El histórico palacete de la calle Martínez Campos, en Chamberí, ha sido durante décadas una puerta de entrada a Madrid para la cultura británica. Por sus aulas han pasado generaciones de alumnos interesados en mejorar su inglés, tanto jóvenes como adultos, y estudiantes de familias adineradas que veían en la escuela un sello de prestigio. Sin embargo, ahora su imagen simboliza otras cosas: el repliegue del British Council. La institución británica, con proyectos culturales y educativos en todo el mundo, ha puesto en venta su icónica sede madrileña.

El edificio mezcla influencias clásicas y eclécticas. Tiene más de un siglo de historia y su diseño es del arquitecto Antonio Ferreras Posadillo, que lo inauguró a principios del siglo XX. En los años 50 pasó a manos del British Council, quedando grabado su nombre en el friso de la fachada; y ya en los 90 se sometió a una ambiciosa rehabilitación integral. Ahora su precio puede tasarse en millones de euros, lo que supone un gran filón en tiempos de vacas flacas. Recientemente, la cúpula de la institución anunció un plan de recortes que puso en venta sus propiedades y proyectaba una reducción considerable de la plantilla. Necesitaba reducir costes y obtener liquidez para saldar una deuda millonaria con el Gobierno de Reino Unido.