Resulta cómodo hablar de Rusia mirando hacia fuera, explicar sus guerras como pulsos con un Occidente que supuestamente la humilló. Asomarse a sus entrañas cuesta más, y de ahí que se suela despachar al gigante eslavo como un enigma. Aludir al alma rusa es la coartada para no nombrar los males endémicos del país, esos que conoce de sobra cualquiera que haya vivido allí. Uno de esos males ha persistido desde el zarismo hasta el putinismo: a quien se empeña en pensar por su cuenta, las autoridades se lo hacen pagar muy caro. Que se lo pregunten a Andréi Zviáguintsev, creador de unos retratos magistrales de esa sociedad asfixiante (Leviatán, Elena o Sin amor , en Filmin), que ha rodado su sexto largometraje en el exilio: Minotauro, flamante Gran Premio en Cannes.El director de cine Andrei Zviaguintsev CLEMENS BILANEFEEntre los acosados, también los filósofos. Hace diez días agentes de seguridad irrumpieron en el Instituto de Filosofía de la Academia de Ciencias de Moscú. Interrogaron a una decena de investigadores y dejaron bajo arresto domiciliario a Svetlana Mesyats, la helenista a cargo de la nueva edición rusa de las obras completas de Aristóteles. ¿El cargo? Fraude. Hasta diez años de prisión podrían endilgarle por un supuesto desliz contable en los fondos destinados a traducir su análisis de la tiranía, entre otros.Entre los acosados, también los filósofos: nada nuevo bajo el sol rusoEl instituto llevaba años en la diana por publicar ensayos contra la guerra y por rechazar al director que se les quiso imponer. La presunta malversación es el disfraz de la represalia. El viejo arte de criminalizar el pensamiento. Figuras ultranacionalistas han aprovechado para atacar a la institución, que califican de refugio de agentes extranjeros. Nada nuevo bajo el sol ruso. En 1922, dos barcos zarparon de sus costas, rumbo a Alemania, cargados con la élite del pensamiento patrio, tras advertirles de que regresar significaba el paredón. Eran casi dos centenares de intelectuales con sus familias. Aquellos “barcos de filósofos” vaciaron a Rusia de buena parte de su conciencia.Ha pasado más de un siglo y los filósofos siguen siendo un peligro. Mesyats ahora estudia el alma de los antiguos griegos desde su encierro moscovita. Al fin se comprende de qué va la tan mentada alma rusa. Detrás, la tozuda costumbre de encarcelar o expulsar a quien tiene el vicio de pensar.