Visitar Liubliana es caminar dentro del sueño de Jože Plečnik, arquitecto que rediseñó su ciudad natal a partir de una mirada más visionaria que nostálgica, inspirada en las arquitecturas clásicas de Grecia, Roma y Egipto. El arquitecto Daniel Díez Martínez, crítico y profesor en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, explica así su trabajo en la capital de Eslovenia: “Jože Plečnik no imitó las formas clásicas, sino que las reinterpretó con libertad, apelando a su sentido alegórico. Reinventó el lenguaje de la Antigüedad como un repertorio propio, cargado de significado contemporáneo”. Para convertir Liubliana en una acrópolis eslovena, recurrió a su conocimiento, a su talento y a la orografía del lugar. Donde casi todo el mundo ve un castillo en lo alto de una colina, Plečnik imaginó una Asamblea Popular, un Parlamento que dibujó y que nunca se construyó. Su imagen, sin embargo, se ha estampado en sellos y en la moneda de 20 céntimos de euro. Algunas de sus obras se han convertido en algo más mítico y legendario que real. Proyectos oníricos de los que se pueden ver maquetas y dibujos expuestos en la Casa Plečnik, muy cerca del Gradaščica, afluente del Ljubljanica, el río que se abre en dos cauces al entrar en la ciudad: uno corre por el canal de Gruber, en dirección al monte Golovec; el otro lo hace hacia el centro de Liubliana. Ese doble cauce hace que se forme La Punta, un picudo lugar en el que hay espacios verdes y unas estructuras de madera habilitadas para sentarse o tumbarse. Justo al otro lado de La Punta, siguiendo el curso del río, se encuentran las Puertas Sluice. Esta presa de autor diseñada por Plečnik en los años treinta regula el nivel del cauce a su paso por la ciudad. Se compone de tres puertas decoradas con coronas y revestidas de roca; cada una de ellas luce columnas dóricas y jónicas y posee dragones y cabezas esculpidas. El entorno —acuático y verde— y el tipo de construcción evocan a un templo egipcio a orillas del Nilo. Esta especie de minipresa de Asuán está precedida por Cukrarna, una antigua refinería de azúcar reconvertida en centro cultural, y el Center Rog, una antigua fábrica de bicicletas que en el siglo XIX fue de pieles y cuero, reconvertida en un centro creativo dedicado a varias disciplinas artísticas. Jože Plečnik entendió el río Ljubljanica como un elemento más de la ciudad que diseñó para el uso y disfrute de sus habitantes y visitantes. Simeon Gönc, responsable de prensa internacional de Turismo de Liubliana, lo resume de la siguiente manera: “Sus diseños se han convertido en una parte indispensable de la vida diaria, así como en una fuente de orgullo para los liublianeses y en polos de atracción para los turistas”. Por el cauce del Ljubljanica se ve navegar embarcaciones cargadas de turistas. Por la ribera del río, entre La Punta y las Puertas Sluice, hay pequeños embarcaderos, playas, un mercado y puentes. Puentes que se cruzarán varias veces durante un día de paseo por la ciudad: el Puente de los Dragones, criatura que es símbolo de la ciudad; el Puente de los Carniceros, que ideó Plečnik hecho con piedra, techado y precedido por unas elegantes escaleras semicirculares que lo comunicaban con el embarcadero, pero que no se materializó y en su lugar las parejas de enamorados lo han atiborrado de candados. También el Puente de los Zapateros, un diseño consumado de Plečnik que antes fue de madera y que hacía las veces del lugar de trabajo de los zapateros. Sufrió inundaciones e incendios, por lo que tuvo que ser renovado varias veces. El arquitecto lo convirtió en un puente que funciona como una extensión de las plazas que hay a ambos lados del mismo. Los Tres Puentes o el Puente Triple es una de las obras más icónicas del arquitecto. Antes de que fueran tres, era uno de madera, que después se cambió por uno de piedra y al que Plečnik añadió otros dos. Los tres cuentan con balaustradas de piedra, columnas en las que colocó lámparas y escaleras en los dos puentes laterales que dan acceso al río. Una solución ingeniosa y funcional que conecta el casco antiguo, a los pies del castillo, con la parte moderna de la ciudad, precedido por la plaza Prešeren, en forma de pentágono rectangular. Entre el Puente Triple y el de los Dragones se encuentra el Mercado Central. Al ser obra de Plečnik es algo más. La planta del mismo se adapta al cauce del río y tiene dos alturas: la planta baja es cubierta, la planta de arriba da a la calle y en ella hay una galería con arcos y columnas en la que se suceden puestos de venta al aire libre. En el lado que da al agua hay ventanas semicirculares de aspecto renacentista. “Su capacidad para integrar lo urbano con lo natural ofrece un modelo convincente de vida y diseño sostenible”, cuenta Ana Porok, comisaria de la Casa Plečnik. Cuando no existían ni la palabra ni el pensamiento ecologista, el arquitecto concibió una ciudad para los peatones y pensada para caminarla. De ahí que los árboles para él sean tan importantes como las columnas y las escaleras, elementos los tres presentes en el parque Tivoli, donde Plečnik imaginó construir la Catedral de la Libertad. “Liubliana es una referencia por su capacidad para