En el campus de La Ciudad Universitaria, en pleno corazón de Madrid, entre el hormigón de las facultades y el ruido de los estudiantes, emerge un oasis que, todavía hoy, mucha gente desconoce. Se trata de Noches del Botánico, el ciclo de conciertos que se celebra durante los meses de junio y julio en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII de la Universidad Complutense de Madrid y que este año cumple una década de vida. "Siempre nos planteamos hacer un festival diferente, un festival que tuviera un concepto que no solo fuera traer artistas y ya está", cuentan a 20minutos Ramón Martín y Julio Martí, directores fundadores del festival. "Estamos en un espacio público. Hay que compaginar las clases con, por ejemplo, pruebas de sonido, y es complejo. Eso nos lleva, desde el principio, a coordinar la música, la cultura, la sostenibilidad y la actividad académica", explican sobre su filosofía única, impuesta por ellos mismos pero también por "las necesidades del ecosistema".Solventadas las 'dificultades' propias de las necesidades del festival, ya solo toca disfrutar toda una "experiencia" basada en la gastronomía, la artesanía y la naturaleza, más allá de la música. "Creemos que eso es lo que nos diferencia y lo que nos hace, de momento, un festival único y referente, no solo en Madrid", afirman.Algo nada fácil, y más con la extensa oferta de música en directo que hay no solo en la capital sino en todo el país. "Se han empezado a hacer festivales de la nada y tienen que pagar mucho por cabezas de cartel. Nosotros vivimos en otra isla. Nos encantaría traer a algunos artistas, pero no los podemos pagar. Y nos quedamos tan tranquilos, porque nuestro valor es este espacio que, ya de por sí, es imbatible"."Para nosotros los artistas son muy importantes, pero el público también", señalan sus creadores. Y eso se nota en su aforo, un público "muy fiel" llegado de "toda España" y de "todas las edades" gracias al "boca a boca" y "no a grandes campañas de marketing": "Caben 4.000. Es un festival pequeño y atípico", sostienen sus creadores, que se congratulan de las cifras: "Hemos pasado de veintipico mil el primer año a doscientas mil el año pasado"."Ya nadie dentro de la industria pregunta quién ha venido a tocar, porque ya todo el mundo sabe que Noches del Botánico trae grandes artistas"Con todo, la verdadera "identidad del festival" son sus conciertos, basados en la "diversidad musical" de los artistas o grupos, con géneros musicales que van desde el pop hasta el rock, el jazz, la electrónica, el flamenco o música alternativa. "Intentamos atacar todos los géneros e ir haciendo el puzle. Noches del Botánico es una referencia. Ya nadie dentro de la industria pregunta quién ha venido a tocar, porque ya todo el mundo sabe que Noches del Botánico trae a grandes artistas".Y, ¿cuesta traer a grandes figuras, que este año van desde locales como Rigoberta Bandini, Pablo López o Yerai Cortés a internacionales como Tom Jones, Van Morrison o María Becerra? "Cada vez menos", revelan. "Ellos están encantados y muchos nos piden venir o volver, y, cuando un artista se convierte en artista del Botánico, nunca lo puedes rechazar. Y, después de tocar, ¡es que no se quieren ir!", sostienen orgullosos."Los artistas están encantados y muchos nos piden venir o volver, y, cuando un artista se convierte en artista del Botánico, nunca lo puedes rechazar. Y, después de tocar, ¡es que no se quieren ir!"Y así, hasta completar 55 noches que requieren de un trabajo previo humano descomunal todo el año para poner en pie este ciclo de conciertos. "Todo el año somos unas 30 personas o más trabajando y los días de concierto estamos entre unas 250 y 300 personas", indican, revelando que "han venido artistas muy grandes que piden unas necesidades técnicas que, obviamente, tienes que cubrir, además de unas infraestructuras".Artistas como Bob Dylan, del que guardan una gran anécdota relacionada con la lluvia. "El día que vino se puso a llover de una mamera tremenda, justo cuando estaba entrando la gente. El concierto empezaba a las 9.30. Eran las 9.10 y seguía lloviendo. Entonces, el tour manager dijo: 'no hay problema, en cuanto (Bob Dylan) se baje del coche, deja de llover. Nunca he cancelado un concierto'. Todos nos tomamos el comentario a guasa, pero, efectivamente, bajó del coche y dejó de llover. Tal cual", recuerdan Ramón y Julio.