El presidente del PP se�ala que "Espa�a tiene todo el potencial para ser una econom�a din�mica, competitiva y pr�spera". "Debemos garantizar que trabajar, emprender y esforzarse vuelve a merecer la pena".Espa�a afronta un momento decisivo en la ya larga historia de nuestra Democracia, de la que EXPANSI�N ha sido un testigo privilegiado. Estos 40 a�os son la demostraci�n de un �xito compartido en el que Espa�a ha ganado libertad y prosperidad con una econom�a y una sociedad abierta. Desde los pactos de La Moncloa del presidente Adolfo Su�rez y la entrada en la UE de Felipe Gonz�lez o los proyectos reformistas y modernizadores encabezados por Jos� Mar�a Aznar y Mariano Rajoy, Espa�a no ha vuelto a vivir un momento tan delicado como el que vivimos.Los espa�oles nos debatimos entre retomar la senda del futuro y la prosperidad o la decadencia de quien nos gobierna, tambi�n en lo referente a la econom�a.Tras a�os marcados por la mala gesti�n, la inflaci�n, la subida constante de impuestos, el aumento de la deuda p�blica y una preocupante p�rdida de productividad y de poder adquisitivo, la gran pregunta que deber�amos hacernos como pa�s es sencilla, pero fundamental: �merece la pena trabajar y esforzarse en la Espa�a de hoy?La respuesta, lamentablemente, cada vez genera m�s dudas entre las clases medias, los aut�nomos y los j�venes. Y cuando una sociedad transmite esa sensaci�n, el problema deja de ser una cuesti�n puntual, para convertirse en estructural. Una sociedad en la que el esfuerzo no se recompensa se estanca.Durante los �ltimos a�os, el Gobierno ha adoptado una pol�tica econ�mica basada en el incremento del gasto p�blico por encima del crecimiento de la econom�a -m�s de 220.000 millones de euros desde 2018 sin que exista una estrategia cre�ble de consolidaci�n fiscal- el aumento de la presi�n fiscal y una creciente intervenci�n en los mercados y las empresas.Hablamos del Gobierno que m�s ha recaudado de la historia, 200.000 millones de euros m�s que en 2018, seg�n Contabilidad Nacional, el que m�s se ha endeudado, incrementando la deuda p�blica m�s de un 40%, y el que m�s fondos europeos ha recibido. Sin embargo, la sensaci�n que cunde entre la ciudadan�a, no sin raz�n, es que los servicios p�blicos funcionan peor que antes, el mantenimiento de las infraestructuras (ferroviarias, carreteras y redes el�ctricas) se encuentra en su mayor deterioro, las estad�sticas europeas sit�an a Espa�a a la cola de inversi�n p�blica y el com�n de los ciudadanos vive peor que antes. Pagamos m�s y recibimos menos. Por tanto, la pregunta es obvia: d�nde ha ido a parar nuestro dinero.Inflaci�nLa inflaci�n -los precios han subido m�s de un 25%, la cesta de la compra m�s de un 40% y la vivienda (compra y alquiler) entre el 50% y el 60%- la no actualizaci�n del IRPF y la subida constante de impuestos ha erosionado gravemente el poder adquisitivo de los hogares. Los salarios reales no han crecido a la par y el salario m�s frecuente en Espa�a se acerca ya al salario m�nimo. Es decir, trabajar hoy permite comprar menos que hace apenas unos a�os.Este es el n�cleo del problema, el esfuerzo no se traduce en prosperidad para los espa�oles, pero no es solo una cuesti�n de precios, tambi�n lo es de incentivos. �C�mo es posible que las estad�sticas nos ofrezcan una reducci�n del empleo y desde que gobierna S�nchez aumente un 40% el gasto en desempleo? �C�mo es posible que para mantener a flote el sistema de Seguridad Social haya que transferir del Estado 47.000 millones en 2025?La pol�tica econ�mica reciente ha penalizado la creaci�n de empleo de calidad y la inversi�n. El aumento de cotizaciones, la proliferaci�n de figuras impositivas, la intervenci�n y la inseguridad jur�dica han generado un entorno poco atractivo para emprender.A ello se suma una preocupante ineficiencia en el uso de los recursos p�blicos. Espa�a ha recibido una oportunidad hist�rica con los fondos europeos, pero su ejecuci�n est� muy por debajo de lo esperado, con un 38% de ejecuci�n m�s 60.000 millones devueltos a Bruselas. Tan solo un porcentaje reducido ha llegado a las empresas, y los grandes proyectos transformadores apenas han progresado.Espa�a necesita justo lo contrario: seguridad, estabilidad, certidumbre y confianza en la iniciativa privada.El problema de fondo es que hemos invertido el orden natural de una econom�a sana. En lugar de facilitar que los ciudadanos prosperen mediante su trabajo, se ha construido un modelo que depende cada vez m�s del gasto p�blico y de la arbitrariedad del Gobierno.Este modelo tiene l�mites evidentes. La productividad, clave del crecimiento econ�mico, lleva a�os estancada. Nuestra renta per c�pita en paridad de poder adquisitivo se sit�a 8 puntos por debajo de la media europea. Y sin mejoras en productividad, no hay salarios m�s altos, ni oportunidades reales, ni la convergencia con Europa que deseamos como naci�n.El resultado es una econom�a que crece por aumento de poblaci�n, con menos inversi�n y menos empleo de calidad. Espa�a necesita recuperar una idea y un incentivo b�sico: quien se esfuerza, progresa.No caben m�s atajos. La prosperidad de Espa�a no surge de la intervenci�n constante del Estado, de incrementar gasto y deuda p�blica, sino del trabajo, la innovaci�n, la libertad econ�mica, el respeto a la propiedad y a la actividad empresarial. Cuando estos pilares se debilitan, la b�squeda de la prosperidad se resiente.Espa�a debe cambiar de mentalidad e inaugurar un periodo reformista de forma urgente, comenzando por una auditor�a del gasto p�blico que nos muestre con claridad el punto de partida; la devoluci�n de la independencia a las instituciones y de los �rganos reguladores, que aporte seguridad jur�dica y certidumbre al inversor; una pol�tica fiscal que devuelva el poder adquisitivo a las clases medias, especialmente familias con hijos, y no asfixie a las empresas y una apuesta decidida por la educaci�n, la innovaci�n y el crecimiento empresarial.Espa�a tiene todo el potencial para ser una econom�a din�mica, competitiva y pr�spera. Pero para lograrlo debemos garantizar algo esencial: que trabajar, emprender y esforzarse vuelva a merecer la pena. Sin ese principio, no hay futuro posible.Alberto N��ez Feij�o es presidente del Partido Popular y l�der de la oposici�n.