deseo social de ‘pasar página’. Temía perder el control de su grupo parlamentario en Madrid. La coordinadora general del PDECat, al contrario, creía que la aprobación de la moción de censura podía abrir paso a una nueva fase política que pacificase Catalunya y que ayudase a la vieja/nueva Convergència a reemerger como fuerza centrista y moderadora.Con ese enfoque, Pascal hizo creer durante unos días al PNV que el apoyo del PDEcat estaba prácticamente decidido, a la vez que comunicaba a Puigdemont que el PNV ya tenía prácticamente una decisión tomada. También Pablo Iglesias, principal dirigente de Podemos, habló aquellos días varias veces por teléfono con Puigdemont para darle a entender que la situación se estaba inclinando a favor de la moción. El hombre de Waterloo no quería hacerle ningún favor al PSOE, pero tampoco quería quedarse solo apoyando a Rajoy. El Partido Nacionalista Vasco, con EH Bildu pisándole los talones en Euskadi, tampoco quería quedarse solo apoyando a Rajoy. Si el Partido Popular hubiese demorado un par de semanas la votación, quizá las cosas se habrían complicado en el PDECat. Podemos afirmar, sin riesgo a equivocarnos, que la moción de censura contra Mariano Rajoy salió adelante gracias a las gestiones de una catalanista moderada (Pascal), que consideraba un error la manera como había culminado el denominado ‘procés’. A su lado, de manera coyuntural, estaba el líder de Podemos, deseoso de tener un papel decisivo en la política española. Iglesias ya sabía que su próximo paso sería plantear el ingreso de la coalición Unidas Podemos en el Gobierno, como así ocurrió a lo largo del 2019. Pascal e Iglesias tuvieron un papel clave en uno de los capítulos políticos más relevantes de la España reciente. Lee tambiénLa moción se votó el día 1 de junio y el 21 de julio de aquel mismo año, Marta Pascal presentaba su dimisión como coordinadora general del PDECat, ante el veto de Puigdemont a su reelección. El hombre de Waterloo había aprendido la lección: tenía que controlar con mano firme el grupo parlamentario en Madrid. En las elecciones generales del 2019 se aseguró que ello fuese así. Cuando la plataforma electoral Junts per Catalunya se convirtió en partido, absorbiendo y orillando al PDECat, Puigdemont controlaba perfectamente a sus diputados en Madrid. La actual portavoz de Junts en el Congreso, Miriam Nogueras, es absolutamente leal a Waterloo.Han pasado ocho años, periodo de tiempo equivalente a dos legislaturas, y la política española vuelve a estar ante unos puntos suspensivos que podrían conducir a una moción de censura para tumbar a Pedro Sánchez y proceder después a la convocatoria de elecciones generales. De nuevo el voto del PNV y de los nacionalistas catalanes que han adoptado el título de independentistas aparecen como decisivos. Aitor Esteban ha sustituido a Andoni Ortuzar en la presidencia del PNV. Marta Pascal se ha retirado de la política militante -aunque conserva las ideas que le movieron a actuar hace ocho años-, Puigdemont mantiene el control de Junts, con algunas disensiones internas, y Miriam Nogueras le obedece. Pablo Iglesias también ha salido del primer plano de la política, aunque mantiene un fuerte ascendente sobre Podemos, reducido a cuatro diputados en el Congreso después del cisma con Sumar. Esos cuatro diputados también tendrían su peso en caso de moción de censura. La historia no se repite, pero rima.Días cafeterosEl Partido Popular no sabe qué hacer; PNV y Junts nadan y guardan la ropaLa portavoz del PNV en el Congreso, Maribel Vaquero; PNV y Junts no quieren que las próximas elecciones generales coincidan con las municipales previstas para mayo del 2027Ananda Manjón - EPSon días cafeteros. La aceleración de los casos judiciales que acechan al PSOE y las graves acusaciones que pesan sobre José Luis Rodríguez Zapatero por su presunta actuación como comisionista en Venezuela, tienen al país en vilo. El Partido Popular no sabe qué hacer. Exige la convocatoria