Durante la primera guerra del Golfo en 1991, las tropas iraquíes que ocupaban Kuwait abrieron deliberadamente las válvulas de petroleros, terminales y una refinería, vertiendo millones de barriles de crudo en el Golfo.

Fue un último intento desesperado por impedir un desembarco anfibio de las fuerzas lideradas por Estados Unidos.

Saddam Hussein, el dictador iraquí, ordenó entonces a sus tropas incendiar cientos de pozos petroleros cercanos.

Un funcionario estadounidense comentó: «Si el infierno tuviera un parque nacional, se parecería al infierno que se desató».

Los bomberos internacionales tardaron seis meses en extinguir los incendios.