Símbolos de la segunda camada de eso que llaman transformación no sobrevivieron en el cuadro estelar ni el primer tiempo del sexenio de Claudia Sheinbaum. Luisa María Alcalde y Andrés Manuel López Beltrán salieron destartalados de la maquinaria armada por Andrés Manuel López Obrador. Un dicho priísta advertía que los novillos se pandean si los trajinan demasiado jóvenes. Sin ser del todo novatos, y de obvia e inmejorable cercanía con el fundador de Morena, los reparos de la política evidenciaron que a Alcalde y a Andy les quedó grande el encargo.Iban a reforzar el partido y en lugar de ello Sheinbaum se ha tenido que poner el casco de bombero. La inconstancia del hijo del expresidente López Obrador y la falta de capacidad para maniobrar de Alcalde obligaron a la presidenta a un reacomodo en el gabinete. Entran al relevo en Morena dos mujeres de incuestionable obradorismo y legítimas credenciales para incidir a nombre propio en el rumbo que ha de tomar el movimiento. Son cuadros leales que no toman su apellido de dinastía alguna, son lo más lejano a nepobabies. Así, en el primer gran cambio de Morena en tiempos de Sheinbaum se abren dos interrogantes. La primera: ¿podrán convencer Ariadna Montiel y Citlalli Hernández, sus otrora secretarias de Bienestar y de las Mujeres, a su jefa de que las deje operar a su aire para ella? Y la segunda: ¿qué hará Sheinbaum con Alcalde y con Andy?El segundo sexenio del obradorismo trajo consigo un reto inexistente entre 2018 y 2024. López Obrador fue jefe único y máximo de Morena antes de ganar la presidencia y desde luego tras asumir el poder ejecutivo. Ni sana distancia zedillista ni pamplinas: el dedito de López Obrador.El arribo de la presidenta a Palacio Nacional coincidió con la asunción de Alcalde y de Andy en Morena. La primera fue dos veces secretaria de Estado con López Obrador y proviene de una familia, sobre todo por su madre Bertha Luján, de credo cien por ciento lopezobradorista. La nueva dirigencia rendiría cuentas a quien los puso. El verano de frivolidad de Andy y otros morenistas en 2025, y no tan buenos resultados en Veracruz y Durango, hicieron mella en la autoridad de una dupla de la que encima se empezó a decir que la llevaban fatal.El rescate de la presidenta le obliga a mostrar que sus alfiles darán no solo mejores resultados, cosa que no sería meritoria, sino que pueden ser confiables a mediano plazo para encauzar un partido en el que las ambiciones amenazan con desbordarse en no pocas entidades. Montiel y Hernández tienen suficiente territorio para apañárselas solas. Y ahí está precisamente el desafío: la presidenta no tiene por costumbre dejar de respirarle en la nuca a sus equipos. Lo que faltó con Andy y Alcalde, más rienda, a las nueva las sofocaría. En sentido contrario, la presidenta ha de cuidar que Alcalde y Andy, dolidos como pueden estar por la degradada que les dieron, no compliquen la marcha del partido. A primera vista, ambos cuadros lucen todo menos resignados a disciplinarse a la vieja usanza. Alcalde estuvo el fin de semana con Clara Brugada en la inauguración de una “Utopía”, el proyecto de atención comunitaria de la jefa de Gobierno que tiene aspiraciones presidenciales. ¿Qué hacía la consejera jurídica de la Presidencia en un acto oficial chilango?Brugada es vista como adversaria de la presidenta Sheinbaum. Proviene y representa a un grupo que saboteó las aspiraciones del favorito de Sheinbaum para sucederle en la capital de la República: Omar García Harfuch. Esa disputa puede reactivarse rumbo al 2030. Las labores de consejería jurídica de una presidencia que saca de la manga reformas constitucionales como si fueran bandos para una ranchería tendrían que saturar el día de la titular de esa dependencia. En vez de ello, Alcalde dedicó el domingo a cortar listones en CDMX.¿Es que esta última comienza a alinearse con el ala ultra que resiente el realista pragmatismo que a veces intenta la presidenta? ¿O es que cada cual ha de ver por su futuro, y a quien le negaron un puesto de mayor lucimiento al sacarla del partido ahora busca su propio espacio?De cualquier forma, Sheinbaum ya instruyó a Alcalde a ser ariete contra la prensa. El tiempo dirá si lo hace con el afán de desgastarla en esa batalla que se antoja de lodo y raspones, o para probar su lealtad y eficiencia, y si tuviera éxito abrirle nuevas puertas. En donde las dudas son más densas es con Andy. El hijo más político del expresidente renunció a la secretaría de Organización morenista, de la que salió sin gloria ni lustre, para irse por una diputación federal en un distrito de Tabasco. Más fácil no se la pudieron poner. ¿Es que se trata de exhibir una y otra vez al junior, de grabar en mármol que carece del talento y la disciplina para destacar en algo que realmente le exija, políticamente hablando? Si Morena tiene un problema de aburguesamiento, ¿era preciso coronar a Andy como emblema al mandarlo a ganar “caminando”?La campaña de Andy hará daño a Morena fuera del distrito por el que se le apuntará. El partido que supuestamente quiere combatir el nepotismo rehúye una campaña de verdad donde el hijo de quien les dio todo lo que tienen demuestre un mérito, el que sea, en la calle.Durante meses Sheinbaum dijo que las plurinominales eran una farsa, que toda persona que quiera ingresar al Congreso debe pasar la prueba del territorio, en internas y contra otras denominaciones, que llegar debe ser por mérito; no una designación. Y en eso ungen a Andy.Y como se da por hecho que el 1 de septiembre de 2027 la nueva legislatura le incluiría, los escenarios no parecen muy halagüeños para quien nunca ha tenido un debate público, ni se ha careado para demostrar que conoce de leyes o de retórica; vaya, hasta sus comunicaciones en redes sociales torturan la sintaxis… El viejo lobo de mar que en términos parlamentarios es Ricardo Monreal debe sonreír cuando algunas columnas dicen que Andy podría ser líder de la bancada. Cuánto extrañarían, morenistas, verdes, petistas y desde luego opositores al zacatecano cuando un novato crea que con su apellido basta para negociar en San Lázaro.Lo de secretario de Organización para Andy no sonaba mal. A la sombra de su padre tuvo encargos y pudo subsanarlos. Claro, eso mientras la mano del dios tabasqueño meció la cuna. Porque desde que en 2024 los apetitos se soltaron, ya sin protección no pudo (y quizá ni quiso) crecer hasta convertirse en el factótum. ¿Cuánta gente recibe una nueva oportunidad después de fallar en la cumbre? Si te dicen Andy, no te importen esas estadísticas, pero te seguirán diciendo así si todos en San Lázaro advierten que mientras otros se mataron en la campaña, a ti te regalaron la curul. ¿A dónde vas, Andy?