Las Spice Girls, iconos del pop de los noventa que acaban de cumplir 50 años, necesitan lubricante para la sequedad vaginal, bromea el presentador estadounidense Howard Stern en su programa de radio, al que se estima una audiencia de un millón de oyentes. Nadie en la mesa le afea el chiste. En TikTok circulan teoría sobre cómo Shakira intenta “ocultar” su menopausia, dando por bueno que es algo que se debe disimular. A la actriz mexicana Christel Klitbo suelen desacreditarla cuando da sus opiniones en Instagram calificándola de señora –“como llamándote caducada”, puntualiza–, a veces añadiendo un menopáusica. Y a mitad de una cena de First Dates, un hombre se incomoda cuando su cita menciona sus “sofocos”: “Yo estoy para hablar de otras cosas”, dice a cámara. ¿Son anécdotas o algo más?En los últimos tiempos, algo está cambiando. Los síntomas de la menopausia, y de su etapa previa y posterior –de media, el tiempo que transcurre desde los 45 hasta los 55 años de una mujer– han dejado de ser un tabú. En España abren clínicas especializadas; actrices como Aitana Sánchez-Gijón dan entrevistas centradas en ello; Grupo Planeta contabiliza más de una decena de libros publicados solo por su editorial en los últimos dos años. Investigadoras como Anna Freixas han teorizado sobre la socialización de lo que hace siglos los ginecólogos llegaron a llamar “la edad crítica”. Y la necesidad de mejoras de políticas públicas incluso se ha colado en el Congreso. Pero muchos hombres del entorno —relacional, laboral, online— de esas mismas mujeres que lo están contando no están recorriendo el mismo camino. De hecho, están recorriendo otro, “asimétrico”. Es así según Lucía Martínez, sexóloga, matrona y vocal de la junta directiva de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia. En general, los asuntos relacionado con la salud reproductiva “solo interesan a quienes los viven, el resto se sitúan al margen”.El desinterés puede acabar, en última instancia y en el peor de los casos, como arma arrojadiza. Históricamente, el cuerpo de las mujeres se ha abordado o con silencio, o con intención de controlarlo. Esa concepción todavía colea, apunta Martínez, y “la menopausia todavía se entiende desde la decadencia, desde el ‘ya no eres’ o ‘tu cuerpo ya no’. O se minimiza, o se patologiza”. Ella, que pasa consulta, ve cómo este discurso negativo que se puede dar en la esfera social tiene luego impacto en la vivencia personal. Se debería, para empezar, opina Martínez, controlar el uso de la palabra menopáusica, que ha sido en el pasado empleada como insulto. Aun si se usa sin ánimo peyorativo: “¿Acaso llamamos a las personas que están en la adolescencia “adolescénticos?”. “Las mujeres nunca tenemos la edad correcta”Vânia de la Fuente es antropóloga, médica y ha dirigido la Campaña Mundial Contra el Edadismo de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cree que, paradójicamente, el hecho de que se hable más de la menopausia puede provocar, en ambientes extremos y machistas, un efecto de ataque: “Puede haber una reacción. Que todo se achaque a los síntomas y se usen como arma”. De la Fuente ha estudiado mucho el cruce entre la edad y la misoginia, y aunque los hombres y jóvenes también sufren discriminación por lo primero, ellas salen peor paradas: “El deterioro de estatus de las mujeres empieza mucho antes”. Es decir, en los 40 o los 50, ellos pueden estar considerados en plenitud laboral o sexual; y ellas, empezar a ser consideradas mayores en determinados ámbitos. “Las mujeres nunca tenemos la edad correcta”, defiende De La Fuente: pasamos de ser infantilizadas por demasiado jóvenes; a problematizadas o reducidas durante la edad reproductiva; para más tarde, casi sin respiro, ser invisibilizadas. Cuando llega ese punto, “llamarte menopáusica es solo otra manera de decirte que ya no tienes nada que aportar”. Es en el campo laboral donde más se han estudiado las consecuencias prácticas de todo esto: un informe del think tank Global 50/50 evaluó en 2023 a 197 organizaciones del sector de la salud en 37 países, y solo una contaba con políticas pensadas para subsanar los síntomas –por ejemplo, adaptación de horarios–. Pero, como tantas otras cosas, es en las redes sociales y a través del anonimato donde se ve más drásticamente