En Italia, el cliente no siempre tiene la razón. Ni siquiera cuando su máxima aspiración es conseguir un vaso de agua de grifo. Según el Tribunal Supremo del país, ni los restaurantes ni los hoteles están obligados a servir agua de grifo a sus clientes. Ni siquiera cuando estarían dispuestos a pagarla. Así lo afirma una sentencia que cierra los seis años de lucha en los tribunales italianos de una turista que, tras alojarse en un hotel de cinco estrellas en los Alpes Dolomitas, fue obligada cada día a consumir botellas de agua mineral a siete euros cada una. Pese a solicitar en repetidas ocasiones que se le sirviera agua de grifo, el hotel se negó.La turista, cuya identidad se desconoce, denunció en 2019 al hotel Sassongher, de Corvara, y solicitó una indemnización de 2.763 euros por los gastos en los que incurrió y el perjuicio sufrido. El recurso presentado ante un tribunal de primera instancia se basaba en el hecho de que el agua “es un bien natural y un derecho humano universal de cada individuo”, según recoge el diario Il Post. La denunciante alegó que tenía derecho a “una cantidad mínima vital necesaria” para satisfacer sus necesidades básicas. En su recurso sostenía que “quien se aloja en un establecimiento hotelero, independientemente de su clase social, espera legítimamente poder beber agua del grifo durante las comidas, del mismo modo que da por sentado encontrar una cama con sábanas, una habitación caliente o jabón”.Sin embargo, pese a la directiva de la Unión Europea que insta a los países miembros a “promover”, que no a obligar, el uso de agua del grifo en restaurantes, comedores y servicios de restauración de forma gratuita o por un precio moderado, dos tribunales italianos le dieron la razón al hotel y, en última instancia, el Supremo lo ha confirmado con una sentencia definitiva. El texto legal afirma que, al no existir leyes que obliguen a los restauradores a ofrecer agua de grifo, la decisión de servirla queda en manos de cada establecimiento.Dos realidades que chocanMás allá del exorbitante precio pagado por las botellas ―que tampoco sorprende, al tratarse de un hotel de lujo en una de las localidades más cotizadas de los Alpes―, la denuncia de la visitante pone de manifiesto dos realidades que chocan entre sí: por un lado, la costumbre de la sociedad italiana de consumir agua embotellada y por otro, los exiguos esfuerzos hechos por los sucesivos gobiernos italianos para mentalizar a la población y a los restauradores de los beneficios de consumir agua de grifo en el contexto de la crisis climática.En otros países europeos, como España, el contexto es bien distinto. En 2022 se aprobó una ley que obliga a restaurantes y hoteles a “ofrecer siempre a los consumidores (...) la posibilidad de consumo de agua no envasada de manera gratuita y complementaria”. En Francia el agua es gratuita y se sirve de forma obligatoria; ni siquiera hay que pedirla.Las directivas europeas obligan a los Estados miembros a alcanzar ese resultado ―agua de grifo servida sin coste―, pero dejan a cada estado la elección de la forma y los medios para lograrlo. En el caso de Italia, tercer país del mundo en consumo de agua embotellada tras México y Tailandia ―con 252 litros por persona y año, según el Anuario de Aguas Minerales publicado por el portal transalpino Beverfood―, cambiar las botellas por el grifo puede ser un trabajo arduo.Desde hace décadas, sentarse a la mesa en un restaurante italiano significa pedir “una e una” (una botella de agua mineral con gas y una sin gas). Un rito generalizado entre los consumidores italianos, del que solo los consumidores muy viajados empiezan a quejarse. El hábito de pedir agua con gas está muy extendido: casi el 20% de la población la consume.Agua filtradaEn Italia son muy escasos los restauradores dispuestos a ofrecer agua de grifo. En los últimos años se ha extendido, además, la posibilidad de conseguir agua filtrada. También hay que pagar por ella, pero su precio (entre 1,5 y dos euros) suele ser más bajo que el de las botellas de agua mineral.La turista que denunció al hotel de la discordia no debía tener problemas económicos, ya que pasó varios días en un establecimiento en el que pagó 5.700 euros en régimen de media pensión. Pero sí debía tener una conciencia ecológica cada vez más popular entre consumidores de todo el planeta, que no ven el sentido a consumir agua embotellada en países en los que ―como en la mayoría de Europa― se puede abrir el grifo y beber.La sentencia ha provocado un amplio debate en el sector y ha recibido algunas críticas, como la del abogado Paolo Martinello, profesor de protección del consumidor en la Universidad IULM de Milán. En una entrevista en el medio especializado Il Fatto Alimentare, se preguntaba: “¿Por qué motivo, en un país de vocación turística como Italia, siguen sobreviviendo gabelas medievales como el cubierto en los restaurantes? Los hosteleros están dispuestos a presumir de comportamientos sostenibles, ofreciendo a precio elevado platos ‘de kilómetro cero’, pero luego se niegan a servir agua del grifo. Una verdadera paradoja”.Con sus palabras, Martinello se refiere a la costumbre de los restaurantes de cobrar entre dos y cuatro euros por el “coperto” (cubierto), que, en realidad es como cobrar por poner en la mesa el plato, la cuchara, el cuchillo, el tenedor y un vaso. Ni siquiera el pan está incluido, y por supuesto, tampoco el agua.
Los restaurantes italianos podrán negarse a servir agua del grifo incluso cuando el cliente esté dispuesto a pagarla
La justicia dictamina a favor de un hotel de cinco estrellas de los Alpes denunciado por una turista que apelaba al “derecho humano universal” a “un recurso natural”










