CultoLa manía necrofílica de la industria musical viene aceitándose hace años. El primer atisbo se dio en 1991 con esa suerte de “ouija analógica” que fue la canción Unforgettable, que logró traer de vuelta a Nat King Cole en un tierno dueto con su hija Natalie. La emoción de ese reencuentro permitió normalizar una tendencia que cada vez se hizo más rentable. Por Ignacio Olivares30 MAYO 2026¿El show debe seguir? ComentariosHace pocos días los herederos de Ozzy Osbourne anunciaron la segunda venida del “Príncipe de las tinieblas”. El cantante británico, fallecido en 2025, será recreado como un avatar holográfico y se podrá interactuar con él -recibiendo las mismas respuestas inconexas que daba en vida- a través de unas cabinas ubicadas en distintas ciudades. “Oye, Ozzy” será el nuevo Siri. Como era de esperar, los fanáticos aletearon en las redes sociales por tamaño sacrilegio postmortem; Sharon Osbourne replicó que “Elvis murió hace 50 años y todos conocen a Elvis. Yo quiero eso para Ozzy”. Sólo falta ver si a esta versión digital le apetece un murciélago. Esta manía necrofílica de la industria musical viene aceitándose hace años. El primer atisbo se dio en 1991 con esa suerte de “ouija analógica” que fue la canción Unforgettable, que logró traer de vuelta a Nat King Cole en un tierno dueto con su hija Natalie. La emoción de ese reencuentro permitió normalizar una tendencia que cada vez se hizo más rentable y que ha medrado con los avances tecnológicos. Si en 2019 la serie Black Mirror ya fantaseaba con una distopia de artistas holográficos ubicuos y desechables, ahora es posible verlo en los estadios. El espectáculo Abba Voyage, que revivió al cuarteto a través de avatares en un anfiteatro londinense, se ha transformado en una marca registrada que aporta buenos dividendos a la capital inglesa. Los más de cuatro millones de visitantes que ha tenido el show han potenciado un ecosistema de turismo, hotelería, restoranes y souvenirs que da trabajo a miles de personas. Claro que los miembros de Abba siguen vivos, pero no necesitan estarlo. El grupo Kiss, que tiene olfato para el negocio, ya prepara su propia versión de hologramas al estilo de Abba, pero con esteroides. El propio Gene Simmons sacó la lengua para decir que Kiss cerraba su etapa como banda de gira, pero en 2027 regresarán con hologramas que se “parecen a los X-Men”. “Welcome back my friends to the show that never ends” cantaba Greg Lake en la distópica suite Karn Evil 9 de Emerson, Lake and Palmer. Elvis Presley, Whitney Houston, María Callas, Roy Orbison, Buddy Holly y hasta Gustavo Cerati han sido parte de estas nigromancias musicales que inundan las salas de conciertos. Simon Reynolds, autor del libro Retromanía, trató esta práctica como una forma de competencia desleal: son estrellas establecidas que perpetúan su dominio después de su muerte y ahogan las oportunidades de artistas nuevos. El teórico Mark Fisher fue un poco más lejos y criticó este síntoma de una cultura pop incapaz de imaginar futuros, condenada a reciclar los espectros de un pasado más imaginativo que su presente.Uno hubiera esperado que Daft Punk, con su estética robótica, hubiera seguido esta tendencia, pero el dúo fue categórico en su ética. Cuando se “desenchufaron” en 2021, Thomas Bangalter sentenció que ellos siempre estuvieron del lado de la humanidad y no del lado de la tecnología. Esa declaración -y el video Epilogue que la acompañaba- fue un verdadero acto de resistencia punk que, en todo caso, terminó siendo un saludo a la bandera. La industria ama a los muertos y pretende eternizarlos. Elvis, sacúdete en tu criptomoneda. Más sobre:Ozzy OsbourneNat King ColeBlack mirrorKissGene SimmonsEmerson, Lake and PalmerSimon ReynoldsElvis PresleyMúsicaMúsica cultoNatalie ColeLT SábadoNEWSLETTERCultoMiércoles, AMSeries, libros, música y cine que están en boca de todos. La guía pop para entrar con estilo a las conversaciones del momento.Al suscribirte estás aceptando los Términos y Condiciones y las Políticas de Privacidad de La Tercera.
¿El show debe seguir? - La Tercera
La manía necrofílica de la industria musical viene aceitándose hace años. El primer atisbo se dio en 1991 con esa suerte de “ouija analógica” que fue la canción Unforgettable, que logró traer de vuelta a Nat King Cole en un tierno dueto con su hija Natalie. La emoción de ese reencuentro permitió normalizar una tendencia que cada vez se hizo más rentable.













