Apenas faltan unos días para que arranque junio y los logotipos de empresas, entidades, organismos públicos e incluso partidos políticos se tiñan de los colores del arcoíris con motivo del mes del Orgullo LGTBI. Como cada año, este despliegue de tonalidades en cartelería, merchandising o perfiles corporativos de redes sociales abre un debate que ya puede considerarse recurrente: ¿en qué casos este gesto refleja un compromiso verdadero y en cuáles, en cambio, no es más que pura fachada o postureo?
Una pregunta que, aunque pueda parecer anticuada en los tiempos que corren, cabe plantearse si se acude a las cifras. Tal y como revela el Índice de Confianza en las Empresas 2026, elaborado por la Federación Estatal LGTBI+ en colaboración con 40dB, solo el 23% de las personas del colectivo LGTBI es visible —o dicho de forma coloquial, ha salido del armario— en su entorno de trabajo. Este dato, contundente por sí solo, se entiende aún mejor si se añade que, en cambio, el 85% de esos mismos encuestados sí han expresado su orientación sexual y/o su identidad de género abiertamente en el resto de ámbitos de su vida, siendo el plano profesional el único entorno en el que no se han sentido seguros para hacerlo libremente.














