“Ideas, conocimientos, arte, hospitalidad, viajes… son cosas que por naturaleza deberían ser universales. Sin embargo, que los bienes sean de fabricación casera siempre que sea razonable y convenientemente posible, y -sobre todo- que las finanzas sean primeramente nacionales” (John Maynard Keynes, 1934, La Auto-suficiencia nacional, Trimestre Económico # 1, FCE, México, pp. 175-176). La versión original, en inglés, de este notable artículo de Keynes, apareció en 1933, año en el que Adolfo Hitler accede al poder en Alemania, y su lectura se prestó a ciertas confusiones, como aquella en la que incurrió el líder fascista británico Oswald Mosley, quien le felicitó por una supuesta conversión al nacionalismo autoritario. “Escribí como lo hice, no para abrazarte sino para salvar al país de Ti”, respondió Keynes (Robert Skidelsky, 2013, John Maynard Keynes. La biografía definitiva del economista más influyente de nuestro tiempo, RBA, Barcelona, p. 684). En realidad, Keynes manifiesta en este artículo algunas dudas sobre la efectividad del libre comercio para proveer de paz y de crecimiento económico al mundo de aquella terrible década, al tiempo que -sin explicitarlo abiertamente- ofrece un grado considerable de comprensión a las relevantes elaboraciones de Federico List, contenidas en su Sistema Nacional de Economía Política (1942, FCE, México, 406 pp.). Un libro que, publicado en 1841, ofrece los más importantes elementos para la comprensión del mundo de hoy. Los sujetos económicos de las teorías clásica, marxista, malthusiana, millista (por J. S. Mill) y keynesiana, son las clases sociales; mientras que, para la teoría neoclásica, son los individuos. List ofrece la singularidad de convertir a las naciones en los sujetos económicos, tanto para su teoría cuanto para la práctica que le llevó a crear la Zollverin, una peculiar unión aduanera de los estados germánicos, en 1834, ¡27 años antes de la formación, por Bismarck, de Alemania! El romanticismo alemán combinado por una notable inspiración en Alexander Hamilton, orientan el patriotismo de List y su sólida obra, intelectual y política. En ella, la protección temporal de las industrias infantas, la antelación del desarrollo nacional al libre comercio y el papel estelar de la educación, son algunas de las características definitorias que, al lado de la coordinación entre la agricultura y la manufactura, establecida por el Estado, conforman las bases de la política industrial que es mucho más que un nombre elegante para el proteccionismo, como ironizó John K. Galbraith. La reciente explosión de entusiasmo de nuestro secretario de economía por el crecimiento, hasta los 23 mil millones de dólares de la Inversión Extranjera Directa (IED), entre marzo de 2025 y el marzo de este año, requiere de cierta ecuanimidad a la luz de algunos datos: 1.- La IED representa alrededor del 17 % de la inversión total, y el 83 % restante, en lugar de crecer, disminuyó; 2.- El 94 % de la IED celebrada es, en realidad, reinversión, con solo un 6 % de inversión nueva, y 3.- El sector dominante de la celebrada IED es el de bancos y aseguradoras: los parásitos que empobrecen a familias, empresas y gobiernos por endeudamiento y que saben que aquí no hay regulación, ni ganas de imponerla, al usurario margen de intermediación, la diferencia entre lo que el capital financiero paga a los ahorradores y lo que cobra a los sujetos de crédito. Si consideramos que, de 53 instituciones de banca múltiple que operan en el país, solo 6 son mexicanas, vale la pena preguntar si el secretario de economía sabe qué es lo que está celebrando; aunque sea sonrisa de político. Cuánta razón tenían List y Keynes y qué lejos están los constructores de nuestro desarrollo económico de alcanzar algún éxito verdadero.Únete a nuestro canal