OpiniónNecesitamos liderazgos que construyan sobre lo que nos une, que hablen de los problemas reales y no desde las trincheras ideológicas.26.05.2026 22:01 Actualizado: 26.05.2026 22:01 Hay una frase que los colombianos nos decimos cuando algo nos parece inaceptable: yo no dejo así. No es resignación ni tampoco revolución. Es algo más cotidiano y más poderoso, es la decisión de no normalizar lo que no debería ser normal. Estamos cerca de las elecciones presidenciales. Y esa frase nunca ha sido más pertinente.Vivimos en un país donde llamar a la EPS es un deporte de resistencia. Donde tener título universitario no garantiza llegar a fin de mes. Donde el sueño de independizarse se estrella con un arriendo que vale más que el sueldo. Donde salir de noche implica calcular riesgos que no deberían existir. Hemos aprendido a encogernos de hombros ante todo esto, a quedarnos callados, y eso también es una forma de dejar así.Pero hay algo más que hemos normalizado sin darnos cuenta, los discursos que nos dividen. Los que señalan enemigos en vez de soluciones. Los que alimentan el miedo para que no pensemos con claridad. Los que proponen un villano distinto cada semana para que no miremos las estructuras que nos mantienen sin salud digna, sin trabajo que alcance, sin futuro predecible. No cuestionar esos discursos también es dejar así.Y hay que decirlo sin rodeos, el agotamiento también es una estrategia. Hacernos sentir que todo está perdido, que todos son iguales, que para qué. Eso no es una conclusión a la que llegamos solos. Es un mensaje que se repite hasta que nos lo creemos. Hasta que nos quedamos en la casa. Hasta que dejamos que otros decidan por nosotros. El cinismo y la apatía son el resultado esperado de años de desencanto cultivado con propósito. Reconocer eso es el primer paso para no caer. El segundo es seguir actuando de todas formas.Colombia no necesita más líderes que gobiernen desde la fractura. Necesitamos liderazgos que construyan sobre lo que nos une, que hablen de los problemas reales y no desde las trincheras ideológicas. Un país fragmentado no resuelve sus crisis; las profundiza. Y hay candidatos que lo saben y lo aprovechan, y candidatos que lo saben y proponen algo distinto. Entender la diferencia entre unos y otros importa.La esperanza no es quedarse sentado esperando. Es ponerse de pie y hacer que las cosas pasen. Es ir a votar. Y para las mujeres importa el doble. Somos más de la mitad del electorado en Colombia: veintisiete millones de personas con el poder de definir qué dirección toma este país. Quién gobierna decide sobre el sistema de cuidado, sobre las condiciones laborales, sobre las políticas que determinan si podemos vivir con autonomía o seguimos sosteniéndolo todo sin que nadie lo reconozca. Ese poder no se puede quedar en la casa. No votar también es dejar así.Por eso lo que pido no es votar por alguien en particular. Lo que pido es votar con criterio. Desconfiar de las fórmulas mágicas. Preguntarse si detrás del eslogan hay un plan, si detrás de la promesa hay números. ¿Este candidato explica cómo va a mejorar el sistema de salud o solo dice que lo va a arreglar? ¿Propone soluciones para el empleo o propone enemigos a quienes culpar?Votar pensando en grande significa exigir respuestas reales a preguntas reales. La seguridad que se construye con política social y no solo con mano dura. La educación que abre puertas en vez de endeudarnos. La economía que permite vivir y no solo sobrevivir. Un país donde quepamos todos, donde las diferencias se procesen en el debate y no en la violencia.Sin acción colectiva no hay cambio, y sin esperanza no hay acción. La esperanza no es quedarse sentado esperando. Es ponerse de pie y hacer que las cosas pasen. Es ir a votar. Es llevar a alguien más. Es cambiar la conversación en la mesa, en el grupo de WhatsApp, en el grupo de amigos.Los momentos de cambio real en este país llegaron cuando la gente decidió que ya era suficiente y actuó en consecuencia. No mirando hacia otro lado. No dejándose convencer de que su voto no servía. No confundiendo el cansancio con una razón para quedarse quieto. Colombia no está perdida. Está cansada. Y la diferencia entre los dos es enorme.El 31 de mayo es uno de esos momentos. La voz es nuestra. Nos la ganamos. Y no la vamos a entregar. Ni a la violencia, ni al miedo ni al conformismo.En las urnas nos vemos.*Juliana Uribe Villegas es Co-founder y CEO de Movilizatorio (Lea a todos los columnistas de EL TIEMPO, aquí) Sigue toda la información de Opinión en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal. BOLETINES EL TIEMPORegístrate en nuestros boletines y recibe noticias en tu correo según tus intereses. 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