La Línea, esa ciudad futurista con la que Arabia Saudí quería deslumbrar (y seducir) al mundo, tendrá que esperar. Neom, la compañía del príncipe heredero Mohammed bin Salman, habría paralizado los trabajos en el proyecto de un billón de dólares hasta después de 2030. Los rénder de esta urbe de 170 kilómetros con rascacielos paradisíacos eran la postal definitiva del sofisticado futuro económico y geopolítico que soñaban (y prometían) los países del Golfo. No es un caso anecdótico. El fondo soberano saudí (PIF) anunció el fin de la financiación de la liga LIV Golf, en la que había invertido más de 5.000 millones de dólares en los últimos años, y los casi 300 millones comprometidos con la ópera de Nueva York. Riad ha cancelado el GP de Fórmula 1, el torneo de billar Arabia Snooker Masters, ha retirado su candidatura para los Juegos Olímpicos de Inverno de 2029 y el Mundial de Rugby de 2035 está en serias dudas. "Incluso en los niveles más altos del gobierno saudí se entiende que es necesario reconsiderar parte de la estrategia de desarrollo económico y que es necesario realizar algunos ajustes importantes. Hemos visto mucha más libertad para que los funcionarios saudíes comenten públicamente sobre reevaluaciones y nuevas formas de supervisión de diferentes proyectos", comenta Robert Mogielnicki, de la consultora de inversión Polisphere Advisory con sede en París, a El Confidencial. Tampoco es una estrategia nacional saudí. Es un fenómeno regional. De Emiratos Árabes Unidos a Qatar, los seis países del Consejo de Cooperación del Golfo están recortando y reordenando, en mayor o menor medida, sus multimillonarias inversiones de soft power. Un cambio de timón a la estrategia con la que, durante la última década, levantaron una sólida imagen de eficiencia, alto estilo de vida y poderío frente a las denuncias de abusos contra los derechos humanos en estas monarquías autoritarias y opacas. TE PUEDE INTERESAR Donald Trump ha roto el Golfo Pérsico. Puede que para siempre Enrique Andrés Pretel A. Alamillos Gráficos: Unidad de Datos Pero la guerra en Irán, de la que se convirtieron en inesperados objetivos colaterales, ha cambiado las prioridades en una de las regiones más ricas del mundo. "Existe una nueva urgencia por invertir en defensa e infraestructuras estratégicas. En este momento, el poder duro es más importante que el poder blando", apunta el también investigador no residente en el Instituto de los Estados del Golfo Árabe. Objetivo: blindar el Golfo Los países del Golfo han salido en tromba al mercado militar en búsqueda de todo tipo de defensas antiaéreas, sistemas contra drones y mucha munición. La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán ha marcado a fuego una región atrapada entre la espada y la pared —literalmente—. Las petrochequeras están preguntando por material disponible de inmediato en Corea del Sur, Ucrania, Reino Unido y Estados Unidos —misiles interceptores, interceptores de drones, radares, sistemas de misiles tierra-aire y sistemas de defensa de punto (que protegen objetivos concretos y cercanos, como buques, bases, instalaciones críticas)— y algunos están intentando acelerar los pedidos que ya están en marcha, según un análisis del Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés). Desde el pasado 19 de marzo, Estados Unidos ha aprobado más de 41.000 millones de dólares en ventas de armas de emergencia a los estados del Golfo. La mitad, destinados únicamente a interceptores de las baterías antiaéreas Patriot. Pero las monarquías del Golfo tendrán que ponerse a una cola en la que está el propio Washington a la cabeza. El Pentágono busca desesperadamente recuperar los inventarios gastados en los 40 días de conflicto (que ya habían desgastado con las operaciones militares en Irán y Venezuela de 2025), con alguna escasez estratégica. También los grandes pedidos de Israel, Ucrania y Taiwán, y la creciente demanda de Europa, están saturando las capacidades de producción y logística de los principales sistemas de armas estadounidenses. Esto ya está afectando a algunos clientes, que están sufriendo demoras en las entregas por la prioridad que tienen las necesidades del Departamento de Defensa norteamericano. "A pesar de esta actividad frenética, reabastecer los arsenales de los sistemas de armas más avanzados —como el sistema estadounidense Patriot de defensa aérea y antimisiles de largo alcance— no será fácil y (los países) necesitarán liberar rápidamente recursos adicionales en un contexto de presión económica", escribió Alberto Vidal, investigador asociado del IISS, en el reporte Desafíos para los Estados del Golfo: Rearmarse después de la guerra. "Los largos plazos de producción, los cuellos de botella en las cadenas de suministro, las limitaciones de mano de obra y la disponibilidad de materiales también dificultan los tiempos de fabricación", agregó el experto en industria militar de Oriente Medio. Una senda compleja Los países del Golfo ya eran uno de los mayores focos de compra de armas del último lustro. Su gasto militar combinado fue de 145.000 millones de dólares en 2025, un tercio más que en 2020, según estimaciones del SIPRI. Arabia Saudí es el principal comprador, con un presupuesto de defensa de unos 83.000 millones de dólares (el top 8 global), seguido de Emiratos Árabes Unidos (EAU), con 27.000 millones, y Qatar, con 15.000 millones. Hasta la fecha, Estados