En el año 1866 Alfred Nobel logró dar con la fórmula exacta para crear la dinamita, un explosivo muy útil en una época de desarrollo del ferrocarril, que vino a sustituir a otros más peligrosos a la hora de efectuar voladuras.

Lo consiguió utilizando nitroglicerina líquida mezclada con tierra de diatomeas, un potente mineral absorbente. “La nitroglicerina explota por contacto. La mezcla con la diatomita (más específicamente con tierra de diatomeas) lo estabiliza y de ahí surgió la dinamita”, explica Pablo Higueras, catedrático de investigación minera en la Escuela universitaria politécnica de Almadén (Ciudad Real).

Hoy la industria utiliza materiales absorbentes más seguros y eficaces que la diatomita para fabricar dinamita, pero este elemento sigue despertando un gran interés comercial en todo el mundo.

El sur de la provincia albaceteña atesora la diatomita de mayor calidad de toda Europa (entre las de su mismo tipo, porque las hay de muchas clases), según los geólogos. El recurso minero se explota desde hace ya desde hace unos cien años en yacimientos lacustres (lagos o lagunas) entre Elche de la Sierra y Hellín, en minas a cielo abierto.

El origen de la primera concesión data de 1918, aunque los primeros desarrollos industriales son posteriores, primero con compañías españolas y después con multinacionales, hasta llegar al año 2005 con la implantación del gigante francés con sede en París, Imerys, a través de su filial Imerys Diatomita Alicante, S.A., tras un proceso de compra de Célite Hispánica S.A. que operaba en el lugar.