La Pen�ltimaNos llegan voces cr�ticas que meten en un mismo cazo su cine, su casa, su aspecto, su vida sentimental y, por supuesto, su orientaci�n sexualLos Javis, en el festival de cine de Cannes, donde fueron reconocidosActualizado Viernes,
mayo
21:45De todo lo que he le�do sobre La bola negra y su pase fulgurante por Cannes me quedo con esta frase de la cr�tica de Richard Lawson en The Hollywood Reporter: �A �ltima hora, esta austera y sombr�a competici�n nos entreg� algo v�vido y vertiginoso, un aviso de que la exuberancia no es privilegio exclusivo de los blockbusters de Hollywood�. Y a�ado este tuit del periodista David Opie: �Los Javis son los �nicos jueces de Drag Race que han ganado el premio a Mejor Direcci�n en Cannes�.Llevo tiempo poniendo bajo sospecha por igual a las normas que le imponen tanto al cine comercial como al que se dise�a con el ojo puesto en los festivales de prestigio. Dos automatismos diferentes que condicionan el g�nero, el casting, la fotograf�a y la distribuci�n de silencios. Dos mercados donde se consiente y hasta se fomenta la imitaci�n. Todos los cineastas vivos amenazados a punta de pistola sabr�amos imitar las se�as del cine palomitero y festivalero. Pero ninguno hubi�semos rodado nada parecido a La bola negra, que precisamente parece ser las dos cosas a la vez.Los esc�pticos y los despectivos, otra tradici�n tambi�n predecible, est�n obligados a reconocer el m�rito de Ambrossi y Calvo de inventarse lo suyo, de descubrir y asfaltar por su cuenta el sendero que va de Paquita Salas a La bola negra. Uno puede mirarse en muchos espejos si quiere ser cineasta, pero la haza�a de conquistar el gusto popular y elitista por igual ha exigido en cada ocasi�n resolver una ecuaci�n nueva en la que se exigen toneladas de personalidad propia. Nunca habr� dos Wes Andersons, dos Sorrentinos ni cuatro Javis.Nos llegan voces cr�ticas que meten en un mismo cazo su cine, su casa, su aspecto, su vida sentimental y, por supuesto, su orientaci�n sexual. En realidad es un efecto secundario del mismo fen�meno. Una nueva forma de ser cineasta incluye, en su caso, una nueva forma de ser famoso. La cultura japonesa lleva d�cadas haciendo patria con figuras como Takeshi Kitano o Hitoshi Matsumoto, que son a la vez humoristas cochinos de �xito masivo y directores de primera categor�a a escala internacional sin que una identidad invalide la otra. En Occidente seguimos prefiriendo que todo nos resulte familiar y nadie se salga del tiesto. Nos tranquiliza que las mansiones sean para los futbolistas, los pol�ticos y sus amigos. Que los gays se conformen con cierto trozo de la parrilla televisiva. Que los autores respetables no tengan cara de famosos y viceversa. Para m�s de uno ser�a m�s f�cil celebrar estos dos a�os consecutivos de triunfo espa�ol en Cannes si los directores galardonados no fuesen, adem�s, guap�simos.









