Esta es una entrega de la newsletter semanal de México, que puede seguirse gratuitamente en este enlace.Ian Sinclair es un psicoanalista de lugares, un detective místico del Londres perdido a medio camino entre Dickens y Sherlock Homes. En La ciudad de las desapariciones, una compilación de crónicas y ensayos de hace una década, dibuja a través de maratonianos y serenos paseos un mapa de los rincones donde aún sobrevive alguna huella del mundo antiguo —cementerios, fábricas, iglesias— anterior a la aplanadora del urbanismo contemporáneo. Una “topografía profunda” marcada por las vidas que habitaron esos lugares y cuya memoria se cuela como una fuerza reprimida por las grietas de lo nuevo. Sinclair se fija por ejemplo en su barrio. Hackney, en el este obrero de Londres, nunca fue lo mismo tras la especulación inmobiliaria de los Juegos Olímpicos de 2012. Debajo de toda esa cuadra donde ahora hay departamentos turísticos, tiendas de moda y un mercado de verduras orgánicas, nos recuerda que aún late la memoria de un cementerio de la época victoriana o de un hospicio para excombatientes de la Segunda Guerra Mundial.Los Mundiales no suelen ser tan mastodónticos como los Juegos Olímpicos. Menos aún el que está a punto de arrancar, con tres sedes en México, Estados Unidos y Canadá. Pero algunos barrios mexicanos llevan un tiempo sintiendo las embestidas de la especulación inmobiliaria. Un vecino y activista de la colonia Juárez, en la zona centro de la capital, acompañó a mi compañero Carlos Carabaña en uno de esos paseos que le gustan a Sinclair. Levantado a finales del siglo XIX sobre una inmensa finca colonial, está repleto de casonas porfirianas o joyas art déco. Durante el paseo, el vecino iba señalando edificios con una memoria oculta: casas familiares derruidas para levantar bloques de siete plantas, desalojos violentos y unos pocos vecinos que resisten en majestuosos edificios en ruinas. En total, asegura que ha visto cómo se expulsaba a cerca de 4.000 vecinos del barrio.La llegada del Mundial a México es la estocada final de un proceso que desde hace años denuncian plataformas de afectados y vecinos. Sus barrios se transforman a golpe de Estancias Turísticas Eventuales. Un modelo que reduce la oferta de vivienda disponible y dispara los precios de alquiler y compra, causando la expulsión de los residentes locales. Ciudad de México es la punta de lanza. La ciudad tiene un total de 63.000 plazas hoteleras, lo que convierte a Airbnb, con sus 24.000 ofertas de departamentos y habitaciones, en el casero de más de la cuarta parte de la oferta total de alojamiento. El negocio está dominado por las empresas inmobiliarias. Solo un 0,4% de la población tiene tres o más inmuebles. Es más, según la investigación de mis compañeros, entre los 50 anfitriones principales de la capital, que ofrecen más de 5.000 departamentos, solo hay cuatro perfiles no vinculados con una empresa y que parecen una persona real. Hay algunas delegaciones, como la Cuauhtémoc, a la que pertenece la colonia Juárez, donde entre un 11% y un 20% de todas sus viviendas están en alquiler en Airbnb, de acuerdo al libro Airbnificación en la Ciudad de México, realizado por varios académicos de la UNAM. No es posible distinguir cuántas de esas ofertas son propiedad de las inmobiliarias y en cuántas se dedican a gestionar la propiedad de otra persona o empresa. En ese caso, lo habitual es que estos intermediarios cobren una comisión de entre un 20% y 30%. En la práctica, dicen los académicos consultados, son equivalentes a grupos hoteleros, pero escondidos detrás del paraguas de la economía colaborativa. Una de las académicas consultadas, señala que “las inmobiliarias se han dado cuenta de que Airbnb es una de las mejores formas de obtener ganancias, ya que un departamento de dos habitaciones y un cajón de estacionamiento, que le sacaban antes 8.000 pesos, ahora lo ponen en Airbnb y rentan cada habitación varias veces y luego por separado el cajón de estacionamiento, recuperando más rápido la inversión”. Las ciudades también tienen memoria y caminar con atención por algunos barrios se parece a visitar al psicoanalista, con historias ocultas que buscan un lugar entre lo nuevo.