El desempeño académico es importante, sí, pero no lo es todo ni es lo fundamental. 29 de mayo, 2026 - 07h30En un mundo de constante competitividad, parece que el éxito de un estudiante se mide estrictamente por los resultados académicos. Muchos padres, movidos por el deseo genuino de asegurar un futuro mejor para sus hijos, paradójicamente se fijan a una métrica que limita un desarrollo más enriquecedor. Basta con preguntarles qué esperan de sus hijos en el futuro y descubriremos que desearán que sean personas seguras de sí mismas, creativas, empáticas, etc. Sin embargo, esto no necesariamente se verá reflejado en sus calificaciones. Detrás de la exigencia académica, el mensaje implícito es “vales lo que dice la nota” y esto puede conducir exactamente a todo lo opuesto a lo que los adultos esperarían de ellos. PublicidadLa priorización de las notas ha calado profundo desde la Revolución Industrial y su sistema que fomentó el desempeño individual para responder a las necesidades de la eficiencia en las fábricas del siglo XIX. El mismo método de calificaciones surgió como un instrumento de estandarización y economía del tiempo, que inicialmente permitía verificar el control de calidad de las fábricas y que luego se trasladó a las personas para clasificar quién “da la talla” o no. Rápidamente las escuelas adoptaron este mismo sistema, enfocadas en la productividad, olvidándose de la complejidad de la medición sobre todo cuando de lo humano se trata. ¿Dónde queda el valor del proceso y de las experiencias? A veces aprendemos mucho más de los errores que de los aciertos, desarrollamos tolerancia a la frustración en la espera y en la libertad de descubrir cómo actuar frente a la adversidad, y reconocemos nuestro valor al mirarnos con empatía incluso después de un fracaso. Lo cierto es que más allá de los aprendizajes formales, hay habilidades esenciales que se convierten en herramientas para la vida real y los desafíos que la acompañan. La gestión del estrés, trabajar en equipo, reconocer y expresar las emociones o saber cómo establecer límites son aspectos claves para el desarrollo psicoemocional de las personas sobre todo a estas edades de gran plasticidad, y que estarían más relacionadas con un mayor bienestar y salud mental. Es importante cambiar el enfoque y preguntarnos si estamos priorizando la memorización de datos bajo presión o si estamos facilitando las bases para el desarrollo de las habilidades clave para la vida.PublicidadPublicidadLos retos del siglo XXI nos invitan a aceptar una perspectiva holística e integral, a favorecer el aprendizaje dialógico, ver al niño y adolescente no como una pieza más de una maquinaria industrial, sino entenderlo como un ser multidimensional sin ignorar las áreas esenciales del desarrollo humano. Seligman, en 2011, nos recuerda que “la educación debe enseñar las habilidades para el bienestar, además de las habilidades para el logro”. El desempeño académico es importante, sí, pero no lo es todo ni es lo fundamental. PublicidadEl reto de los adultos será dejar de actuar como gerentes del rendimiento y reconectar con lo valioso del “ser” para redefinir el éxito. Al final del día, una mente en paz siempre llegará más lejos que una mente agotada por la exigencia y la comparación. (O)María José Zöller Publicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?