Las imágenes son elocuentes: una playa en las Islas Feroe repleta de personas este miércoles, entre ellas algunos niños, que contemplan cómo decenas de delfines son conducidos hasta la orilla a la fuerza y sacrificados mientras el agua se tiñe de rojo. Los animales no tienen escapatoria. Los barcos pesqueros que los han llevado allí desde alta mar bloquean la salida de la bahía y los empujan hacia la trampa mortal. Es el grind o grindadráp, un polémico y primitivo método de captura de delfines que se remonta al siglo IX, en época de la expansión vikinga. La organización ecologista Sea Shepherd ha informado de la muerte de 706 delfines en tres cacerías realizadas en el archipiélago este miércoles, en un solo día. Los feroeses lo consideran una tradición profundamente arraigada en el archipiélago ―situado en el Atlántico norte, entre Islandia, Noruega y Escocia―, mientras que oenegés conservacionistas llevan años denunciándolo como una matanza. Sea Shepherd asegura en un comunicado que “la magnitud de estas matanzas supera ya los dos tercios del total de mamíferos marinos sacrificados en las islas durante todo el año pasado”, cuando se contabilizaron alrededor de 1.000 animales muertos. Entre los cetáceos sacrificados esta semana había calderones (Globicephala melas), delfines de flancos blancos atlánticos (Lagenorhynchus acutus), las especies más habituales en el grind de las Islas Feroe, además de algún delfín mular (Tursiops truncatus), indica la ONG. Especies que figuran como de “preocupación menor” en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Ante las quejas, las autoridades feroesas se defienden y aseguran que estas capturas forman parte de una actividad regulada. En una página web oficial, el Gobierno sostiene que la caza de calderones —sin mencionar a las demás especies capturadas— “no es un festival anual ni un ritual”, sino una práctica destinada a proporcionar alimento a la población local. Según su versión, la conducción de los animales hacia la costa, su varamiento, sacrificio y posterior distribución están sujetos a leyes y normativas específicas, y las capturas se reparten entre los participantes y la comunidad.Animales muy sociales“Estamos hablando de delfines, que son mamíferos superiores altamente sociales, con similitudes enormes con especies como la nuestra, es el equivalente a un primate en el medio terrestre. Es verdad que matamos vacas y caballos, pero se hace con modos de sacrificio no tan bárbaros como eran antes para minimizar el sufrimiento animal”, explica Bruno Díaz López, biólogo y director del Instituto para el Estudio de los Delfines Mulares (BDRI, por sus siglas en inglés). Lo que ocurre en las Islas Feroe, que se repite en algunas islas del sur de Japón, “no tiene ninguna justificación en la sociedad actual, tampoco desde el punto de vista biológico ni científico, solo es una forma de arrastrar tradiciones antiguas que se instauran como un símbolo de que es poseedor de algo diferente, único, que solo se hace allí y que es un orgullo patrio”, puntualiza el investigador. Los toros podrían ser un ejemplo de esas tradiciones en España. A pesar de que las Islas Feroe forman parte de Dinamarca, son un territorio autónomo y no pertenecen a la Unión Europea, por lo que no están obligados a cumplir ni la normativa europea ni los acuerdos internacionales que protegen a los cetáceos. Estas limitaciones no deberían impedir que la respuesta de Europa sea más contundente, porque “Bruselas ha criticado estas cacerías en varias ocasiones, pero sin que ello se traduzca en medidas de presión política o económica efectivas”, afirma Valentina Crast, responsable de la campaña de Sea Shepherd en las Islas Feroe.Crast critica también que falta determinar “una cuota efectiva que limite el número de animales que pueden ser sacrificados”. La decisión de llevar a cabo una cacería, explica, recae en las autoridades locales una vez que se avista un grupo de cetáceos.A su juicio, estas capturas son “oportunistas” y no están sometidas a un proceso de toma de decisiones “transparente y objetivo” que pueda ser evaluado posteriormente. Además, denuncia que no existe una legislación general de bienestar animal que garantice que las cacerías se desarrollen de forma controlada, regulada y humanitaria. Las cacerías de este miércoles son para Crast un ejemplo de ese caos: “los propios cazadores reconocieron que había escasez de lanzas espinales, cuyo uso es obligatorio para sacrificar a los delfines. Como consecuencia, varios mamíferos marinos fueron abatidos únicamente con cuchillos”.Y no es la primera vez que ocurre. En 2021 se desendacenó una gran tormenta internacional y de los propios ciudadanos cuando se conoció que se había cazado a 1.423 delfines en un solo día. Fue demasiado. Las autoridades atribuyeron lo ocurrido a un error de cálculo, porque nadie había estimado correctamente el tamaño de la manada antes de conducirla hasta la costa. Repartir la carne¿Qué se hace con la carne? El Gobierno explica que se distribuye gratuitamente dentro de la comunidad local donde tiene lugar. Sin embargo, ocasionalmente se puede encontrar carne y grasa de ballena a la venta en algunos supermercados y en los muelles, aclara. Crast cuestiona, sin embargo, la necesidad de mantener estas cacerías para abastecer a la población. “La demanda de carne de ballena y delfín ronda aproximadamente un kilo por persona y años. Con una población de 55.000 habitantes [la de las islas Feroe], eso supondría unas 55 toneladas anuales”, responde Crast. Teniendo en cuenta que un calderón puede proporcionar entre 1,5 y 2 toneladas de carne y grasa, ”no se necesitaría matar cientos de delfines y calderones al año”. El director de BRDI añade a su vez que el consumo de este tipo de productos ha caído debido a las cantidades de metales pesados que acumulan los cetáceos. Aunque la tradición se mantiene, las actitudes están cambiando. “Lentamente”, plantea Crast, y con una población local que no se atreve a “oponerse abiertamente al grind por la presión social que existe". Por ese motivo, “seguimos haciendo campaña en las Islas Feroe. Nosotros podemos soportar la presión, el acoso y la intimidación”, concluye.Para Díaz López, la única forma de acabar con esta práctica y otras semejantes es que el rechazo provenga de la propia sociedad: “Hay que trabajar desde dentro, educar, no puede depender solo de que un político lo prohíba, porque luego puede llegar otro que dé marcha atrás y lo vuelva a autorizar”. El científico recuerda que, aunque la situación que se vive en las Islas Feroe se ve ahora “como algo exótico”, en España en la época de la posguerra e incluso en los años sesenta se celebraban las conocidas como corridas de delfines. “Se dirigía a los delfines hasta el final de la ría de Pontevedra y allí se los encerraba y mataba, se trataba de eliminarlos porque se los consideraba como competidores que se comían los peces”.
Más de 700 delfines mueren en un día en las Islas Feroe en tres cacerías
La ONG Sea Shepherd denuncia que se mantenga este sangriento método de captura amparándose en la tradición













