Quiero un helado, quiero el videojuego de moda, quiero unas bambas, quiero pasar el fin de semana fuera con los amigos, quiero volver a casa después de las doce de la noche... Quiero otro referéndum de independencia... La estrategia de los nacionalistas escoceses es como la del niño o adolescente que sabe de antemano que le van a decir que no, pero aún así insiste en la justicia de su reclamación para ablandar poco a poco la negativa de sus padres y preparar el terreno de cara al futuro.En el caso del gobierno laborista británico, y en lo que se refiere a una consulta soberanista en Escocia, no es no. Y no sólo para el actual primer ministro, Keir Starmer, sino para los aspirantes a destronarlo (Andy Burnham, Wes Streeting, Angela Rayner...). El conservador David Cameron accedió a un referéndum en el 2014 convencido de que lo ganaría de calle, y como el resultado fue mucho más apretado de lo esperado (55%,3% a 44,7%, y eso después de la intervención hasta de la reina Isabel II en defensa de la unión), todos sus sucesores han visto las orejas al lobo y se han negado a contemplar una repetición. Máxime teniendo en cuenta que ahora las encuestas sugieren un empate entre el sí y el no, y a veces incluso una pequeña ventaja de quienes prefieren la ruptura.El Partido Nacional Escocés (SNP) acudió a las recientes elecciones autonómicas diciendo que vería una victoria como un mandato para pedir otro referéndum, y obtuvo un quinto triunfo consecutivo, aunque a siete escaños de la mayoría absoluta en el Parlamento de Holyrood. El apoyo que le falta se lo dan los Verdes, que también son indepes , y por ello el ministro principal Jown Sweeney considera que se cumplen los requisitos para replantear la independencia doce años después de la votación original.Para otra consulta haría falta que el gobierno central traspasara al Parlamento escocés la prerrogativa de convocarlaEl Legislativo escocés ha respaldado la reclamación con el apoyo de nacionalistas del SNP y Verdes, y la oposición de todo el bloque unionista (laboristas, conservadores y liberales demócratas), pero Londres ni se ha inmutado. A Keir Starmer posiblemente le quedan pocos telediarios en Downing Street, está pendiente de su legado y no quiere pasar a la historia como el primer ministro que fracturó la Unión. Tampoco quisieron Boris Johnson o Rishi Sunak. Su posición se resume en aquello que dice el refranero español de que contra el vicio de pedir está la virtud de no dar.Para la celebración de otra consulta haría falta que el gobierno central traspasara al Parlamento escocés la prerrogativa de convocar la consulta, y el Tribunal Supremo ha ratificado que es competencia de Londres y no Edimburgo. Alex Salmond convenció a David Cameron de que lo hiciera en el 2014 con la condición de que el asunto quedaría zanjado por varias generaciones si salía el no a la separación. Sus sucesores se han aferrado a ese planteamiento, y dicen que doce años no es tiempo suficiente para sacar otra vez el tema a colación.En Escocia se da la paradoja de que ha aumentado el apoyo a la independencia por la impopularidad del laborismo, el avance de la ultraderecha y la perspectiva de que Nigel Farage se convierta en primer ministro del Reino Unido. Pero, paralelamente, ha bajado la aprobación a la gestión del SNP por el desgaste lógico del poder (va a entrar el año próximo en su tercera década), el deterioro de la educación, la sanidad y los servicios públicos igual que en el conjunto del Reino Unido, el aumento de la drogadicción y la delincuencia, el juicio a Alex Salmond por abusos sexuales (aunque fue exonerado por falta de pruebas suficientes), la renuncia de Nicola Sturgeon y la admisión de su ex marido y ex principal ejecutivo del SNP, Peter Murrell, de haber malversado fondos. Nada menos que medio millón de euros que fueron recaudados para celebrar otro referéndum, y él se los pulió en una caravana, dos coches, un robot para cortar el césped, relojes, plumas estilográficas, una máquina de Nespresso, una vajilla alemana, seis Nintendos...La justicia escocesa ha aceptado que Nicola Sturgeon no sabía nada de la malversación de fondos de su ex maridoComo la justicia escocesa no están ni tan politizada ni tan escorada como la española, ha aceptado la versión de Sturgeon de que tenían cuentas separadas, se hallaba demasiado ocupada dirigiendo el país como para preguntar a su marido de dónde sacaba el dinero para comprar todos esos artilugios (o un collar que regaló en las islas Shetland), y que se siente tan engañada y traicionada como los benefactores que dieron sus libras para la organización de un referéndum y no para comprar una cafetera o unos palos de golf.La oposición critica con ironía su falta de curiosidad, y el asunto no favorece en absoluto la imagen del SNP. Pero para los nacionalistas escoceses no hay que mezclar peras y manzanas, y la corrupción no tiene nada que ver con el referéndum. Contra el vicio de no dar, dicen, está la virtud de pedir.Abogado y periodista. Corresponsal de 'La Vanguardia' en Washington entre 1977 y 1994, y en Londres desde 1994.