Ocurrió en 2022. No recuerdan si fue tras el concierto de Patti Smith o Tom Jones. Como cualquier otro día de esa edición, los espectadores fueron abandonando el recinto a cuentagotas, tristes de volver a casa tras haber vivido momentos imborrables a pocos metros de su artista favorito. Cuando ya no quedaba nadie, Julio Martí y Ramón Martín compartían unas últimas impresiones de la jornada ya a puerta cerrada, como acostumbraban a hacer todas las noches. De pronto, la hija de Martí les avisó de que Pedro Almodóvar y Ethan Hawke, a quienes habían recibido previamente, estaban en el backstage y no se querían marchar. Les acompañaba también la mujer del actor. Los tres compartían una animada charla sobre el espectáculo y el propio lugar, maravillados de encontrar un poco de respiro en la calurosa noche madrileña. Tanto es así que, si por ellos hubiera sido, se habrían quedado a pasar la noche. "Estamos aquí mejor que en nuestra suite del Palace", dijo Hawke, tal y como lo recuerda Martí. "Mi hija me dijo, de broma, que no pasaba nada, que ella se quedaba con su habitación". Al parecer, estaban haciendo una pausa en el rodaje de Extraña forma de vida, el mediometraje dirigido por el director manchego y que involucró a Hawke. Esa es solo una de las muchas anécdotas que nos ha dejado las Noches del Botánico durante estos diez años de existencia. En junio de 2019, Woody Allen y su banda de jazz de Nueva Orleans abrían el festival. "Nos puso el único requisito de que por nada del mundo el chófer le metiera en un túnel de camino al concierto", recuerda por su parte Ramón. "Tú imagínate el nivel de planificación para moverle desde su hotel en el centro de Madrid hasta aquí para que no pasara por ningún túnel". La claustrofobia del cineasta también le impedía meterse en un ascensor, por lo que siempre, siempre, había que reservarle la primera planta a la hora de hospedarle. Woody Allen, contento de tocar al aire libre en las Noches del Botánico de Madrid debido a su claustrofobia. (EFE) Lo cierto es que ningún claustrofóbico como Allen podría sufrir las típicas aglomeraciones que hay en cualquier festival de música en las Noches del Botánico. Sus conciertos al aire libre, en el Real Jardín Botánico Alfonso XIII, propiedad de la Universidad Complutense de Madrid (UCM) siguen siendo de los más valorados y favoritos por melómanos anónimos y famosos en la capital madrileña y en toda España. El año pasado batió récord de asistencia, con más de 185.000 entradas vendidas para todos sus días. Y este año se preparan para una nueva sesión de conciertos programados de comienzos de junio a finales de julio. "Recuerdo que justo Metallica tocaban en otro recinto de Madrid esa noche y nos pidieron por favor si podían venir a ver a The Smile" Por su escenario pasará hasta tres veces Love of Lesbian, la mítica banda de indie que anunció hace poco su retirada de los escenarios. "Sí, van a hacer tres noches seguidas a modo de despedida de sus fans", informa Martí. Otro que volverá este año es Tom Jones, el "Tigre de Gales" de 80 años que ya debutó en el evento en 2022 y repitió en 2024. "¡Es que lo dicen en el escenario!", recalca, por su parte, Martín. Se refiere a que la mayoría de los artistas que tocan aquí quieren volver, y este es uno de ellos. Ambos reconocen que la primera vez que le vieron fue espectacular. "Nunca me imaginé que estaría a ese nivel", repasa uno de ellos. Otro sobre el que pesan un montón de leyendas es Van Morrison, como que tras cada concierto tiene la costumbre y manía de irse a dormir a su casa en Belfast, Irlanda, lo que haría muy difícil de gestionar cada uno de sus bolos en el extranjero. "No, eso son habladurías", admite Martín. "De hecho, cuando vino el año pasado para tocar dos noches seguidas se alojó en Madrid otras dos noches más. El único problema que hubo es que el hotel estaba muy lejos". Van Morrison en una edición pasada de las Noches del Botánico. (Europa Press) Como reconocen los dos directores del festival, a los artistas se les puede ver sobre el escenario pero tan bien camuflados entre el público en los escasos 50 metros de pista que hay hasta las gradas. Muchos quieren quedarse a pasar la noche en los jardines y no regresar a sus hoteles, como sucedió con Almodóvar y Hawke. A Thom Yorke, cantante de Radiohead y The Smile, le maravilló el sitio. "Recuerdo que justo Metallica tocaban en otro