La claudicación de la presidenta Claudia Sheinbaum tendrá consecuencias funestas para la nación y será juzgada en las urnas, así como por la historia, escribe Tajonar.

La presidenta Claudia Sheinbaum ha claudicado. Si hubiera que resumir en una frase el segundo año del segundo piso de la 4T, esa sería la más concisa. Lo digo con pesar y profunda preocupación por el futuro del país.

La jefa del Estado mexicano y comandante de las Fuerzas Armadas se ha rendido ante el poder de la narcopolítica heredada de su antecesor, quien ha visto amenazada su propia impunidad tras la acusación del gobierno estadounidense en contra de Rubén Rocha Moya.

Es justo reconocer que la mandataria enfrenta una de las etapas más adversas y complejas del México contemporáneo, derivada de la complicidad de autoridades federales y estatales de primer nivel, así como de altos mandos de las Fuerzas Armadas, con el crimen organizado.

Algunos analistas vimos la determinación del gobierno estadounidense de combatir a los cárteles del narcotráfico, considerados organizaciones terroristas internacionales, como una oportunidad para enfrentar las redes de macrocriminalidad que dominan vastas zonas del territorio mexicano, así como a cúpulas del poder civil y militar.