A contraluzEl diputado Allan Rodríguez es el principal obstáculo para que el país deje de ser un paraíso de lavado de dinero.
El diputado Allan Rodríguez, tan preocupado por la presunción de inocencia, se ha erigido como el principal benefactor de los lavadores de dinero. No hace falta buscarle cinco patas al gato para entender que al jefe de la bancada Vamos le interesa que Guatemala siga siendo el paraíso del blanqueo de capitales y para ello quiere quitarle dientes al artículo 73 de la iniciativa en discusión.
Ese precepto define que el delito de lavado de dinero u otros activos es autónomo y para su enjuiciamiento no se requiere procesamiento, sentencia ni condena relativos al delito del cual provienen o se originan los bienes, dinero u otros activos.
Este artículo es clave para entender la importancia de la nueva iniciativa ley y por qué Rodríguez busca modificarlo: Imaginemos que la Policía detiene a alguien que lleva en su vehículo miles de dólares, cuya procedencia se desconoce y que bien podrían provenir del narcotráfico o la corrupción. Anteriormente, para juzgar a esa persona por lavado de dinero, las fuerzas de seguridad tenían que capturar primero al narcotraficante o al corrupto, hacerle un juicio y lograr que un juez lo condenara. Hasta que la sentencia estuviera firme se podía castigar al que llevaba el dinero.