recinto de Madrid esa noche y nos pidieron por favor si podían venir a ver The Smile", asegura Martí. Su compañero recuerda otro día que vio a Tim Robbins como parte del público. "Era un tipo altísimo, sobresalía entre la gente de la grada", relata. "Luego, supimos que actuaba en el Festival de Teatro Clásico de Almagro y había hecho una parada para venir al Botánico". "Muchos estudiantes preparan sus exámenes de fin de curso y debemos coordinarnos con las facultades para no molestar" ¿Cómo consiguen los dos directores año tras año una programación tan variada en cuanto a géneros y generaciones? "Nuestro mayor valor de marketing es el boca a boca", asegura Martín. "Apenas hemos invertido en anunciantes, pues corre la voz entre los artistas y el público. Obviamente, ha habido ediciones y conciertos que nos ha costado más llenar, por lo que sea. Pero por norma general, todo el mundo quiere venir al Botánico, ya sea a tocar o de público". Los directores comentan que muchos de los artistas de gran caché, como Bob Dylan, Jean-Michel Jarre o el propio Van Morrison, son a la vez los que llevan a cabo propuestas más minimalistas desde el punto de vista técnico. Nada que ver con los cuatro tráilers que desembarcaron el 20 de junio de 2024 en las inmediaciones del recinto horas antes del concierto de Queens of The Stone Age, la legendaria banda de hard rock de Josh Homme. Aquella velada fue histórica, demostrando que las Noches del Botánico podía mirar frente a frente a grandes festivales como el Mad Cool, no solo en cuanto a artistas y caché, sino también en cuanto a volumen e intensidad en los conciertos. "Esta es una zona conflictiva para los ruidos, muchos estudiantes están preparando sus exámenes de fin de curso y siempre tenemos que coordinarnos con las facultades de alrededor para no molestar", reconoce Martín. "Recuerdo la primera vez que trajimos a Metallica, que es una de las bandas con más volumen del mundo, muy al principio: la grada, al ser de partidos de tenis, retumbaba y hacía un ruido terrible". La actuación inalámbrica de David Byrne Otro de los conciertos que siempre los directores siempre recordarán fue el de David Byrne, líder de Talking Heads, ya que significó el pico de genialidad artística y vanguardia del festival. Ocurrió el 10 de julio de 2018 y el artista presentaba su disco American Utopia. El concierto se realizó en un escenario vacío, sin amplificadores ni cables ni pies de micro, tan solo cortinas plateadas. "Fue impresionante", menciona Martí. "Todo el concierto fue en directo, los músicos tocaban instrumentos inalámbricos e iban apareciendo tras la cortina. Fue algo muy espectacular y novedoso". ¿En algún momento han dudado o temido por la permanencia del festival? Obviamente, la época más dura fue la pandemia, aunque contaban con la baza de ser al aire libre, por lo que pudieron volver en 2021. Eso sí, con ciertos problemas. "Ese año fue complejo, la mayor parte de la programación fue de artistas nacionales porque los internacionales no podían desplazarse con normalidad debido a las restricciones o porque alguno de sus miembros daba positivo en coronavirus", cuenta Martín. Ramón y Julio, Martí y Martín, recordando anécdotas en el propio Jardín Botánico. (Vega Halen, cedida) En este sentido, recuerda que en el concierto de Nathy Peluso, el 11 de junio de 2021, que abría la programación de ese año, había tantos controles de seguridad que la gente empezó a llamarnos fascistas. "Además, se puso a llover, teniendo en cuenta que la mayor obligación era que el público permaneciera sentado", relata. "Pero nadie se puede quedar sentado si estás lloviendo. Al día siguiente, tuvimos problemas con la policía y estuvieron muy vigilantes para que se respetaran las medidas de separación individual entre la gente". Después de diez años, Martí y Martín reconocen estar más que satisfechos con la deriva del festival. "Hay artistas que no se pueden pagar", admite el primero. Cuando le mencionamos si se refiere a estrellas globales como Bad Bunny o Rosalía el director asiente. "El mercado se mueve muy veloz y cada vez hay más competencia y cachés". Ambos se muestran orgullosos de su producto en un contexto de burbuja festivalera que hace que haya muchas productoras y citas musicales en cualquier parte de España, más aún en la capital, Madrid. "Lo nuestro tan solo es echar la caña de pescar", concluye Martín.