Rosie O’Donnell es uno de los muchos rostros conocidos que se ha unido a Substack para compartir con sus seguidores sus reflexiones más personales. La actriz y comediante estadounidense, de 64 años, suele abordar en sus escritos cuestiones políticas y sociales, habla del Gobierno de Trump —con quien mantiene una pública enemistad desde hace años—, de los derechos del colectivo LGTBIQ+ o de su rutina en Irlanda, a donde se mudó en 2025 para mostrar su oposición a los Estados Unidos del presidente republicano. Sin embargo, su última entrada en la plataforma, publicada el lunes 25 de mayo, está dedicada a algo aparentemente mucho más frívolo: a su lifting facial. “Solía tener una opinión muy firme sobre los liftings faciales. No a nivel superficial, sino moral. Pensaba que era una traición. Al feminismo. Al envejecimiento”, reflexiona O’Donnell en las primeras frases del extenso texto escrito en verso, que también ha publicado en su cuenta de Instagram, donde acumula 1,2 millones de seguidores.La también presentadora reconoce que, a pesar de haberse mostrado contraria a los estiramientos faciales y a cualquier intervención estética en el pasado, finalmente decidió someterse a uno en enero. Y explica las razones que le llevaron a ello. “Y entonces perdí 23 kilos... No eran las arrugas, era la gravedad. Me miraba al espejo y pensaba: ‘Esto no es envejecer, es derretirse a propósito”, asegura. Tras intentar acostumbrarse a su aspecto, O’Donnell reconoce que llegó a un punto en el que “la aceptación” empezó a “parecer una mentira”, y fue entonces cuando barajó la idea del lifting. Sin embargo, volvió a descartar la operación cuando su hijo Clay, de 13 años —que se identifica como persona no binaria—, le mostró su oposición. “No podría respetarte si lo hicieras”, le dijo el menor de sus cinco hijos —y el único que vive con ella en Irlanda—. “Me caló hondo”, confiesa O’Donnell. “Es una afirmación muy fuerte viniendo de alguien que todavía necesita que le abras los tarros. Y lo más alucinante es que... sonaba exactamente como yo. Como si mi yo más joven, más segura, más rígida moralmente, se hubiera mudado de alguna manera a mi casa y ahora estuviera juzgando mi rostro. Realmente me desconcertó. Aplacé todo el asunto durante meses, simplemente dándole vueltas, pensando”, recuerda.O’Donnell explica que la decisión final llegó tras una revelación en la que fue consciente de que no hacerse el lifting cuando en realidad quería hacérselo era igual de limitante que hacérselo si no quería. “Quiero que crezcan [sus hijos] en un mundo en el que no sientan que tienen que cambiar, pero que también sepan que pueden hacerlo, si quieren, sin perder su integridad moral en su propia vida. Así que en enero, lo hice. Encontré un médico en el que confiaba, alguien que había tratado a amigos míos que seguían pareciendo ellos mismos”, admite. Ahora considera que sigue siendo la misma, solo que “un poco más descansada y emocionalmente estable”. “No desaparecí, no me convertí en otra persona, simplemente dejé de discutir con el espejo”, comenta en otra parte del texto.Después de defender su estiramiento facial y reflexionar sobre su experiencia como mujer lesbiana en la televisión estadounidense de los ochenta y los noventa, la comediante reflexiona también sobre su posición de privilegio. “Ahora voy entrando en los 60 con la parte inferior del rostro rejuvenecida, como si hubiera sucedido de forma natural. Pero no fue así. Me costó más dinero del que jamás he pagado por un coche —mi posición privilegiada en este mundo—. Y eso me parece casi vergonzoso”, reconoce. “Mientras me preparo para el último día de colegio con mi benjamina, la última de la camada, aquí, a mis 64 años, con una nueva parte inferior del rostro y el cuello, simplemente estoy feliz de estar viva. Capaz de sentir y elegir, y de usar mi voz siempre que me apetezca. Por la niña que fui, la mujer que soy y todas aquellas que se unen a mis filas mientras seguimos adelante en el tercer acto. Esta soy yo”, concluye O’Donnell.La publicación tiene cientos de comentarios de mujeres que apoyan a la presentadora y se reconocen en su decisión. “¡Haz lo que quieras! ¡Esa es la mejor parte de tener 60 años!” o “Por eso te queremos, Rosie, eres auténtica, sincera y genuina. ¡Bravo por hacer cosas que te hacen sentir bien!” han sido algunas de las respuestas de las usuarias.