potenciado. Uno de los estudios más extensos sobre la ideología ‘incel’ en español, de la Universidad de Córdoba, no diferencia los comentarios según las edades de las mujeres a las que se dirigen. Pero sí detecta “una lógica de devaluación asociada al envejecimiento sexual o reproductivo”, explica Miguel Ángel Maldonado, doctor en Psicología y uno de sus responsables. Los incels son hombres frustrados por su vida sexual que responsabilizan a las mujeres por ello, y que fomentan una visión misógina del mundo. Sostienen que hay ‘un muro’ (the wall) o ‘pico de fertilidad’ (fertility peak) a partir del cual las chicas pierden atractivo. El ‘pico de fertilidad’ lo ubican, según ha observado Maldonado, entre los 18 y los 25 años. Los incels no se refieren exactamente a un sentido clínico –nadie puede adivinar solo con una imagen si una persona sigue o no menstruando, ni valores como su reserva ovárica–, sino a “una desvalorización misógina asociada a la edad, la sexualidad y la pérdida de deseabilidad”. Otro proyecto sobre la misoginia en internet, Manosfera en redes sociales y cultura del odio, de la Universidad Complutense de Madrid, tampoco diferencia por edades. Pero para su directora, Asunción Bernárdez, nada de todo esto es nuevo, forma parte de nuestros cimientos: “Definir a las mujeres como seres inexistentes desde que dejan de ser fértiles se hace desde el mundo griego. Se agudiza en la Edad Media, cuando surge la idea de la bruja, ese ser que no ha tenido hijos”. No hace falta llegar a la menopausia para recibir insultos en internet relacionados con la madurez sexual; pueden llegar antes, como el inventado fertility peak. Le ha pasado a la youtuber Rocío Romero, que tiene 38 años, lleva 15 publicando contenido bajo el nombre Roenlared, y acaba de anunciar su embarazo. Entre sus seguidores, la noticia fue recibida con alegría. Pero en X, se encontró un comentario con 3.500 ‘me gusta’ que se quejaba de que “en España es más fácil encontrar un lince ibérico en la Castellana que a una española pariendo antes de los 30”. No era el único: “Ninguna de las ginecólogas que me han tratado se han referido a mi embarazo como ‘geriátrico’. Y, sin embargo, en X, sí”, cuenta Romero a S Moda. Asegura que ya no le afecta, pero al poco de cumplir 30 sí bloqueó la palabra “vieja” de su canal por lo frecuente que era: “¿Qué me llamarán con 60?”.Un segundo camino asimétricoEn el cara a cara todo suele ser menos directo. S Moda ha hablado con media decena de mujeres entre los 45 y 60 años que tienen citas con hombres en ciudades como Madrid o Córdoba. Coinciden en que muchos de ellos, al menos de primeras, buscan emparejarse con mujeres más jóvenes. Casi todas destacan que la edad de la menopausia no coincide solo con la retirada de la menstruación: se trata también de una etapa de mucha más seguridad y experiencia sexual, y eso juega a su favor de darse alguna situación desagradable. “Ya no nos importa la opinión de los demás”, presume una de ellas, Sonia. Otra, María (nombres ficticios), lo que dice es que ellos “ni siquiera caen. Yo no digo nada, como ellos tampoco me dicen sus cosas”. “Aunque no existe un proceso fisiológico universal equivalente a la menopausia, el paso del tiempo también deja sus huellas en los hombres. Pueden aparecer inseguridades, dificultades con la erección, o situaciones de salud o uso de fármacos que interfieren en la respuesta sexual”, explica Lucía Martínez, de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia. Según ella en eso el camino también es asimétrico: “La socialización masculina dificulta la conciencia corporal, y la femenina la hiperexpone”. Está demostrado que cuando las parejas —estables o esporádicas— acompañan, el proceso es más sencillo. Uno de los obstáculos es que la bibliografía actual sobre menopausia se centra en los síntomas, en el malestar; nunca se toca la parte buena. Parte del problema empieza pronto: en el currículo escolar, recuerda Martínez, la salud reproductiva sigue teniendo una presencia más reducida que, por ejemplo, la fotosíntesis. Por eso remata: “Ojalá poco a poco tengamos más referentes, y en los programas educativos el ciclo de Krebs [una ruta metabólica celular que se estudia en las clases de biología de secundaria] no sea más importante que el ciclo menstrual”.