generar identidad a través de la arquitectura”, sostiene Daniel Díez. Eso es lo que hizo Plečnik desde el estudio que tenía en su casa, localizada fuera del casco antiguo (por el que solo circulan coches eléctricos, similares a los de un campo de golf), en el barrio residencial de Trnovo, donde diseñó los embarcaderos del Gradaščica o la playa de Liubliana, unos grandes escalones de piedra que siguen la curva que traza el curso del Ljubljanica, a la sombra de unos sauces llorones y que descienden hasta el agua. A esta playa fluvial se suma el puente de Trnovo, que cruza el mencionado Gradaščica y que da paso a la Casa Plečnik, un complejo compuesto por tres edificios: dos casas más el anexo cilíndrico que añadió el propio arquitecto. Ana Porok cuenta que esta casa no es en la que nació, sino en la que se instaló en 1921, año en el que regresó a su ciudad natal porque le contrató la Universidad de Liubliana como profesor. Antes estuvo en Italia, donde se enamoró de la arquitectura y el arte clásico de los griegos y los romanos; en Viena, donde estudió en su Universidad Técnica, bajo la tutela del arquitecto Otto Wagner, y en Praga. Regresó a Liubliana con el propósito de hacer de ella una ciudad bonita y habitable. Ese interés que tuvo en que resultara acogedora choca con el banco que hay en la entrada de su casa y que diseñó adrede para que resultara incómodo, colocándolo en la zona de la entrada descubierta y expuesta a las inclemencias del tiempo. A quien invitaba a sentarse ahí era a las visitas no deseadas. Su estudio parece que refleja parte de su personalidad. Estar allí es como estar en el útero en el que se gestó Liubliana. De allí se sale con la idea de que no embelleció la ciudad, sino que la dotó de una narrativa propia, donde cada puente, cada balaustrada o cada árbol plantado parece hablar de la relación entre el individuo y lo común. Plečnik diseñó edificios, puentes, monumentos conmemorativos y honoríficos, como el obelisco en honor a Napoleón y a las provincias lirias y el Memorial a las Víctimas de la Segunda Guerra Mundial; escaleras propias de palacios al aire libre, como la Gerber, custodiada por columnas con lámparas y con terrazas para el descanso y la contemplación de las vistas. Esta elegante escalinata comunica el río con la plaza del Congreso, en la que están la sede de la Filarmónica, la sede de la Universidad de Liubliana y la iglesia barroca de las ursulinas. De dicha plaza arranca Vegova ulica, una calle que Plečnik ensanchó, donde plantó árboles y en la que se suceden algunas de las principales instituciones culturales del país: la Escuela de Música, el primer instituto de Liubliana, la Universidad y la Biblioteca Nacional y Universitaria, que es obra suya. Se trata de un edificio de aspecto austero y poderoso en el que combinó el ladrillo y la piedra. Las ventanas del último piso parecen libros abiertos sobre una mesa. Jože Plečnik murió el 7 de enero de 1957 y está enterrado en el cementerio de Liubliana, en una tumba modesta. El arquitecto diseñó el anexo complejo funerario de Žale, un “Jardín de Todos los Santos”. Es cruzar la puerta metálica de acceso, custodiada por columnas, y se aprecia su mano en las capillas, en las pasarelas, en los pórticos, en los bancos, en la vegetación y en el color blanco del sitio. En la falta de vanidad y ego. Guía prácticaCómo ir. Iberia fleta vuelos directos en la temporada de verano. Fuera de la misma, hay que hacer escala.Dónde dormir. Grand Hotel Union Eurostars, un hotel situado a las puertas del centro histórico de Liubliana, a escasa distancia de la plaza Prešeren y el Puente Triple. Inaugurado en 1905, por aquel entonces fue el hotel más grande y moderno de la región. Formó parte del programa de reconstrucción urbana iniciado tras el gran terremoto del 14 de abril de 1895 que destruyó gran parte de las estructuras medievales de la ciudad. Diseñado en estilo secesión vienesa, el alojamiento fue un símbolo de progreso y elegancia. Durante las dos guerras mundiales, se convirtió en un refugio para figuras políticas y artísticas, y más tarde fue testigo de importantes eventos sociales y políticos de la posguerra. Cuenta con más de un centenar de habitaciones, dispone de un centro wellness en el rooftop, equipado con sauna y una piscina cubierta con vistas al castillo.Dónde comer. Koželj Wines, una tienda y bar en el que poder catar un vino local; Kodila Gourmet & Bistro Market, un restaurante de cocina local en el que se puede degustar un bograč, un guiso de carne tradicional esloveno; y Vodnikov Hram, con un menú de estofados y salchichas de todo tipo. Es recomendable probar la kranjska klobasa, la salchicha típica eslovena, y una rica versión del conocido gulash. De postres tradicionales tienen el prekmurska gibanica, un pastel en capas típico de la región de Prekmurje.Más información en la web Visit Ljubljana.
Caminando por Liubliana, el sueño monumental del arquitecto Jože Plečnik
El proyectista pensó más en el beneficio de los habitantes y visitantes de la capital de Eslovenia que en su fama. Una filosofía que se siente en su casa, el Mercado Central o los puentes y monumentos que ideó para su ciudad natal






