Sin acritudCuando quienes gobiernan equiparan las cr�ticas con ataques a la democracia, adaptan los principios a sus necesidades y subordinan las instituciones a su supervivenciaPedro S�nchez, presidente del Gobierno, durante su comparecencia ante la prensa en Roma, el pasado mi�rcoles.EFEActualizado Viernes,

mayo

23:23Audio generado con IAHace unos meses escrib� que Pedro S�nchez hab�a fijado el criterio moral de su Gobierno en la reacci�n y no en el hecho. Ante los casos de corrupci�n o las agresiones sexuales que salpicaban a su entorno, sosten�a que lo decisivo no era lo ocurrido, sino la forma de responder: la rapidez del comunicado, la contundencia del gesto o la comparaci�n con el adversario.Aquella tesis era discutible, pero al menos ten�a coherencia. Hoy ni siquiera eso queda.Cuando las investigaciones judiciales cercan el n�cleo del sanchismo -es decir, a Rodr�guez Zapatero-, ya no importan ni el hecho ni la reacci�n. La �tica posterior al da�o ha sido sustituida por la negaci�n preventiva: no se explican los hechos, se desacredita al investigador; no se responde a los indicios, se denuncia al juez; no se asumen responsabilidades, se invoca la conspiraci�n.Esta deriva confirma una de las tesis centrales del oportuno estudio de Rafael Jim�nez Asensio, Falsos cimientos. La fragilidad de las instituciones en Espa�a (2026): buena parte de los males de nuestra democracia nacen de una tradici�n que confunde las instituciones con quienes las ocupan y el inter�s general con el del partido en el poder. En el sanchismo esos rasgos son reconocibles. Los principios dejan de ser permanentes y dependen de la identidad del afectado: lo que ayer justificaba una dimisi�n, hoy se relativiza; lo que ayer era exigencia �tica, hoy se denuncia como lawfare. Cuando eso ocurre ya no hay �tica p�blica.La misma l�gica explica la afirmaci�n de S�nchez de que no convocar� elecciones porque la Constituci�n fija cuatro a�os de legislatura. Se trata de una interpretaci�n falsa: la Carta Magna establece un m�ximo y permite expresamente la disoluci�n anticipada. Resulta a�n m�s llamativo que invoque una obligaci�n inexistente mientras lleva a�os incumpliendo otra bien real: la que obliga al Gobierno a presentar anualmente los Presupuestos Generales del Estado. Otro falso cimiento de los que describe Jim�nez Asensio: el uso instrumental de las instituciones y las reglas comunes.Los gobiernos pasan. Las instituciones deben permanecer. Pero cuando quienes gobiernan equiparan las cr�ticas con ataques a la democracia, adaptan los principios a sus necesidades y subordinan las instituciones a su supervivencia, recorren en tres pasos el camino de la �tica a la negaci�n y de la negaci�n a la impunidad. Y al final destruyen precisamente lo que dicen defender.