Unidos se llevaba más de la mitad de los pedidos de sistemas de armas, seguido de Italia y Francia, con en torno a un 10% de cuota de mercado cada uno. Pero los expertos apuntan a una voluntad de diversificación que hace que muchos jugadores en la industria de defensa global se estén preparando para una oleada de oportunidades adicionales que hará de esta zona un hervidero de compras, operaciones y acuerdos. Reino Unido incluso ha creado un grupo para gestionar y acelerar las exportaciones militares a sus aliados del Golfo. "Aunque los estados del Consejo de Cooperación del Golfo trabajaron para prevenir una guerra iniciada por Estados Unidos e Israel, al final se vieron en el frente de la escalada regional del conflicto. Como resultado, las capitales del Golfo están ahora incluso más determinadas a blindar sus instalaciones energéticas, su infraestructura y redes comerciales de futuros ataques", explica Dania Thafer, directora ejecutiva del Gulf International Forum, con sede en Washington, a El Confidencial. "Esto probablemente acelerará una cooperación más profunda con Estados Unidos y, en paralelo, una diversificación de las alianzas de seguridad para construir una defensa en capas más resistente", agrega la experta. Ucrania también aparece como uno de los potenciales socios de referencia. El presidente Volodímir Zelenski visitó la región en marzo, abril y mayo para firmar acuerdos con Qatar, Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos (EAU). Estos pueden abrir la puerta al diseño y fabricación conjuntos de capacidades manufactureras tanto en el país europeo como en Oriente Medio. Kiev también está en conversaciones con Bahréin, Kuwait y Omán. Pero esto no es una solución a corto plazo. Construir fábricas de sistemas militares y dotarlas del personal adecuado puede llevar varios años. Además, se encontrarían con los mismos problemas de cadenas de suministro y materias primas que las existentes (especialmente tras las restricciones chinas de 2023 y 2025 a la exportación de ciertos materiales clave). Mientras, la capacidad nacional está lejos de jugar un papel relevante. "Emiratos Árabes Unidos es el único país del Consejo de Cooperación del Golfo que está desarrollando sistemas de defensa aérea propios, pero los programas relevantes siguen en fase de desarrollo, algunos todavía en etapas muy tempranas", explica Vidal. "Incluso si algunos proyectos, como el interceptor de drones Shadow-3, llegan a la línea de producción y son desplegados sobre el terreno, lo tendrían difícil para competir con sistemas equivalentes ya probados en combate", abunda en su análisis Vidal, del IISS. Comprar es solo el primer desafío para los países del Golfo, recuerda el experto. Aunque puedan acelerar su rearme a golpe de talonario, una vez las armas estén en casa necesitan integrar estos sistemas en sus fuerzas armadas, crear los mecanismos de entrenamiento adecuados y ajustar sus doctrinas y posturas defensivas. No será de la noche a la mañana. ¿Y mientras tanto? Hacer la guerra por tu cuenta El poder geopolítico del Golfo está en vilo. El peso político y diplomático que va a asumir el hard power en los próximos años tiene como misión precisamente restañar la burbuja de la región: prosperidad económica, control social y seguridad estratégica. El conflicto ha mostrado los límites de la disuasión estadounidense y de las defensas antiaéreas operativas, que si bien lograron interceptar la gran mayoría de los ataques iraníes, no han podido evitar que se agriete la imagen de un oasis en el caos de Oriente Medio. "Ambos —principalmente Arabia Saudí, pero hasta cierto punto también Emiratos— ven a EEUU como menos digno de confianza. Esto se debe a que EEUU ha llevado a cabo toda la operación bélica con apenas un mínimo de coordinación y aportes tanto de Arabia Saudí como de EAU, especialmente al principio", dice Cinzia Bianco, analista especializada en la Península Arábiga y el Golfo del European Council on Foreign Relations (ECFR), a El Confidencial. "Así que querrán seguir diversificándose más allá de Estados Unidos buscando socios más confiables, pero conscientes de que nadie puede reemplazar a EEUU en lo que respecta a seguridad", prosigue. Mientras, una de las mayores incógnitas es hasta qué punto la amenaza externa podrá limar asperezas entre vecinos no siempre bien avenidos. Los expertos advierten que es complicado mancomunar una visión mancomunada sobre cómo lidiar con Teherán en el corto plazo; algunos pidiendo más mano dura, otros abogando por la diplomacia. "Las expectativas de que los estados del Golfo respondan a Irán como un bloque unificado son poco realistas. Son seis estados con sus propias estrategias, percepción de riesgo y prioridades. Aunque coinciden en que Irán es el principal desafío de seguridad a largo plazo, difieren en cuál es la mejor forma de manejarlo o contenerlo", apunta Thafer. "Pero, a pesar de estas diferencias tácticas, el conflicto probablemente generará una mayor convergencia sobre el objetivo común: disuadir a Irán. El hecho de que la defensa de todos los estados del CCG dependan en gran medida de los mismos aliados occidentales podría acelerar una coordinación regional en áreas como defensa de misiles, sistemas de alerta temprana, intercambio de inteligencia y operaciones conjuntas de intercepción de amenazas", adelanta la experta. Es decir. Primero los Patriot, después la ópera.