inmediata de elecciones generales, pero no se atreve a presentar una moción de censura, por miedo a perderla. Alberto Núñez Feijóo mira a PNV y Junts, y les presiona, acusándoles de complicidad con un cuadro de corrupción general. Un cuadro general en el que gentes del PP siguen teniendo lugar reservado en el banquillo de los acusados. Estos dias tiene lugar el juicio contra la antigua cúpula del Ministerio del Interior, acusada de haber utilizado a la Policía para intentar frenar las investigaciones del caso Gürtel, el denominado casoi caso Kitchen. Presunta utilización de la Policia para entorpecer una investigación por corrupción. No es un asunto menor. Sigue en curso una lenta investigación sobre las actividades del ex ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. El antiguo consejero de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, Francisco Granados, afronta un juicio por corrupción junto con otros 40 acusados (caso Púnica), mientras su antigua mentora, Esperanza Aguirre, participa en manifestaciones contra la corrupción de los socialistas. El cuadro general español es estos días impresionante, con notas valle-inclanescas.‘¡Puigdemont a prisión!’ se coreaba hace poco más de un año en las seis manifestaciones consecutivas convocadas en Madrid por el PP para expresar su rechazo a la amnistía de los independentistas catalanes condenados por la Justicia. Puigdemont a presión, nos dice el momento actual. ¿Hay negociaciones subterráneas entre el PP y Junts? Solo podemos asegurar que los canales de comunicación entre ambas formaciones están abiertos después de la amnistía. Sabíamos que este momento iba a llegar. Lo hemos escrito en diversas ocasiones.Han pasado ocho años y Puigdemont sigue en Waterloo, pendiente de la aplicación de la ley de Amnistía a su caso. Debe pronunciarse el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), con sede en Luxemburgo, ante una petición de aclaraciones formulada por el Tribunal Supremo, haciendo uso del derecho de consulta denominado cuestión prejudicial. Esa sentencia lleva retraso y podría conocerse en octubre. De entrada, no parece que Puigdemont desee arriesgarse a que un gobierno del PP y Vox tenga la última palabra sobre su futuro si antes no se aclara la aplicación de la ley de Amnistía. Si no han cambiado de opinión, ambos partidos desean verle en la cárcel.Junts nada y guarda la ropa estos días: dice que Sánchez debería convocar elecciones y a la vez afirma que no piensa apoyar una moción de censura del PP con el apoyo de Vox. El PNV también afirma que la legislatura debe darse por concluida y enfatiza que las elecciones deberían celebrarse antes que acabe 2026. Acto seguido, los nacionalistas vascos puntualizan que no piensan votar una moción de censura promovida por la derecha española. PNV y Junts sobretodo no quieren que las próximas elecciones generales coincidan con las municipales previstas para mayo del 2027. La organización de un gran ‘superdomingo’ electoral en mayo del 2027 podría ser unas de las opciones de Sánchez: ponerlo todo en juego de una sola tacada.El PNV no quiere unas municipales muy polarizadas entre derecha e izquierda. Recordemos que en las elecciones municipales del País Vasco se votan también las Juntas Generales de las tres diputaciones forales, en cuyas manos se halla la Hacienda Vasca. Junts tampoco quiere una campaña municipal opacada por las generales. Junts se va a jugar el tipo frente a Aliança Catalana, formación de nuevo tipo que defiende posiciones de extrema derecha en materia de inmigración y seguridad, en bastante consonancia con el lepenismo francés. Las encuestas apuntan a que Aliança Catalana podría obtener un 20%, robándole muchos votos a Junts, especialmente en las comarcas interiores. Aliança Catalana es hoy el gran misterio de la política catalana. La alcaldesa de Ripoll, Silvia Orriols, jura que su incipiente partido, radicalmente independentista en teoría, no acudirá a las elecciones generales porque