Una encuesta de Datafolha realizada con viajeros paulistanos eligió a Minas Gerais y a una de sus joyas coloniales más célebres, Ouro Preto, como los mejores destinos históricos del país —20% para cada uno. El estado también lideró de forma aislada como el destino más acogedor del país, con el 13% de las menciones.

El reportaje recorre la Estrada Real, que conecta Ouro Preto con Diamantina por la Cordillera del Espinhaço, para retratar lo que hace singular a Minas: una identidad construida en el viaje lento, no en el destino final, evocando la filosofía de João Guimarães Rosa, cuyo libro Grande Sertão: Veredas cumple 70 años.

El estado ofrece diversidad de experiencias: ciudades históricas como Tiradentes, São João del-Rei y Ouro Preto; naturaleza en Capitólio, São Thomé das Letras y Januária; termas en São Lourenço y Caxambu; y arte contemporáneo en Inhotim. La hospitalidad minera se expresa en el café servido antes de hora, en conversaciones interminables y en la gastronomía afectiva, del torresmo al feijão tropeiro.

Minas concentra casi un tercio de los patrimonios históricos brasileños reconocidos por la UNESCO, incluido el centro histórico de Ouro Preto, considerado el conjunto urbano colonial mejor preservado de Brasil. Ciudades cercanas a São Paulo, como Passa Quatro y Carrancas, son accesibles en pocas horas.