nada tiene que hacer en la política española. Con esos mimbres, Sánchez no echaba hoy a Rajoy. ¿Le van a echar a él?El PP no sabe qué hacer con la moción de censura. Si no la presenta, la furia y el malestar de los electores más irritados por la situación, el voto de los más excitados por una movilización mediática de enorme voltaje, podría canalizarse en favor de Vox. Vox ha vuelto a crecer dos puntos en el último barómetro del CIS, anterior a los últimos escándalos, conocido ayer. Si Feijóo se queda quieto puede beneficiar a Vox. Si se mueve, si presenta la moción y la pierde, algunos populares creen que pueden acabar beneficiando al PSOE ante la evidencia de que Sánchez no tiene hoy alternativa, pese a las dificultades que le atenazan.El Partido Socialista, contra las cuerdasEl margen de Sánchez se estrecha y el PSOE intenta fijar la idea de que está siendo objeto de una campaña de desestabilizaciónEl líder del PSOE, Pedro Sánchez, abandona el hemiciclo tras finalizar el debate de la moción de censura presentada por el PSOE contra el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en mayo de 2018EFELo recordábamos la semana pasada. Felipe González presentó en mayo del 1980 una moción de censura a Adolfo Suárez sabiendo que la iba a perder aritméticamente, con la ambición de ganarla políticamente. Y la ganó en términos políticos. El joven Felipe González de 1980 dejó claro que él era la alternativa. ¿Está en condiciones Feijóo de emular a González en estos momentos? Ambos personajes han trabado una cierta amistad. Si Feijóo es el futuro presidente del Gobierno de España, podemos estar seguros de que el octagenario González defenderá que el PSOE le ayude a gobernar en los asuntos clave -sin entrar en el Ejecutivo-, para aislar a Vox. Ello exige la muerte política de Sánchez. González piensa esto desde que vio cómo el PP de Mariano Rajoy perdía la mayoría absoluta en diciembre del 2015 y Podemos entraba en el Parlamento al galope. González sostiene que los dos grandes partidos deben turnarse en el poder, dejando que gobierne el más votado. Política de concertación nacional, sin grandes coaliciones.Este es el punto en el que hoy estamos, ocho años después de la primera moción de censura triunfante en España. El PSOE intenta romper el cerco poniendo el foco en la sospecha de muchos ciudadanos de estar ante una campaña de fondo para desprestigiar radicalmente al último partido socialista que gobierna un país grande de la Unión Europea. (Una redada contra la corrupción conmovió ayer al Partido Socialista portugués, formación que se halla en la oposición, pero que ha contribuido a aprobar los presupuestos del partido gobernante de centroderecha mediante la abstención. El modelo deseado por Felipe González).Casi nadie pone hoy la mano en el fuego por Rodríguez Zapatero, hay dudas sobre algunas de sus actividades en Venezuela, pero mucha gente sospecha de qué algo más está pasando, desde que el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos puso en manos de la policía española los datos de un teléfono móvil, perteneciente a un empresario venezolano, que podían incriminar al expresidente. En un momento dado casi todas las siete instrucciones judiciales que afectan de una manera u otra al PSOE han acelerado. Alguien está queriendo decir algo. Son días muy cafeteros.¿Qué margen le queda al Gobierno? Intentar pactar un programa de mínimos para finalizar la legislatura dentro de un año con los partidos que dieron la investidura a Sánchez, un programa que podría incluir la presentación de un presupuesto. ¿Existe ese margen?Adjunto al director de La Vanguardia. Al frente de la redacción en Madrid desde 2004. Anteriormente, corresponsal en Roma y redactor jefe de Información Local. Su último libro: ‘España, el pacto y la furia’ (2024)
Hace ahora ocho años
A finales de mayo del 2018 caía Mariano Rajoy, a finales de mayo del 2026 tropieza gravemente Pedro Sánchez; ocho años el tiempo de dos legislaturas












